domingo, 9 de junio de 2013

Sornabique Solidario

Se suceden con tal rapidez los hechos y alcanzan ya un tamaño las mentiras que la sociedad no puede absorber más que atragantándose las noticias y análisis políticos ante un panorama desolador, con millones de personas atenazadas por el pánico a no encontrar un trabajo y otros millones aterrados por la posibilidad de perderlo. Casos que en otras circunstancias habrían llevado a una dimisión inmediata son arrollados y lanzados al olvido, incomprensiblemente, por la llegada de nuevos escándalos ante los que una multitud de ciudadanos muestra sólo resignación e impotencia, como si vivieran una catástrofe inevitable.
Qué difícil es sentir la libertad cuando todo alrededor segrega miedo. Y crece el egoísmo, ese silencio espeso que nos aleja del sufrimiento de los demás. En un contexto así aumenta nuestra admiración, nuestro reconocimiento hacia quienes, también afectados por la crisis, siguen colaborando activamente en la mejora de las condiciones de vida de muchos seres humanos que no conocen ni conocerán nunca.
Un gran ejemplo es el poeta Luis Felipe Comendador, al que me presentaron hace casi veinte años en Béjar, la ciudad donde siempre ha vivido: no puedo separarle de ese paisaje en el que van naciendo sus excelentes libros y dibujos –el último de ellos, Por lo menos estás vivo, junto a Hugo Izarra-, sus esfuerzos para difundir la literatura a través de publicaciones, conferencias y recitales, esa pasión noble y generosa que le llevó a fundar Sornabique Solidario, una organización que desarrolla proyectos de primera necesidad en varios países.
Una esperanza que nos ayuda a ver caminos abiertos en este mundo insensible y hostil, alzado sobre la avaricia y la indiferencia.

(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 9 de junio de 2013) 

sábado, 8 de junio de 2013

Miranda de Ebro


Toqué el jueves en Miranda de Ebro el programa-homenaje a Jordi Savall. Antes tuve un encuentro con profesores y estudiantes de música que me produjo una enorme safisfacción. 
Gracias a ellos, a los organizadores y a todo el público por su cariñosa acogida. 


domingo, 26 de mayo de 2013

Sentados o de pie

La emoción de recibir un nuevo libro, una partitura que aparece de pronto, una grabación o una película deseadas largo tiempo, se renueva cada día: no se deja rozar por el hábito de lo cotidiano que apaga los sucesos repetidos, incluso aquellos más excepcionales. Veinte años hace ya que llegaron a mí los cinco primeros volúmenes de colección Cortalaire, editada por la Fundación Jorge Guillén bajo la dirección de Antonio Piedra, y aún puedo evocar nítidamente esa hermosa sensación de los libros en las manos y el impaciente deseo de su lectura.  
Tantas devastaciones, el primero de ellos, era también el poemario inaugural de José Jiménez Lozano; Habitación en Berkeley, de Luis Díaz Viana, de quien leía artículos –sigo haciéndolo con muchísimo interés- a los que desde ese momento se incorporó su obra poética; después Luis Alonso, LuisÁngel Lobato y Eduardo Fraile, autores respectivos de La música del tiempo, Galería de la fiebre y Cálculo infinitesimal, que sumaban a la admiración sentida por Jiménez Lozano y Díaz Viana, el don maravilloso de la amistad.
Cortalaire alcanza su número setenta y cuatro –cuánto camino- con una antología titulada Sentados o de pie, que presenta en grupo a nueve poetas. Luis Santana, Carlos Medrano (versos de ambos me llegaron a través de Luis Ángel Lobato en Galería de la fiebre), Luis del Álamo, Javier Dámaso, Mario Pérez Antolín y los que iniciaron la serie, con la lógica excepción de Jiménez Lozano por motivos generacionales.

Aunque provengan sus autores de un tiempo y un espacio similares, se refleja una variedad muy rica y atractiva: esa diferencia que la voz de la poesía tiene al manifestarse y crecer entre los versos que nos la entregan. 

