viernes, 24 de septiembre de 2010

Ramón


He escuchado la voz de Ramón Barce, grabada en uno de los congresos sobre música contemporánea que organicé en Valladolid hace varios años.
Qué sencillo era marcar su número de teléfono y tener a Ramón al otro lado, siempre ingenioso y brillante, con las palabras precisas y una bondad que ahora recuerdo, como cada día desde que murió. Qué maravilla tenerle cerca, sentir la amistad auténtica de un hombre irrepetible, generoso y sabio sin límites ni petulancia.
Cada vez que tocaba su música allí estaba Ramón, en las primeras filas; allí estaba Ramón, sin excusas jamás, en La Coruña, en Barcelona, en Córdoba, en Valladolid... allí estaba con su inseparable Elena, con su inolvidable sonrisa, con las frases exactas y esos silencios tan suyos, tan elocuentes. Porque Ramón, a diferencia de la mayoría, pensaba antes de hablar, se tomaba muy en serio las palabras y a sus interlocutores.
Recuerdo nuestras conversaciones mientras disfrutábamos de una comida que él tardaba tiempo y tiempo en elegir. Leía la carta y analizaba los nombres de los platos, riéndose ante las denominaciones más o menos extravagantes... y seguía indeciso, hasta que Elena -compañera y médico- lo resolvía.
Comentaba una idea de Schönberg y, acto seguido, contaba un chiste o hacía una broma. Cuánto nos reíamos juntos... Una vez, en la Rambla, me dijo entre carcajadas: "Oye, no bebas más que se te está poniendo la cara borrosa".
Qué pena su muerte, qué inagotable vacío desde ese día de 2008 que nos dejó sin él.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Zamora

Ayer di un concierto en Zamora. Me acompañó Álvaro y allí encontramos a unos cuantos amigos que lo llenan todo de alegría.

martes, 21 de septiembre de 2010

El huerto deseado

Conocí a Tomás Rodríguez Reyes gracias a Trópico de la mancha, el blog de un verdadero apasionado de la literatura.
He leído hoy su primer libro de poemas: El huerto deseado.

"Cuanto fuera posible / en un instante cabe, / como cabe la vida / en el verbo decir."

miércoles, 15 de septiembre de 2010

León




















Ayer fui con Luis García Vegas a León para unos asuntos relacionados con el Ciclo Chopin-Schumann, y pudimos recorrer un buen número de las maravillas que acoge esta ciudad.
Por último, asistimos al concierto de Edward Wolanin, excelente pianista que ofreció un monográfico de Chopin. En la sala conocí personalmente a Raquel del Val, después de mucho tiempo de conexión cibernética.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Ha nacido Laura

Esta preciosidad es mi sobrina. Se llama Laura Fernández Alfageme y esta madrugada ha nacido en Valladolid.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Educación

El absurdo al que se ha llegado en el ámbito educativo tiene difícil superación... pero diariamente se supera. Una persona por la que siento un gran cariño me dijo hace poco, en síntesis, lo siguiente: no permitir que un alumno lleve en clase una camiseta con la imagen de Nacho Vidal desnudo, ni dejar que se siente en la banqueta del piano con los pantalones a la altura de la rodilla, supone "coartar su libertad". Me quedé atónito. Ella es una mujer que educa a sus hijos, les enseña a comportarse -¿no coarta su libertad cada vez que impide su actuación "espontánea" ante otras personas?- y, por si fuera poco, me encontraría muy tranquilo si mi hijo viviera con ella. Sé que estaría en las mejores manos. Entonces, ¿por qué esa contradicción?
Convertir a niños y adolescentes en caprichosos individuos cuya única obligación es "pasárselo bien" y hacer lo que les venga en gana es un gigantesco error que los incapacita para vivir en una sociedad respetuosa, porque sólo el respeto articula y hace habitable una comunidad de seres humanos realmente libres. Un adolescente ha de saber que no puede comportarse igual cuando se divierte con sus amigos que cuando está dentro del aula y también ha de saber que todos interactuamos con todos, por tanto, de la misma forma que tiene derechos, también tiene deberes. Convertir la escuela y el instituto en un remedo de Los mundos de Yupi es el peor sistema para que lleguen a ser verdaderos ciudadanos. Un estrepitoso fracaso les espera en cuanto se enfrenten al mundo y comprueben que no es lo mismo hacer las cosas mal o bien, que ya los padres no sirven como abogados permanentes que los eximen de toda responsabilidad. (Javier Urra contaba el caso de un adolescente que, al escuchar cómo el juez le condenaba a ser internado en un centro especial, le respondió: "Sí, porque tú lo digas". La existencia de unas normas -que él debía cumplir- le resultaba sencillamente inconcebible).
No debemos olvidar que esto se extiende -y es lo más grave- a los propios contenidos y criterios evaluadores del sistema de educación, ya que forma parte del mismo problema. ¿Cómo puede asombrarnos si hemos sufrido legislaciones que señalaban, por ejemplo, barbaridades como que "a partir de la aplicación de la ley, el error no será considerado ya como un defecto, sino como la expresión auténtica del dinamismo subyacente del alumno"? Eso es, para los estudiantes y para el conjunto de la sociedad, un colosal fraude. Y lo es, sobre todo, para quienes disponen de menos recursos, ya que su progreso se ha de basar en el mérito. Quien no tiene posibilidades para desarrollarse gracias al patrimonio o influencia de su familia, quien ha de estudiar en la universidad más próxima a su domicilio porque sus padres no disfrutan de posibilidades económicas, está siendo engañado por aquéllos que debieran protegerlo y, sin embargo, le instan a que dirija su vida por medio de impulsos y antojos, sin advertirle de que esa actitud le dejará indefenso y vulnerable.
¿Cómo hemos llegado a esto? Es muy difícil dar una respuesta. Creo que se debe a múltiples factores pero, a mi modo de ver, la falta de arrojo para denunciar y corregir esta lamentable deriva se sustenta en un miedo: dar la impresión de tener un criterio trasnochado o retrógrado. Conozco a quienes prefieren aparecer como cualquier cosa imaginable a ser calificadas, aunque sea sin ningún fundamento, como reaccionarias. Y lo peor de todo es que no hay nada más reaccionario que limitar las posibilidades de los que menos tienen y, por consiguiente, más necesitan de una infraestructura pública, sólida y eficaz.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Asesinatos matemáticos

