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jueves, 2 de octubre de 2025

En la jubilación de Eva Gigosos

Todos somos únicos e irrepetibles, pero hay personas como Eva Gigosos a quienes se les nota inmediatamente. No llegamos a ser compañeros de estudios en el Conservatorio de Valladolid, aunque sí escuché muchos elogios a su calidad como pianista. También, claro, sobre ese temperamento suyo: su nombre, en los años de las transferencias educativas, tenía una sonoridad distinta... "Parece ser que Eva Gigosos..." contenía implícitamente una banda sonora digna del mejor Bernard Herrmann... 
Con el paso de los años fue desarrollándose, muy despacio, una amistad entre nosotros que es hoy esencial en mi vida. He aprendido mucho de ella: de su vocación musical y la visión pianística que desarrolla con una intuición extraordinaria; de su capacidad de gestionar, de encontrar soluciones a cualquier problema organizativo; de la entrega a su familia, desde sus padres a su nieto: para Eva vivir es amar, y se ha entregado a ese amor por encima de los intereses de su carrera profesional o del simple y tan habitual egoísmo humano. 
Conmigo ha sido de una generosidad conmovedora, ha hecho suyo cada uno de mis proyectos y siempre he encontrado en ella esa fortaleza que entre nosotros está mal distribuida... 
Y algo más he descubierto en Eva: que tras la fortaleza y el temperamento hay una mujer llena de ternura, de sensibilidad, de una inteligencia muy poco frecuente que ha enriquecido y alimentado con su pasión por la lectura y una capacidad de observación que me resulta fascinante.
Eva es un regalo de la vida que nunca se puede agradecer lo suficiente. Por eso siento su jubilación como un vacío que se abre ante mí, aunque me consuela saber que no hay vacío tan grande que no pueda llenar con todo lo que me ha dado.

lunes, 26 de febrero de 2024

sábado, 18 de junio de 2022

Concierto en homenaje a María Jesús y a Carlos

El martes participé, junto a compañeros, estudiantes y antiguos alumnos del Conservatorio de Valladolid, en un concierto dedicado a la memoria de María Jesús Sanz Martín y Carlos Ángel Fernández Buey.

Quedó patente lo mucho que les echamos de menos.


Estrené Íruts, compuesta por Francisco García Álvarez en memoria de María Jesús

Estrené Icápse, compuesta por Francisco García Álvarez en memoria de Carlos

Bach / Kurtág con Eva Gigosos

sábado, 11 de junio de 2022

Monográfico dedicado a György Kurtág en el Conservatorio de Valladolid

El jueves participé en un concierto dedicado a la obra pianística de György Kurtág junto a profesores y estudiantes de piano del Conservatorio de Valladolid. 
El acto es parte de una actividad llevada a cabo por el Departamento de Tecla y ha sido, para mí, una gran experiencia musical y pedagógica. 


Con Eva Gigosos, tocando música para piano a cuatro manos de Kurtág

sábado, 16 de noviembre de 2019

Homenaje a Francisco García Álvarez


Celebramos ayer, en la sala de cámara del Centro Cultural Miguel Delibes, un homenaje a Francisco García Álvarez, un gran compositor y un gran amigo.


 Miren Zubeldia y Eva Gigosos

 Mi hermano Pablo

 Paula Mendoza y José Ramón Echezarreta


 Con Laura de la Hoz

 Joanna Zagrodzka Mañko y Luis García Álvarez



jueves, 30 de mayo de 2019

Conferencia sobre el dúo Frechilla-Zuloaga


El martes di una conferencia sobre el dúo Frechilla-Zuloaga en la Real Academia de Bellas Artes, dentro del curso "Conocer Valladolid".



Me apoyé en más de cincuenta fotografías. La última retrata a Milagros Díez-Quijada recibiendo un ramo de flores. Fue tomada en Barcelona, el año 1966. Dediqué mis palabras a su memoria.


 Con Luis García Vegas

 Con Jesús Capa

 Con Paz Malfaz, Cristina Frechilla, José Miguel Frechilla, Angelines Porres, Eva Gigosos, Patricia Frechilla y Ana Frechilla

Noticia publicada por El Norte de Castilla el 28 de mayo

Entrevista con Carlos Flores en la Cadena Ser


viernes, 18 de enero de 2013

Valladolid



El pasado viernes hice un programa para piano a cuatro manos con Eva Gigosos en la Capilla del Museo Nacional del Museo Nacional de Escultura de Valladolid. El concierto clausuraba las actividades de la exposición Josep M. Sert. El archivo fotográfico del modelo (1912-1945).