(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 26 de mayo de 2013)

domingo, 19 de mayo de 2013

El experto ignorante


Sólo las grandes personalidades han mostrado siempre, junto al análisis racional de los datos, una preocupación por los seres humanos que estaban detrás de esas cifras. Constatamos, en más ocasiones de las que quisiéramos, una enorme divergencia entre lo que sucede y el relato que escuchamos a numerosos dirigentes políticos. Y no porque haya muchos mundos en el mundo –que los hay, y esa variedad es su mayor riqueza- sino porque se percibe una insalvable distancia al comparar el análisis de los objetivos y resultados y las consecuencias personales que se derivan de ellos. Hay casos en los que ya ni se puede medir la separación entre lo que dicen unos y lo que sufren otros.
Hace unos días he podido escuchar con verdadera tristeza el testimonio de un parado que pertenece a una de las asociaciones que han ido surgiendo en Castilla y León. Aparte de la impotencia que sufría, la incertidumbre ante su futuro y la angustia en la que cristalizaba lo anterior, percibí en sus palabras ese desconcierto debido a la absoluta lejanía de una parte significativa de la vida política oficial y la de un abrumador número de los ciudadanos. Hizo referencia a esa incomprensible abundancia de “asesores” que tienen como única sabiduría la de estar cerca de una estructura de poder que les da todo tipo de cobertura. Esa es una forma de corrupción gravísima y ampliamente asumida. Él insistía en la imagen de personas bien preparadas, de formación rigurosa y horizonte desolador, en contraste con la lectura frecuente de noticias que nos informan de un nuevo caso de “experto ignorante”.  
Un oxímoron que, además de factores económicos negativos, produce una gigantesca inflación de rabia y desaliento. 

(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 12 de mayo de 2013) 

domingo, 28 de abril de 2013

Música para Gabriel


Aunque convivan a lo largo de muchos años con nosotros, hay personas que se hacen indisociables a una etapa precisa de la vida y resulta casi imposible construir su narración lejos de su presencia determinante.
Gabriel Pellitero se encontraba muy enfermo. Tanto que sentíamos la inminencia de su muerte, de esa despedida que transforma el mundo del que formábamos parte: el final del mundo, en palabras de Jacques Derrida, “como totalidad única, por lo tanto irremplazable y por lo tanto infinita”.
Recorro mi infancia y juventud, el color del verano sobre las eras y los parques de Medina de Rioseco que enmarcaban los juegos en un tiempo sin orillas. Si queremos saber quiénes estaban allí o no, basta con evocarlos y comprobar si su recuerdo proyecta esa luz idéntica, recién nacida siempre, inalterable.
Don Gabriel fue párroco de Rioseco durante más de medio siglo. Suficiente para ser testigo de toda felicidad y de toda tristeza. Ofició la boda de mi padre en 1970 y su funeral en 2005. En el mismo lugar de Santa María, la iglesia en cuyo órgano descubrí la inagotable hermosura de las músicas compuestas por Cabezón, Correa o Cabanilles. Las escucho ahora, mientras se alejan los ruidos de lo prescindible y sólo permanece esa armonía que desearíamos traer hasta nosotros y habitar en ella.
Conservo la imagen de don Gabriel en su despacho, rodeado de libros que suscitaban mi atrevida curiosidad: colocados juntos los que servían como registro de nacimientos y los que consignaban las defunciones. Entre esos volúmenes latían las serenas fuentes y las verdes praderas que él me mostraba en los Salmos.
Y hacia ellas caminó firme y seguro: convencido de que iba a disfrutarlas eternamente.

(Publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 28 de abril de 2013)

domingo, 14 de abril de 2013

Caminar juntos


Llega la carta de un gran amigo que suma a su talento como escritor una sutil capacidad para el análisis político. En el texto detalla sus últimas lecturas y, como es muy amable, se extiende sólo en las que supone interesantes también para mí: en primer lugar, y con mayor extensión, El refugio de la memoria, de Tony Judt; después, Hitch-22, las memorias de Christopher Hitchens,  y por último, La bicicleta del panadero, de Juan Carlos Mestre, un poeta que mi amigo y yo no hemos dejado de leer desde su conmovedora Antífona del otoño en el valle del Bierzo. Pero no son Judt, ni Hitchens, ni Mestre el motivo central de su texto, sino lo que señala como “esa corriente tan extendida de buscar lo peor de todo y de todos, que hace insoportable el hecho mismo de abrir el periódico o escuchar la radio en un mundo del que no se reconoce virtud alguna”. Coincidimos en la idea de que un cierto espíritu centrado en lo mejor de las personas ayuda a su avance. Al menos de un modo parecido al que Fernando Birri mostraba en su intento de explicar la utopía: consciente de que ésta iba alejándose en la misma medida que él iba avanzando, concluyó que la utopía servía para eso: para caminar.
Nos recuerda George Steiner que “los hombres son cómplices de aquello que les deja indiferentes”. Por eso el optimismo tiene que estar sustentado en el amor a los demás, no en una actitud vacía, basada tantas veces en la ignorancia, la omisión o el desprecio de los problemas que no sufrimos en primera persona y que, vistos desde la distancia, parecen menos importantes que las nimiedades agrandadas sin límite por puro narcisismo. Y nunca, en ninguna circunstancia, debemos hacer invisibles a quienes sufren.  

