lunes, 2 de junio de 2014

Medina de Rioseco


El viernes di un concierto dentro de la presentación del último libro de mi querido amigo Luis Ángel Lobato. Un programa elegido con Luis Ángel, ya que era un homenaje a él por tantos años de amistad, literatura y música.


sábado, 31 de mayo de 2014

Valladolid


Me emocionó tocar en un homenaje en memoria de mi amigo Juan Bautista Varela. Fue el miércoles en el Teatro Zorrilla de Valladolid. Cada obra del programa estaba relacionada con él por muchas razones. 



jueves, 22 de mayo de 2014

Sabadell

Toqué el programa en homenaje a Jordi Savall en el Teatro Principal de Sabadell, el pasado viernes. Contamos con la presencia de Jordi y, como siempre, ha sido una enorme alegría estar con él. Igual que lo fue estar con los compositores Benet Casablancas, Armand Grèbol y Albert Sardà, acogidos por Joana Soler, que preside en la ciudad Juventudes Musicales. 

 Con Jordi Savall y Benet Casablancas


Con Jordi Savall, Armand Grèbol, Albert Sardà, 
Benet Casablancas y Joana Soler

viernes, 2 de mayo de 2014

Miniaturas

Luis García Vegas ha seleccionado algunas de mis fotos de Medina de Rioseco y las ha puesto sobre una pieza de Armand Grèbol que estrené hace varios años.

domingo, 6 de abril de 2014

Pablo y la poesía

Pablo, mi hijo, me da una preciosa definición de poesía mientras paseamos:

- Papá, si tuviera una rana le pondría de nombre "Pálpito".
- ¿Por qué, hijo?
- No sé explicarlo... es como si en la palabra pálpito hubiera una rana chapoteando.

viernes, 28 de marzo de 2014

Aquel 28 de marzo

Hoy hace 9 años que murió mi padre. Él tenía 59 y yo 33. Sé lo que son 9 años para cualquier cosa que no sea esa distancia: a veces siento que acabo de estar con él y, por el contrario, en otras me parece que ha muerto hace más tiempo del que soy capaz de recordar. 
Pese a que la vida me ha hecho tantos regalos maravillosos, mi mundo no tendrá nunca, desde aquel 28 de marzo, esa armonía inaugural de lo completo, esa perfecta emoción de ser y estar todos juntos.

domingo, 9 de febrero de 2014

Valladolid


Participé el miércoles en el programa especial que conmemoraba el 80 aniversario de Radio Valladolid, presentado por Iñaki Gabilondo en el Teatro Calderón. 
Estrené Aniversario, de Francisco García Álvarez, expresamente compuesta para la ocasión. 

sábado, 14 de diciembre de 2013

Castillo de Fuensaldaña

Toqué el jueves en el acto de entrega del Premio Provincia de Valladolid a la Trayectoria Artística, concedido a la Real Academia de Bellas Artes. Tuvo lugar en el Castillo de Fuensaldaña, sede de las Cortes de Castilla y León durante muchos años. 


jueves, 5 de diciembre de 2013

martes, 3 de diciembre de 2013

Barcelona

Toqué el viernes en Barcelona el programa homenaje a Jordi Savall.


Como siempre en Barcelona, la alegría de encontrar muchos amigos, como los compositores de la imagen: Armand Grèbol, Albert Sardà y Carles Guinovart.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Salud y sensibilidad

Parece que nada existe fuera de los datos, de las estadísticas convertidas en arma arrojadiza de una posición y su contraria, como si el mundo se limitase a un objetivo tan pequeño; como si la política debiera despojarse de toda sensibilidad hacia los seres humanos. Una palabra que se desprecia e identifica con algo a medio camino entre la fragilidad y la demagogia. Ante la palabra “sensibilidad” está de moda responder: “por favor, hablemos en serio” y, acto seguido, mostrar unas gráficas –generalmente manipuladas- donde se nos muestra la salud de una persona como una variable más, y no siempre la de mayor importancia.  Tenemos, en demasiadas ocasiones, la impresión de que los ciudadanos no son la finalidad sino el medio. Y es un mensaje que va calando: he visto defender ciertos recortes a personas que no podrían costearse el menor tratamiento fuera de la sanidad pública. Nadie puede estar en contra de aumentar el control y la eficacia del gasto, pero sí de una utilización de esos argumentos con el único fin de rebajar el nivel de la atención a los enfermos.

