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martes, 23 de diciembre de 2025

La memoria encendida

Los ciclos vinculados intensamente con la emoción se superponen en la memoria y, en ocasiones, como me sucede con la Navidad, se borra la perspectiva del tiempo y todo resulta ser un instante único. Ese nacer continuo que lo impregna tiene para mí un espacio: Medina de Rioseco. Y la memoria camina como Vanessa Redgrave al inicio de Regreso a Howards End y siente la melancolía en cada paso mientras la casa es pura luz. Así llego a la calle del Pescado y puedo verme con toda la familia en la Nochebuena, preparándonos para la misa del Gallo, con la voz de Gabriel Pellitero temblando en la maravillosa iglesia de Santa María. El Niño, en el centro; nosotros, rodeándolo. Y me parece que, simultáneamente, cantamos villancicos del siglo XVI con algunos compañeros de la Coral Almirante Enríquez: la música en la niebla de diciembre, la historia que nos convoca y la amistad que nos une, son un hecho que por sí mismo nos trasciende.

Y en ese paseo del tiempo están los escaparates con las miradas infantiles en el vaho de los cristales; el aroma de los dulces, los saludos y felicitaciones que no deberían ser excepcionales en el calendario.

Los recuerdos de la Navidad conviven inseparables: se dan vida los unos a los otros. Por eso, aunque mi padre falleciese un año antes del nacimiento de mi hijo, puedo verlos juntos en los soportales de la calle Mayor, mientras los Reyes Magos encienden un misterio que jamás termina.

El Día de Valladolid, 23 de diciembre de 2025.

sábado, 28 de noviembre de 2020

28 de noviembre de 1970

Hoy hace cincuenta años que se casaron mis padres, en una ceremonia compartida con mis tíos María del Carmen y Rafael. Medio siglo parece menos tiempo que esos quince años transcurridos desde la muerte de mi padre. Aunque, de un modo distinto, siempre seguiremos juntos.  





sábado, 28 de marzo de 2020

Hoy hace quince años

Mi padre murió hace quince años y nunca habrá tiempo capaz del olvido, ni sombras que me impidan verlo en todas partes.

lunes, 26 de agosto de 2019

En memoria de Rafael Borjas

Acababa de tomar un café en la terraza de Cubero cuando, al mirar una esquela en el tablón, he leído el nombre de Rafael Borjas Cerreduela. 
Rafa, Fael, o Fanfán, el invencible (como la película de Christian Jaque), eran algunas de las formas con las que mi padre se dirigía a él. Nosotros heredamos el cariño, su enorme amistad. 
"¿Qué hace don Dieguillo?", me decía al encontrarnos. Fue siempre un ejemplo de fuerza y de nobleza.
Nunca te olvidaremos, Rafa.

domingo, 23 de diciembre de 2018

Un diario para Miguel Frechilla


Domingo, 6 de mayo de 2018

Acabo de grabar Rêve pour Miguel, una pieza que te ha dedicado Jesús Legido. Se la pedí para estrenarla en el acto inaugural del Centenario de nuestro conservatorio.
  Pensé mucho en ti ese día, igual que pienso ahora, con la imagen de la cámara y los micrófonos aún reciente. 


Miércoles, 9 de mayo de 2018

En septiembre hará diecisiete años que no estás y, de nuevo, he creído verte en la calle Duque de la Victoria: un hombre con periódicos bajo el brazo, cerca del antiguo edificio de El Norte de Castilla. Allí donde me presentaste a Miguel Delibes, con esa pasión tuya, que te hacía fuerte en algunas ocasiones y tan vulnerable en otras. Delibes hablaba con una precisión deslumbrante y, desde ese día, en cada nuevo encuentro, fue extraordinariamente amable conmigo. 
  Mientras anoto estas palabras, escucho el timbre de su voz y siento tu mano sobre mi hombro. 


Martes, 15 de mayo de 2018

Salgo del conservatorio a esa hora en la que el día, más que terminar, se aleja. Hay, en el vestíbulo, niños y jóvenes, madres y padres esperándolos. Qué ligera es esta luz que sólo acaricia, que espera sin ansia el silencio y la noche.


Miércoles, 16 de mayo de 2018

En una entrevista con Fernando Altés, datas el comienzo de la música en tu vida: “Tendría poco más de tres años. Oí algo que me impresionó. Eso fue todo”.