Es asombroso que los números, omnipresentes en la vida común, causen tantos problemas en su aplicación práctica y cotidiana a una gran mayoría de personas. Abrimos un periódico y lo encontramos lleno de cálculos, estadísticas, porcentajes… que son, muchas veces, engañosos o erróneos. El matemático Claudi Alsina ha publicado un libro que lleva el título de Asesinatos matemáticos. En él se recogen, comentados con la habitual ironía del autor, multitud de ejemplos que, como afirma el subtítulo, “serían divertidos si no fuesen tan frecuentes”.

domingo, 22 de agosto de 2010

Denia

Hemos pasado en Denia esta semana con dos objetivos: descansar y que Pablo disfrutase de la playa.
Pablo ha disfrutado mucho, sin duda, pero nosotros no hemos descansado nada... No ha hecho más que correr, emulando las persecuciones de sus ídolos Tom y Jerry, escondiéndose ante cualquier despiste en un "lugar seguro": ascensores, coches o tumbonas...
Como
revancha, ha visitado los museos Arqueológico y Etnológico, el Castillo y, cuando tuvimos un pequeño arrebato de mala conciencia, el Museo del Juguete.

lunes, 16 de agosto de 2010

Medina de Rioseco

El viernes, cumpleaños de mi hermana Alicia, di un concierto en Medina de Rioseco.
Siempre es emocionante tocar para tantos amigos, para tantas personas con las que comparto este lugar maravilloso.


(Álvaro me hizo esta foto en el camerino)

lunes, 2 de agosto de 2010

La profundidad del tiempo

La profundidad del tiempo es un libro en memoria de Julio Valdeón Baruque, con un amplio número de colaboraciones que ponen de manifiesto su gran talla como historiador, extensamente reconocida dentro y fuera de nuestro país. También, el afecto que supo despertar entre quienes tuvieron la fortuna de conocerle, y su incansable ánimo para difundir las ideas de los otros en importantes proyectos editoriales. Una trayectoria profesional y humana que nunca olvidaremos.
(La edición ha corrido a cargo de sus amigos Fernando Manero -que también lo es mío- y Domingo Sánchez Zurro)

jueves, 29 de julio de 2010

Tocar los libros

Leo Tocar los libros, de Jesús Marchamalo, y anoto este fragmento: "Me contaron de Cortázar una historia fantástica; la de esa biblioteca deshojada, volandera, en Italia. Viajaba con su mujer, Aurora, a mediados de los años cincuenta, en tren, y para no cargar con equipaje innecesario acostumbraban a comprar libros en las librerías de las estaciones, para los trayectos. Compraban un título que leían juntos, en general primero Julio, que cuando terminaba una página la arrancaba y se la pasaba a Aurora, sentada a su lado, que cuando acababa de leerla la arrojaba por la ventanilla".

lunes, 19 de julio de 2010

Tarrasa y Barcelona


El jueves di un recital en el Auditorio de Tarrasa.
Poco antes, participé en una mesa redonda junto a Jacobo Durán-Loriga, Enric Ferrer, Armand Grèbol y Albert Sardà, dentro del Curso de Música Contemporánea, que alcanza este año su vigésima edición.