Durante meses, acompañé a mi padre cada vez que ingresó en el Hospital Pío del Río Hortega, y estuve a su lado en las duras sesiones de quimioterapia. Aprendí entonces que si uno de los cimientos de cualquier sociedad es la educación y el esfuerzo que a ella se dedica, en su red sanitaria reside el corazón mismo de los sentimientos de aprecio y respeto hacia los demás. Ese cuidado es la clave de un baremo que se ignora en los informes a pesar de su enorme trascendencia, ya que certifica no sólo la salud de los miembros de una comunidad, sino también, y en idéntica medida, la propia salud de los valores que la dignifican.

(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 27 de octubre de 2013)

lunes, 14 de octubre de 2013

Lamentos y consuelos

La crisis ocupa todas las conversaciones. En todas partes escuchamos, por breves que sean, unas palabras de lamento y de consuelo. Las consecuencias son de tal magnitud que no sólo resulta imperiosa la necesidad de referirse a ellas: también se percibe un cierto pudor para no ofender a quien carece de trabajo o a quien sabemos que puede perderlo de inmediato. Ese pudor me lo han manifestado muchos amigos, incapaces de expresar sus preocupaciones por considerarlas mínimas y casi ofensivas ante ciertas personas. Asuntos que, sin duda, habrían motivado largos debates por su importancia, pero que ahora la sensibilidad y la empatía con esos amigos o conocidos aconsejan soslayar.
Si no incluyen el despido, hasta graves problemas profesionales son relegados. Más aún: se ha convencido a buena parte de la ciudadanía de que tener un trabajo es una especie de regalo, de lujo, como si fuera un privilegio que graciosamente se nos otorga y en el que va implícito un silencio tan espeso que corre el riesgo de hacer invisibles los derechos laborales.
Lo he vivido ayer mismo, mientras paseaba por la Plaza Mayor de Valladolid con un antiguo compañero, tres años ya desempleado. No sabía qué decirle. No me atrevía a hablar de los temas de siempre cuando él me mostraba la desolación del paro, su mirada implacable y crudísima; el deterioro, incluso, de la convivencia con su pareja en un clima emocional oscuro y carcomido.

Hemos de felicitar a quienes se esfuerzan en la búsqueda de soluciones a este drama; y decir, a quienes a diario mienten sobre lo que vemos delante de nuestros ojos, que aparten su mezquina arrogancia del dolor y la tristeza de aquellos que sufren. 

(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 13 de octubre de 2013) 

lunes, 30 de septiembre de 2013

Saber es distinguir

En cada nueva encuesta se reitera la visión más que negativa de un número creciente de ciudadanos hacia sus representantes políticos, hasta llegar a considerarlos como uno de los principales problemas de nuestro país, lo que supone  un desafío de solución difícil y larga, con unas consecuencias de extraordinaria gravedad. Tanto es así que hoy la palabra “política” es directamente peyorativa y se utiliza con carácter denigratorio incluso por concejales, procuradores o diputados: “saquemos la política de esta negociación”, “usted no quiere que mejoremos, sino hacer política” o “esta huelga es claramente política”, son ejemplos constantes a los que poco a poco nos hemos acostumbrado a pesar de ser absurdos en sus términos. Todo ello lleva a ese “todos los políticos son iguales” que hace tabla rasa sin matización alguna. Es verdad que muchos políticos han tenido un comportamiento indecente –sin referirnos a los casos donde se ha cometido delito-; hay que ser en extremo escrupulosos al gestionar lo que es común y eliminar la endogamia de su estructura interna que los aísla de la sociedad. Pero no son iguales. No lo son, ni en historia ni programas, el PP, el PSOE, IU y UPL, por mencionar a los que tienen representación en las Cortes de la Comunidad. Pero es que ni siquiera lo son quienes forman parte del mismo partido: no se puede hacer un análisis tan rápido e impreciso que, por desgracia, tan habitual resulta entre quienes hablan, sin diferencia alguna, de “los franceses”, “los médicos” o “los artistas”: etiquetas que hacen muy fácil y cómodo resumir cuanto sucede en el mundo, aunque se corra el riesgo de olvidar una antigua e indispensable enseñanza: saber es distinguir.   