Viernes, 18 de mayo de 2018

Cuando murió mi padre vinieron cientos de personas a ofrecernos su afecto y su consuelo. En el funeral recordé una de las ideas esenciales de Tierras de penumbra: “El dolor de ahora es parte de la felicidad de entonces”.  Ese día, el 28 de marzo de 2005, nació un silencio nuevo. Y sigue aquí. Ya para siempre. Conmigo.


Domingo, 20 de mayo de 2018

En su artículo de El País Semanal, escribe hoy Javier Marías que “la memoria es sólo a medias gobernable, y cualquier detalle convoca recuerdos desterrados hacía décadas”. Al estar dirigido a ti, este diario provoca un reflejo tuyo en todo aquello que miro. Y qué hermosa sorpresa es encontrarte a cada paso. 


Martes, 22 mayo de 2018

He hablado de ti a un grupo de alumnos, y he intentado explicarles esa frase que te gustaba repetir y sintetiza muy bien tu actitud como pianista: “La interpretación no admite arbitrariedades”. 


Viernes, 25 de mayo de 2018

Al revisar unas carpetas, compruebo que el 9 de noviembre de 1989, cuando caía el Muro de Berlín, mi padre y yo estábamos en la Real Academia de Bellas Artes para escuchar una conferencia tuya: “Rubinstein: pianista del siglo”. 


Martes, 29 de mayo de 2018

Caen unas gotas de tristeza sobre la memoria tan dulce que trae la primavera…

Publicado en el libro destinado a conmemorar el 
Centenario del Conservatorio de Valladolid

domingo, 11 de noviembre de 2018

Doce años después

En 2006 tuve el honor de pronunciar el Pregón de la Semana Santa de Medina de Rioseco. Hoy, Anselmo Sánchez me ha regalado las fotos que hizo aquel día. Al verlas he recordado la enorme emoción que compartí con todos los que asistieron. También, la tristeza más profunda por la muerte de mi padre, el año anterior.
En la última fotografía que he subido, parece que se miran Juan Carlos Gómez y Vicente Martín. Les seguiremos viendo juntos cada Jueves Santo. Con nosotros.






martes, 28 de marzo de 2017

Aquel 28 de marzo

Aquel 28 de marzo fue el de 2005. A las dos de la madrugada murió mi padre. Pasan los años con sus nuevas presencias y los adioses inevitables. Todo vuelve y se va, excepto aquel 28 de marzo que no acaba, que sigue en el calendario, doce años ya... La muerte es un instante que jamás termina...
Tere y Pablo duermen. Todo está en silencio y puedo escuchar cómo el timbre de tu voz resuena en mí. 
Te quiero, papá. 

viernes, 13 de mayo de 2016

Pedro y la tristeza

Desde la ventana de mi cuarto veo los cipreses del cementerio. En Medina de Rioseco el presente y el pasado conviven unidos, casi rodeándonos, porque reproducimos las palabras y ocupamos los espacios de quienes no están. Así late en ellos algo de nuestra vida, y nosotros tenemos algo de su ausencia en la mirada. 
Desde la ventana veo los cipreses entre los que está mi padre -cómo suena, papá, el granizo en tu lápida- junto a tantos amigos... Cada día que voy mi última visita es para Cheli y, con ella, el fulgor de la adolescencia y la juventud. A veces, mientras bajo por la cuesta hacia casa, me parece que envejezco apresuradamente, porque no hay tiempo ya que no esté ajado por el dolor.
Pedro Aizpurua cumple hoy 92 años y, con sólo pensar en él, una sonrisa comienza a abrirse paso en la tristeza y se apoya en las palabras de quien me enseñó que el silencio no está vacío, que sólo es nuestro lo que damos, que la vanidad es un sumidero y el amor un regalo que jamás se acaba de ofrecer del todo. 

domingo, 10 de enero de 2016

En recuerdo de Balbino Martín

Una parte de mis recuerdos tiene la luz de los soportales; una luz que es el espejo de las estaciones en el corazón de Medina de Rioseco. Ahora, al conocer la muerte de Balbino Martín, ha vuelto el eco de tantas horas junto a los postes con él, con mi padre, con Julián y Felipe... a los que solían sumarse otros amigos. Balbino era el mayor. Siempre le recordaré con mucho cariño y voy a echar de menos su amistad y su sonrisa. 