lunes, 1 de abril de 2013

Música y educación


Estoy seguro de que Ángeles Porres Ortún ha vivido muchas emociones en las aulas. Su modo de entender la educación, con las implicaciones personales que conlleva, producen hermosos frutos, merecedores por sí mismos de cualquier esfuerzo. Uno muy especial, sin duda, se produjo cuando un alumno ciego, al término de una de las clases, le expresó este deseo: “¡cuánto daría yo por ver tu cara!”, que manifiesta la gran sensibilidad pedagógica de la persona que tenía frente a él.
Ángeles Porres ha ingresado en la Real Academia de Bellas Artes de Valladolid con un discurso dedicado, naturalmente, a la música en la educación, donde recorre la importancia otorgada a la música en el devenir de la historia, uniéndola y relacionándola con otras disciplinas en un arco que sufre tensiones abundantes y complejas como ocurre en ese constante diálogo entre un contenido concreto y su inserción en un época determinada. Junto a ello, esa voluntad irrenunciable de acercar el hecho musical a todos, no sólo a compositores, intérpretes o investigadores.
Ángeles Porres Ortún -mi querida Angelines-, ha estado esperándome en muchos lugares, extendiendo ante mí las generosas manos de la cordialidad y la delicadeza. Por eso, al darle la bienvenida en nombre de la Real Academia de Bellas Artes, sentí mezcladas la ilusión y la sorpresa, al ser yo quien la estaba esperando, por primera vez. Forma parte de nuestra institución académica una gran profesora, una mujer de cualidades extraordinarias que están sostenidas y alentadas por una bondad sincera, por un contagioso espíritu que favorece la cooperación y el entendimiento, en la certeza de que el saber y el amor tienen por delante un camino infinito. 

(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 31 de marzo de 2013)

sábado, 30 de marzo de 2013

Valladolid


El pasado 21 de marzo tuve el honor de contestar el discurso de ingreso de Ángeles Porres en la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción de Valladolid.


domingo, 17 de marzo de 2013

Tres años sin Delibes


Miguel Frechilla acostumbraba a colocar un adhesivo rojo a las publicaciones en las que aparecía. Era común, por razones obvias, verlos brillar en libros o revistas musicales, pero también los recuerdo en obras de Francisco Javier Martín Abril o Antonio Corral Castanedo, a quienes leía –igual que a tantos otros- por indicación de Miguel. Una tarde, al buscar nuevos textos para esa semana encontré Un año de mi vida, de Miguel Delibes, adornado por el inconfundible círculo. Frechilla me hablaba con admiración y afecto de un hombre considerado ya como uno de los grandes escritores contemporáneos, y me mostró el comentario en el que le citaba.
Años atrás, había publicado la revista del colegio San Buenaventura de Medina de Rioseco un comentario mío sobre Tres pájaros de cuenta. Esas impresiones infantiles me producían el cariño especial que se siente hacia lo nunca repetido. Por eso, cuando Frechilla me presentó a Delibes y le mencionó esa anécdota, sentí un efecto simultáneo de pudor y emoción. En aquel momento conocía un buen número de novelas suyas, pero no me atreví a decírselo. No dije nada, creo. Delibes hablaba con una riqueza y una precisión léxica deslumbrantes. Le escuchaba atónito y maravillado, intentando que mi memoria retuviera la experiencia de escuchar una voz que hasta entonces me había llegado sólo a través de la lectura.
En otros encuentros posteriores, acompañado por Frechilla o por Félix Antonio González, sí mencioné a los personajes de sus novelas que sentía más cerca de mí, de ese mundo durísimo en ocasiones, donde los seres humanos y su paisaje se esculpían mutuamente forjando una pasión rigurosa y profunda que muchos no podemos separar de sus palabras. 

(Artículo publicado el El Mundo, edición de Castilla y León, el 17 de marzo de 2013)

jueves, 14 de marzo de 2013

Valladolid



El pasado viernes toqué en la capilla del Museo Nacional de Escultura. Teresa Catalán presentó el concierto. 