viernes, 20 de julio de 2012

Homenaje a Ángeles Porres




El programa que Eva Gigosos y yo presentamos como homenaje a Ángeles Porres no es solamente una serie de piezas secuenciadas de una forma concreta, sino que está relacionado con ella misma, con su vida. Chopin, Debussy y Scriabin forman parte de esas coordenadas que  constituyen nuestra emotividad musical, son puntos esenciales de una evolución que desemboca en el siglo XX y se abre a una enorme amalgama de estéticas de las que surgen, a su vez, las obras del resto de compositores, amigos de Angelines. Josep Soler ha compuesto una pieza en homenaje a Angelines, cuyo título responde a unos versos de Dante Gabriel Rossetti, al igual que Francisco García Álvarez, que ha tomado dos melodías populares húngaras recogidas por Kodaly, un músico especialmente querido por Angelines e importante en el concepto de su trabajo pedagógico. Junto a ellos, partituras de Pedro Aizpurua, antecesor suyo en la dirección del Conservatorio de Valladolid, Armand Grèbol y Jesús Legido que, como García Álvarez, fue alumno de nuestro conservatorio.
En el texto del programa de mano, Encarna López de Arenosa relata una anécdota que yo fecho cuando miraba a Angelines desde abajo. Eso no dice nada de la altura de Angelines, sino de la mía en aquel momento, y, sobre todo, es la prueba de cómo me resulta imposible pensar mi vida sin su presencia, sin sus palabras justas, sin esa sonrisa que es pura alegría. El caso es que yo conozco a Ángeles Porres desde que tenía que tomar aliento para medir los cinquillos en los exámenes de solfeo, desde ese tiempo que era feliz, maravillosamente feliz, aunque yo no lo sabía. Dice Rafael Sánchez Ferlosio que “los días felices los pone allí el recuerdo. Por eso son tan tristes”. Yo no sabía, insisto, que era feliz cuando paseaba por el vestíbulo del Hospital Viejo, vigilado por los retratos de Schubert y Wagner. No lo sabía cuando una voz, puede que la de Angelines, decía: “A ver, el repente”, y ponía ante mí un manuscrito que mis ojos de niño veían con una dificultad que no he vuelto a advertir después en toda la música contemporánea.
Y esa dulzura, siempre. En una escuela rabínica echaban un poco de miel en las letras para que los niños, al pasar el dedo sobre su forma, se lo llevaran a los labios. Así aprendían no solamente un contenido concreto, sino que el saber es dulce. No que se prescinda del esfuerzo, desde luego. Pero sí que la pasión por el conocimiento, el gozo de pensar como decía Albert Einstein, es uno de esos momentos dulces de la vida. Angelines, metafóricamente, no ha dejado de derramar esa miel sobre los pentagramas, y quienes hemos aprendido y seguimos aprendiendo de ella cada día, no dejamos de sentir ese aroma dulce que es, creo, la sustancia que nos une a ella con tanta seguridad y tanta fuerza.
Y la lealtad, siempre. La lealtad es uno de los poquísimos dones que no se dan directamente al destinatario. Porque demostramos la lealtad en ausencia de la persona a la que somos leales. Se es leal, ineludiblemente, en ausencia del otro, y es esa lealtad la que lo hace presente. Por eso, también, queremos tanto a Angelines, y por esa natural empatía, por buscar lo común para entender mejor las posibles divergencias y convertirlas en un crecimiento mutuo. Y sentir los problemas e intentar solucionarlos sin actuar con superioridad. Para Álvaro Siza, arrogante es lo que traiciona el contexto. Se refiere, naturalmente, a la arquitectura, pero podemos trasladarlo a las relaciones personales y encontrar el mismo sentido. Como a esa idea de Carlos Castilla del Pino, según la cual en la medida en que hay una ostentación hay también una deficiencia. Angelines sabe que lo verdaderamente nuestro siempre es aquello que hemos dado. Toda su vida ha sido así: con Ángel, sin el que es imposible entenderla; un hombre que, discretamente, ha dado desde hace tantos años, el principal apoyo emocional y un infatigable estímulo en su trabajo. Ellos y sus hijos, son una familia abierta a todos.
Querida Angelines: un día, mientras estábamos ante una mesa repleta de papeles, me dijiste: “Diego, me gusta trabajar contigo”. Jamás lo olvidaré. Mi vida hubiera sido muy distinta si no te hubiera conocido cuando era un niño que sólo estaba seguro de que deseaba ser músico. Ahora, treinta años después, sigo con esa única certeza.
Hemos trabajado juntos, hemos reído juntos y hemos llorado juntos.
Gracias por todo, Angelines.
Te quiero mucho. 

domingo, 22 de mayo de 2011

Valladolid

Eva Gigosos me invitó a dar una conferencia sobre Franz Liszt, que introdujera su interpretación de la Sonata en si menor.
Es lo que hicimos el pasado jueves en la sala de cámara del Centro Cultural Miguel Delibes.