(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 29 de agosto de 2013)

lunes, 16 de septiembre de 2013

Las Edades y su música

Decía Carlos Castilla del Pino que un maestro lo es con independencia de lo que enseñe. Pedro Aizpurua es un perfecto ejemplo de esa idea. Desde hace más de medio siglo, su presencia en Valladolid ha sido un verdadero regalo para los músicos –Jesús Legido y Francisco García Álvarez entre ellos- que hacían un gran esfuerzo por conocer y estudiar la música contemporánea compuesta en todo el mundo. Pedro llegaba de sus viajes con un material tan valioso -y escaso en esos momentos- como las últimas obras de Ligeti, Boulez, Nono, Henze o Lachenmann. Lo compartía con la sencillez y la humildad que han ido dibujando su rostro y su voz a lo largo del tiempo. Pedro se refería a la música y, también, a las últimas exposiciones y películas, a los nuevos ensayos que iba a llenar de subrayados y originales anotaciones, muy útiles para quienes leeríamos esos textos enriquecidos por él.
No conozco a nadie que haya vivido tal número de actividades apasionadamente y a la vez tan desanclado, en una profundidad que le impide cualquier atadura o dependencia. Pedro jamás ha hablado el lenguaje obsceno del narcisismo, de esa neurótica vanidad que ensucia cuanto roza. Es evidente que una personalidad así ayuda poco a la difusión de su trabajo. Por eso he sentido una enorme alegría al saber que el próximo viernes, 20 de septiembre, volverá a interpretarse su maravillosa Cantata de las Edades del Hombre, en el Centro Cultural Miguel Delibes.

Algunos días, mientras hablamos, intento captar su estado de ánimo, sin conseguirlo nunca. Les sucede igual a otros amigos. Aunque creo que, si le preguntásemos, podría respondernos con las palabras de Pedro Casaldáliga: “No soy triste ni alegre, soy poeta”. 

(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 15 de septiembre de 2013) 

domingo, 1 de septiembre de 2013

Despedida de agosto

Este agosto que ayer se despidió me ha dejado, igual que el resto de los meses, algunas músicas y algunos libros a los que –estoy seguro- volveré. Junto a ellos, quiero recordar un encuentro de amigos de la infancia donde pude sentir lo mucho que nos unen esos primeros años en común: profesiones, ideologías y creencias muy distintas, envueltas de forma natural en una raíz común, alimentada por esos nombres, esas experiencias que no necesitaban ser explicadas. Una palabra, un gesto nos llevaban a una reacción idéntica, a una sonrisa o una mueca perfectamente sincronizadas, como un coro dirigido por ese tiempo, lejano ya, que compartimos. Además, comprobé de nuevo lo fieles que somos a un modo de comportarnos y a convertir lo aprendido muy pronto en una segunda naturaleza: quien derrapaba entonces montado en la bicicleta, frenó el coche rodeado de polvo en el camino de Castilviejo.
Al pasar por la terraza de Cubero, ya en el centro de Medina de Rioseco, vi que sólo quedaba una mesa vacía y pensé de inmediato en Adela Gutiérrez y David Frontela. Sentados y mirándose, mientras un helado iba de una sonrisa a otra, y yo contemplaba esa belleza insuperable del amor cristalizando ante mí, ajeno al ritmo que asigna el verano a los sonidos de la calle, un verano al que mi memoria les asocia.

No están allí. Lo sé. Adela ha muerto. En uno de sus poemas, James Fenton escribió: “Creo que los muertos quisieran / que llorásemos por aquello que han perdido”. Pero lo que han perdido quienes hemos amado tampoco es nuestro por completo. Nunca podremos disfrutarlo del todo, al menos con ese esplendor maravilloso que Adela y David nos regalaban, con esa felicidad que será suya para siempre.   

(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 1 de septiembre de 2013)