Con Teresa Catalán, Carme Fernández-Vidal y María Bolaños


Crítica de Emiliano Allende en El Norte de Castilla

viernes, 8 de marzo de 2013

Un espacio común


Conozco a quienes se dedican a la política por una voluntad de participación activa dentro del espacio común, arraigada en un ideario ético y en el deseo de ponerlo en práctica con la mayor honradez, generosidad y eficacia. Conozco, también, a quienes un partido les proporciona salidas profesionales que no alcanzarían nunca por sí mismos, y, al igual que ha sucedido a lo largo de la historia, no faltan aquellos que disfrutan del ejercicio del poder, entendido como una pulsión analizada, en numerosas ocasiones, desde el punto de vista psicológico. Hay otros modelos, entre ellos los que se derivan de la mezcla de los mencionados y de sus matizaciones, pero estos ya abarcan un espectro lo suficientemente amplio como para que no comparta -y me preocupen- las cada vez más desmesuradas proclamas de la antipolítica, una actitud basada, con frecuencia, en un populismo que bordea -cuando no rebasa- valores democráticos fundamentales. Tampoco, claro está, para que pierda el asombro ante muchas declaraciones y comportamientos de cargos públicos que se sitúan de espaldas a los intereses urgentes de las personas, destinatarias de su actividad y la razón misma que justifica su trabajo.
Buena parte de la sociedad ve a sus representantes políticos ajenos a los problemas reales, ensimismados en disputas irrelevantes y estériles, reaccionando con una lógica incomprensible para quienes sufren las terribles consecuencias de una crisis económica que está causando tanto dolor y resulta agravada por la falta de confianza en las mujeres y los hombres que deberían hallar las soluciones y son percibidos, por un número creciente de ciudadanos, como un factor añadido que incrementa su angustia.  
    
(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 3 de marzo de 2013)

domingo, 17 de febrero de 2013

El árbol de la vida


Ha muerto Eugenio Trías y se han sucedido artículos y comentarios sobre su obra, destacando la importancia de un autor sin duda determinante en la filosofía española contemporánea.
Al abrir por primera vez La dispersión, me causó cierta sorpresa que estuviera dedicado a Beethoven. Nada sabía yo entonces de la pasión musical de Trías (“la mayor pasión quizás dentro de las pasiones íntimas e intransferibles junto con la filosofía”, dice en su volumen de memorias, El árbol de la vida), pero ya nunca dejé de leerlo. Hay señales en mi ejemplar de muchos aforismos que se abrían paso entre lo poético y lo filosófico, alimentándose de ambos, como dejaba explícito en el texto: “El pensamiento mágico no pregunta, exclama”. “El dilema es preguntar o cantar”.
Aunque tuve la fortuna de conversar en varias ocasiones con él, la noticia de su fallecimiento ha puesto ante mis ojos nuestro encuentro en la Feria del Libro de Valladolid, donde participamos en una mesa redonda con José Luis Téllez y Enrique Gavilán. Al término de las preguntas y respuestas, cuando cada uno se encaminaba hacia su casa o su alojamiento, Trías me propuso tomar un whisky –lo que en mi caso se convirtió en café…- y en un ambiente muy grato y para mí inolvidable, habló de sus contradicciones (un fermento esencial de cuanto es pensado), de su amor por la música (sobre la mesa estaba El canto de las sirenas), el cine (le mencioné a Alfred Hitchcock, deliberadamente), del papel de la filosofía en la sociedad actual y del periodismo frente al poder político. Todo salpicado por una sonrisa irónica que relacionaba temas y subrayaba algunas anécdotas: una manifestación más de ese talento portentoso que echamos tanto de menos.

(Publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 17 de febrero de 2013)

domingo, 10 de febrero de 2013

París

El pasado martes toqué en París dentro de los actos en homenaje a Jordi Savall que llevó a cabo France Musique. Un día inolvidable.





Excepto esta última foto, el resto las hizo Irène Bloc, una persona extraordinaria, a quien tuve la suerte de conocer allí. 

domingo, 3 de febrero de 2013

Ensayo general


Creo que nunca he contado a Fernando Pizarro cómo llegué a su primer libro de poemas. Lo vi en un escaparate, rodeado de textos que nada tenían que ver con él ni en cuanto al contenido  -actualidad política, sobre todo, de muy escaso alcance- ni, mucho menos, por su importancia en mi vida. Leí el título, Ensayo general, y lo compré absolutamente convencido de que se trataba de una obra sobre música... Al entrar en una cafetería, en esos minutos insustituibles de leer algunas páginas de los libros recién nuestros, supe que se trataba de un poemario.
Muy al principio, tras unos versos de Alfonso Costafreda ("Por esta ciudad / he caminado tanto, / que todo dolor mío / encuentra aquí su nombre"), la geografía íntima de esa "Ciudad Diciembre", síntesis poética de Valladolid. Y antes de entrar en ella, anunciando el lugar desde donde va a ser mirada, con ese ritmo inconfundible, deja la voz a Jaime Gil de Biedma: "Más, cada vez más honda / conmigo vas, ciudad, / como un amor hundido, / irreparable".
Después de haber alcanzado el interior de esa “ciudad esmerilada por la niebla”, he querido encontrar la doble marca que el transeúnte y su entorno se dejan entre sí: una impresión que no se apoya siempre en un lugar visible, en calles y fachadas, sino en la intimidad de las personas, de los seres desnudos y frágiles que dibujan, día a día, una parte invisible de la historia.
Ahora, al ver Amor, de Michael Haneke, siento esa transformación de la ciudad gracias a una poesía que lentamente va posándose en las luces de los edificios, y en el escalofrío compartido por quienes, junto a mí, salen del cine con la certeza de que en una sola habitación, en una sola, el mundo entero cabe.
(Publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 3 de febrero de 2013)

