Mostrando entradas con la etiqueta Václav Havel. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Václav Havel. Mostrar todas las entradas

domingo, 9 de septiembre de 2012

¿Volver a empezar?


Esa ilusión de dividir el tiempo: pensar que comienza otro capítulo donde los errores puedan corregirse, junto al deseo de que una esperanza, mayor o menor fundada, se disuelva entre los números de un calendario que va sucediéndose, implacable, en el intento de aportar un orden y, con él, un espejismo de tranquilidad.
El nivel de incertidumbre necesita un equilibrio, ya que su descompensación tiene efectos inmediatos: cuando ese nivel es mínimo, aparece el hastío; cuando es elevado, todo se tiñe de angustia y miedo. Podemos aplicarlo a cualquier ámbito y, por supuesto, a nuestra propia vida, que necesita referencias ya experimentadas, imprescindibles para sentir cierta seguridad, pero también, de forma inseparable, precisa del estímulo de lo desconocido que alimenta la pasión por descubrir y llevar más lejos ese horizonte inicial con el que nunca tenemos que conformarnos.
No es fácil encontrar en las últimas décadas un nivel de incertidumbre tan alto como el de este curso que ahora comienza. Parece que ha pasado a ser provisional incluso aquello que considerábamos consolidado e inamovible: los cimientos de un concepto específico de sociedad. Las gravísimas consecuencias de la crisis no sólo dejan sin respuestas –creíbles, al menos- a buena parte de quienes tan brillantemente analizan por qué erraron en cada uno de sus diagnósticos previos, sino que ha desplazado las preguntas esenciales sobre el lugar que ocupa el ser humano en una actividad política que lo ha excluido -o al menos lo empuja- del centro de sus preocupaciones para transformarlo en un factor secundario, muy lejos de esa idea que expresó Václav Havel de un modo tan bello y sintético: ética puesta en práctica.  

(Publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 2 de septiembre de 2012)

jueves, 18 de septiembre de 2008

Havel y la muerte

Václav Havel, sobre la muerte, en Sea breve, por favor:

Nunca he intentado suicidarme, pero llevo toda la vida pensando en la muerte. Y a medida que pasan los años, pienso mucho más en ello. No sólo porque envejezco, o porque varias veces he mirado a la muerte de frente desde la cama de un hospital, sino sobre todo porque poco a poco me van abandonando mis seres más cercanos: mis padres, mi mujer, mis amigos. Es imposible no pensar en la muerte. Yo me preparo para mi propio fin de un modo un tanto burocrático: quiero dejar las cosas en orden. Por ello, entre otros motivos, me he ocupado de la edición crítica de mis Obras completas: es como si quisiera tener bajo control lo que quedará de mí. Eso no deriva sólo de mi amor al orden: ¿quién, tras la experiencia de la muerte de sus seres más cercanos y después de que la muerte se elevara incluso sobre sí mismo, no pensaría en su testamento y en disponer de forma sensata su legado? Antes estaba claro. No puedo descartar que, inconscientemente, quisiera seguir a Olga o que a menudo haya tenido la sensación de que me llama a su lado.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Un hombre sin patria

Al terminar de leer Un hombre sin patria, encuentro un texto de Václav Havel en el que se refiere a Estados Unidos, publicado en su último libro, Sea breve, por favor: "Hay algo más que me fascina: esta gente ama a su país". Es cierto que los norteamericanos tienen una relación con los símbolos y una exaltación patriótica cuando menos sorprendente para un checo o un español actuales. Pero las voces más críticas al sistema proceden también de la misma sociedad. Un ejemplo es Kurt Vonnegut y esta obra, Un hombre sin patria, en la que describe con un gran sentido del humor aspectos relacionados con la literatura y la contemplación de su vida desde la vejez, hasta las políticas de la Administración Bush y las complicidades de todos los que las han avalado con sus palabras o sus silencios.
Cita a George Bernard Shaw, a modo de resumen: "Yo no sé si hay hombres en la Luna pero, si los hubiera, seguro que utilizaban la Tierra como manicomio".