jueves, 8 de octubre de 2015

Burgos


Es muy difícil resumir una experiencia tan profunda como la que viví el viernes pasado en Burgos: cómo sintetizar una emoción que no deja de crecer y, por lo tanto, se resiste a ser delimitada. 
Quiero dar las gracias a Pedro Ojeda y a su Club de Lectura, a la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos y a la Fundación Caja Círculo por ese regalo maravilloso de propiciar un encuentro con lectores de El tiempo incinerado, mi diario de 2004. Digo "mi diario" aunque soy ahora una persona muy distinta de la que escribió ese libro. Tanto, que me reconozco sobre todo en los demás, en lo que sentía y siento por ellos. Sé que estoy moldeado por el amor de los otros, por la suma de compañía y ausencia con la que se teje la vida, la caricia y el dolor. Y la pasión por aprender y el placer de dudar: la duda es una rueda que permite al pensamiento poder moverse. 
Pedro, con inteligencia y delicadeza, fue abriendo senderos a través del libro y la memoria, senderos que recorría junto a todas las personas que se sumaron al diálogo. Fue estupendo ver a Amalia Trujillo y a Pilar M. Sancho, porque mi relación con ellas era virtual, a través de las redes sociales, pero mi afecto es tan real como si hubiésemos paseado juntos con la madre de Amalia, y las tres se cogieran las manos delante de mí. 
Fue magnífico compartir todo ello con los asistentes y saludar de nuevo a Óscar Esquivias (La ciudad de plata está en mi mesa de nuevo).
Gracias por la generosidad de leer esas páginas, de hacerlo con tanto rigor y sensibilidad. Y gracias, muchísimas gracias, por hacer que mi padre saliese de las páginas del libro y pudiera estar allí, viviendo en las palabras y la música de vuestro cariño.

Fotografía de Amalia Trujillo

Fotografía de Luis García Vegas

sábado, 28 de marzo de 2015

Diez años

Hace hoy diez años que murió mi padre. Unos meses después, varios amigos compusieron una pieza en su memoria. Aquel 28 de marzo es la que escribió Francisco García Álvarez.
Cuando muere alguien tan profundamente querido, es verdad que sigue con nosotros de muchas maneras. Pero también es cierto que vivimos ya incompletos, con su ausencia a nuestro lado cada día. 

viernes, 7 de noviembre de 2014

Emoción y memoria

He soñado con mi padre. Me miraba con esta música de Rameau. No es que sonase mientras nos veíamos, sino que su mirada era la música. La sigo escuchando aunque ya estoy despierto. Está a mi lado como me acompaña él, como nos acompañan quienes amamos: visibles sólo para nosotros, en esa parte de la vida que no podemos tocar, pero que sentimos con toda la fuerza de la emoción y la memoria.

lunes, 13 de octubre de 2014

Los jardines que algún sueño visita

Encuentro este programa entre unas partituras. Lo toqué el 28 de enero de 2005. Está dedicado a mi padre, que murió exactamente dos meses después, el 28 de marzo. En ese momento ni pensaba en la posibilidad de su muerte. Nunca sabré qué me hizo elegir el poema de Belén Artuñedo que lo acompaña y trae su voz junto a la lluvia de esta tarde.




sábado, 30 de agosto de 2014

Medina de Rioseco


Cada concierto es especial por muchas razones, pero el del domingo pasado lo fue de una manera muy intensa -aún más de lo que imaginaba- ya que en la iglesia de Santa María de Medina de Rioseco encontré, de niño, las músicas de Cabezón, Correa y tantos otros; el espacio donde descubrí la belleza creada por arquitectos, escultores, pintores... y que hizo de la experiencia estética algo fundamental e inseparable de mi vida desde entonces. 
Recuerdo a Gabriel Pellitero diciéndome que, cuando fuera mayor, tendría que hacer algo basado en el retablo. El domingo toqué bajo la luz de ese retablo. La misma luz con la que muchísimos riosecanos se han casado, y también, con la que a muchísimos se les ha dicho adiós.
Allí, por ejemplo, mis padres se casaron y, 35 años más tarde, estuvo el féretro de mi padre. En ese punto exacto, emocionante para todos nosotros, estuvo el piano. 
Muchísimas gracias a todos los que llenaron la iglesia de Santa María. Jamás lo olvidaré.