domingo, 27 de enero de 2013

El estudio de Sert


Conocer el proceso creativo de un artista suscita una innegable curiosidad y resulta, por otra parte, esclarecedor de muchas de las incógnitas que nos plantea toda reflexión estética. Penetramos así en el pasado de la obra, un espacio que no estaba destinado a ser público; eso es, precisamente, lo que nos hace sentir su presencia con la emoción siempre nueva de quien contempla un secreto.
En Valladolid, el Museo Nacional de Escultura acoge una muestra titulada Josep M. Sert. El archivo fotográfico del modelo (1921-1945), que nos permite realizar ese viaje apasionante por el taller del creador, y ser testigos de un material muy valioso, que pertenecía a Lèonard Mancini, modelo y ayudante de Sert, colaborador indispensable.  María del Mar Arnús ha destacado que las fotografías “son de una extraña belleza y explican su método de creación basado en un continuo transformismo”.
Fue partícipe de una época irrepetible: París desarrollaba una fabulosa actividad cultural que Josep M. Sert compartió con una mujer absolutamente extraordinaria, Misia Godebska, a quien he recordado al repasar estas imágenes: ella estuvo junto a Franz Liszt cuando era niña, estudió piano con Gabriel Fauré, y manifestó una capacidad asombrosa para descubrir y potenciar el talento de sus contemporáneos. Pintada por Renoir, Toulouse-Lautrec, Vallotton, Bonnard…, apoyó a músicos como Erik Satie –entre sus partituras preferidas estaba Tres piezas en forma de pera-, Claude Debussy o Maurice Ravel, además de la práctica totalidad de los escritores y artistas que protagonizaron una manera de entender la relación del arte y la propia existencia. Algo que, en estos días sombríos, evocamos con cierta nostalgia.
(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 20 de enero de 2013)

jueves, 24 de enero de 2013

viernes, 18 de enero de 2013

Valladolid



El pasado viernes hice un programa para piano a cuatro manos con Eva Gigosos en la Capilla del Museo Nacional del Museo Nacional de Escultura de Valladolid. El concierto clausuraba las actividades de la exposición Josep M. Sert. El archivo fotográfico del modelo (1912-1945).



domingo, 6 de enero de 2013

Cuento de Navidad


Antes de salir, volvió a leer unas palabras escritas para la presentación del libro de un amigo: cada día de nuestra vida tiene una luz que viene del pasado. Buscaba esa luz, no la sentida por Fray Luis de León al escuchar a Francisco de Salinas en su maravillosa oda, sino una luz madura y diferente: la luz usada que envuelve la memoria de los ojos y empuja hasta este mismo instante aquellas emociones que se daban por perdidas o, más aún, de las que no había el menor rastro consciente, y traen aromas y paisajes olvidados.
En los días de Navidad recorría las calles de Medina de Rioseco y notaba la ternura de esa luz interior posándose en las palabras y en la piedra, en los cercanos campos y en los cuerpos. Pensó que, por mucho que viviera, moriría muy ponto; que la ambición y el miedo son máscaras para ocultar la soledad y la intemperie de la muerte; que la ruindad y la injusticia no pueden convertir en llanto y miseria, en dolor y desprecio, la ayuda entre esas vidas que se encuentran y caminan hacia la penumbra de un final visible desde siempre.
Y por ello le asombraba que esa transformación sufrida por las personas durante la Navidad no fuera permanente; que el delirio fuera la expresión de un espíritu fraterno, cuando el delirio era, al menos para él, la certeza de un feroz egoísmo que se pretendía infinito e incuestionable. En Navidad podía manifestarlo sin parecer ingenuo, aunque con ese agotamiento que nombraba Pessoa: “cansa sentir cuando se piensa”. Cualquier rincón de Medina de Rioseco, por irrelevante que pareciese, despertaba un recuerdo en él: esa voz escondida que señala el espacio donde descansa todo lo que no ha muerto pero ya se ha perdido. 

(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 6 de enero de 2013)