Después, Álvaro y yo hemos estado tres días en Barcelona, disfrutando de la ciudad -y sufriendo las altas temperaturas- con Cati y María-José Santos; con Francesc Mitjana y Josep Soler.
Por fin, pude conocer personalmente a Nuria Casellas, autora de los bellísimos versos sobre los que Josep compuso sus
Cuatro estudios-poemas.

martes, 13 de julio de 2010

jueves, 8 de julio de 2010

El nudo de la pérdida

La revista Cuadernos del matemático publica una preciosa reseña de Luis-Ángel Lobato a mi segundo libro de diarios:

En abril de 2005, el músico y escritor nacido en Medina de Rioseco (Valladolid) Diego Fernández Magdaleno nos sobresaltó con la publicación de su diario, corres­pondiente al año 2004, El tiempo incinerado. Ahora, de la mano de la misma editorial, que con tanto acierto y delicadeza dirige el querido poeta y editor Luis Felipe Comendador, aparece Razón y desencanto, nuevo diario que abarca los años 2005 y 2006.
La raíz última de este diario —del que comentaré tres o cuatro ideas que me obsesionan, dejando para los lectores la trama— es la necesidad de ser escrito. En esa urgencia está su finalidad. Se trata de un libro obligato­rio, ya que supone un ajuste de cuentas del autor con el entorno, el suyo propio y el de los seres queridos con los que convive. Más aún; con el mundo en el que habita, que adquiere trascendencia porque subsiste algo que llamamos música, pintura o literatura; también hospi­tales, dolor y enfermedad; incluso los rescoldos de una pasada placidez.
En marzo de 2005 muere Diego Fernández Piera, su padre, uno de los hombres más dignos que yo he cono­cido, quien sabiendo de su propia enfermedad, nunca le faltó un gesto de ánimo hacia mí, hacia mis futuros ver­sos. Esa misma dignidad es la que recorre todo el libro de su hijo Diego; también el apremio imposible de recupe­rarlo: "Renunciaría a tener hijos si con ello lograra que él estuviera aquí. Sin duda. No hay compensaciones entre seres humanos". Es entonces cuando la misma realidad se desvanece y se afinca el nudo silencioso de la pérdida, que deambula entre habitaciones y corrales, a través del reflejo de las calles y ensombreciendo rostros asustados. Yo, como lector -y mi amistad con Diego se cuenta por decenios—, quedo atrapado y admirado por el her­videro de lecturas, citas y nombres que convergen, sin piedad para la ignorancia, en las páginas de su libro. Y se lo agradezco: no lo hace para recrearse en su cultura enciclopédica, sino que esos autores, poemas y partituras remarcan la desolación de su circunstancia y él los con­vierte en supervivencia, en esa entereza que luego, con generosidad, comparte con los amigos.
Después de dos intensas lecturas, diría que estarnos ante un libro sobre interrogantes, sobre ciertas incógni­tas de la vida y de un hábitat que late, al fondo de los días, como una locomotora incansable: el porqué de la muerte y del vacío que nos penetra tras su retirada, del inhumano orden de la Historia, de la oligarquía de dos partidos políticos —esto es cosecha mía, pero imagino que Diego me lo aceptará- o de un sistema educativo que ningunea a genios como T. S. Eliot, Richard Estes o Arnold Schönberg.
Transcurren los meses y las aguas negras del tiempo no sepultan —nunca lo harán- las ruinas del dolor y hacen absurdos e insoportables los acontecimientos que otros se toman —con alegría— a vida o muerte: demostrar ser más de izquierdas que los demás, creerse en posesión de las claves de la economía de occidente o aparecer orgulloso con un horrendo relato en una recopilación sin ni siquiera haber participado en el certamen. Pero no siempre esto sucede; a veces se congela el desconsuelo, durante un par de horas, en momentos íntimos y senci­llos: el café con unos compañeros, las charlas informales sobre cine o literatura, los encuentros imprevistos en una librería, los viajes familiares, los conciertos...
El sábado, 2 de septiembre de 2006, nace Pablo, el hijo de Diego, el nieto de su padre Diego. Ante el ama­necer de otra vida, quizás con una nueva música en los ojos, nuestro autor, artífice también de un brutal y pre­monitorio poemario que le persigue por la sangre, titula­do Libro del miedo, escribe el 31 de diciembre de 2006: "Mi padre. Esta imagen que sueña con dejar el invierno suspendido en la luz". Y así, sin concesiones, concluye, como una losa en el cerebro, este duro y milagroso diario.

lunes, 28 de junio de 2010

Madrid

Luis García Vegas y yo hemos pasado la mañana del sábado en casa de Nona y Guillermo González.
Guillermo es un pianista que reflexiona constantemente sobre su trabajo. Su conversación se remite siempre a lo esencial, a esos aspectos que sólo una inteligencia como la suya puede percibir, para desmenuzarlos luego ante el interlocutor con una claridad portentosa.