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lunes, 22 de noviembre de 2021

"Un lugar en el mundo", de Diego Fernández Magdaleno

Lectura de "Un lugar en el mundo", artículo de Diego Fernández Magdaleno publicado en la edición de Castilla y León del diario El Mundo el 23 de junio de 2013.

miércoles, 15 de julio de 2015

Vitoria


El jueves, en la Catedral de Vitoria, di un concierto con el programa dedicado al V Centenario del Nacimiento de Teresa de Jesús. 
Dediqué el concierto a la memoria de José Antonio Pizarro de Hoyos, porque sus amigos siempre hemos ido a Vitoria, incluida la primera vez, como si regresáramos. 

Hubo muchos amigos, los mejores anfitriones posibles, que me llenaron de alegría.



Obras de George Fenton, Albert Sardà, Jehan Alain, Zulema de la Cruz, Joaquín Díaz, György Kurtág, Jean Baptiste Lully, Tomás Marco, Jean François Dandrieu, Benet Casablancas, Carlos Cruz de Castro, Federico Olmeda, Teresa Catalán, Francis Poulenc, Jesús Legido, Antonio de Cabezón, Francisco García Álvarez, Marin Marais, Ángel Barja y Johann Pachelbel.

domingo, 23 de junio de 2013

Un lugar en el mundo

La infancia se transforma a lo largo de toda la vida, y es hermoso notar los brotes de una nostalgia dulce, la emoción de unas palabras que, sin pretenderlo, habían sido olvidadas y aparecen de pronto. Sin embargo, el pasado también aumenta con la oscuridad y el silencio de la muerte: el dolor hace crecer el pasado con más fuerza que el tiempo. Esos huecos nos definen, nos constituyen y, tantas veces, son la respuesta para los silencios que no sabemos rellenar con nada, para la súbita inquietud que no somos capaces de justificar. También somos aquello que alguna vez fue nuestro: el amor que la vida despierta a su capricho y la luz que el recuerdo enciende cada día. A veces necesitamos atrapar esa luz con las palabras, sujetarla en el papel para que siga latiendo entre los dedos y poder mostrar la mayor gratitud con la misma ternura que hemos sentido al recibirla.

Escucho la voz de José Antonio Pizarro de Hoyos nombrando las estrellas al mirar por la ventana, como si nos transmitiera un mensaje que le era dictado por el asombro de la belleza. Esa belleza que, al proporcionarnos una mirada común, es la causa que nos permite reconocernos en un “nosotros”. Así, viendo mi pasado entero podría describir su secuencia ante mis ojos y agradecer el gran cariño de cada uno de los habitantes de mi ciudad, Medina de Rioseco. No hay un solo espacio suyo que carezca de sentido para mí. El ámbito se cierra pero sus pliegues son interminables: “La arena es infinita, el desierto acaba”, señala un aforismo de Fernando Aramburu. Esa arena me concierne y en ella habitan los hombres que yo he sido y sus edades, pues nuestra forma de ser es nuestra forma de amar. 
Y al dar las gracias, nos damos. 

(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 23 de junio de 2013)

sábado, 24 de abril de 2010

Homenaje a José-Antonio Pizarro de Hoyos

Hace una semana tuvo lugar en Medina de Rioseco un acto-homenaje a José-Antonio Pizarro de Hoyos. Artemio Domínguez, Luis-Ángel Lobato yo, recordamos el cariño y la generosidad que tuvo siempre con nosotros. Después di un breve recital de piano, sus nietos recitaron algunos textos suyos y, para concluir, se proyectó un emocionante recorrido por su vida, realizado por Miguel García Marbán y Fernando Fradejas.

(Fotos de Fernando Fradejas)

jueves, 30 de julio de 2009

José-Antonio Pizarro de Hoyos

José-Antonio Pizarro de Hoyos era un hombre que amaba profundamente la vida. Se ponía de manifiesto en la emoción con la que hablaba de sus múltiples pasiones: la medicina y la literatura, por encima de todas. Pero hoy recuerdo una de las conversaciones que mantuve con él, siendo yo aún adolescente, en la que me asombró su discurso acerca de las estrellas y, después, sobre arqueología.
José-Antonio residía en Vitoria, aunque fue un riosecano enamorado por completo de su ciudad natal.
Verle en cualquiera de las terrazas de la calle Mayor constataba la presencia del verano. Y ha sido precisamente ahora, bajo la luz prodigiosa de nuestra Tierra de Campos, cuando nos enteramos de su muerte este domingo.
Uno de sus hijos contó en el funeral que las últimas palabras de José-Antonio estuvieron dedicadas a su esposa, como tantas otras veces en versos y relatos. Esta vez fue conciso y capaz de resumirle todo en tres palabras: "Te quiero mucho".

Siempre le recordaremos.