viernes, 28 de marzo de 2014

Aquel 28 de marzo

Hoy hace 9 años que murió mi padre. Él tenía 59 y yo 33. Sé lo que son 9 años para cualquier cosa que no sea esa distancia: a veces siento que acabo de estar con él y, por el contrario, en otras me parece que ha muerto hace más tiempo del que soy capaz de recordar. 
Pese a que la vida me ha hecho tantos regalos maravillosos, mi mundo no tendrá nunca, desde aquel 28 de marzo, esa armonía inaugural de lo completo, esa perfecta emoción de ser y estar todos juntos.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Salud y sensibilidad

Parece que nada existe fuera de los datos, de las estadísticas convertidas en arma arrojadiza de una posición y su contraria, como si el mundo se limitase a un objetivo tan pequeño; como si la política debiera despojarse de toda sensibilidad hacia los seres humanos. Una palabra que se desprecia e identifica con algo a medio camino entre la fragilidad y la demagogia. Ante la palabra “sensibilidad” está de moda responder: “por favor, hablemos en serio” y, acto seguido, mostrar unas gráficas –generalmente manipuladas- donde se nos muestra la salud de una persona como una variable más, y no siempre la de mayor importancia.  Tenemos, en demasiadas ocasiones, la impresión de que los ciudadanos no son la finalidad sino el medio. Y es un mensaje que va calando: he visto defender ciertos recortes a personas que no podrían costearse el menor tratamiento fuera de la sanidad pública. Nadie puede estar en contra de aumentar el control y la eficacia del gasto, pero sí de una utilización de esos argumentos con el único fin de rebajar el nivel de la atención a los enfermos.

Durante meses, acompañé a mi padre cada vez que ingresó en el Hospital Pío del Río Hortega, y estuve a su lado en las duras sesiones de quimioterapia. Aprendí entonces que si uno de los cimientos de cualquier sociedad es la educación y el esfuerzo que a ella se dedica, en su red sanitaria reside el corazón mismo de los sentimientos de aprecio y respeto hacia los demás. Ese cuidado es la clave de un baremo que se ignora en los informes a pesar de su enorme trascendencia, ya que certifica no sólo la salud de los miembros de una comunidad, sino también, y en idéntica medida, la propia salud de los valores que la dignifican.

(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 27 de octubre de 2013)

domingo, 15 de abril de 2012

Mi padre

En ocasiones es un objeto, una palabra o -tantas veces- una música la que actúa como un foco en la memoria: una luz que se abre paso en el silencio del olvido o en las tupidas redes que va tejiendo la tristeza. Y, de pronto, vuelve a nosotros algo que creíamos desaparecido para siempre. Y llega acompañado de una emoción nueva, de esa emoción que aporta cuanto hemos vivido desde entonces. Esa experiencia que se acumula en la memoria y, alternativamente, la alumbra o la cubre de polvo. 
El 14 de abril era el cumpleaños de mi padre. Ese día escuchábamos los discos que le habíamos regalado. "No ha salido ninguno flamenco", le decía a mi madre cuando le pedíamos que apagase o, por lo menos, bajara el volumen de unas bulerías cantadas por Manolo Caracol, "Porrinas" o "El Agujetas". Cantaba muy bien. Cantaba constantemente. Mientras trabajaba (lo mismo colocando una fachada que montando un panteón...: era marmolista), mientras conducía... en cualquier momento. Cantaba. Le oíamos llegar a casa un poco antes de que abriese la puerta. Él no podría imaginar cuánto echo de menos escucharle. Precisamente yo, que le cambiaba en el coche una cinta de Camarón por otra de Ligeti y me pasaba el día estudiando partituras contemporáneas. ("¿No puedes tocar a Chopin o a Falla, hijo?"). 
Lo que más añoramos de la vida son los momentos cotidianos. Esos momentos que no percibíamos, que parecían triviales; que eran, como respirar, inconscientes e indispensables. Es en esa atmósfera donde se aprenden las lecciones más importantes de la vida. 
Siento una infinita impotencia por no poder contarle tantas cosas que han sucedido en los últimos siete años, por saber que nunca conocerá a esas personas para mí esenciales de las que no llegó a saber nada, ni siquiera a sus nietos, a él, que le apasionaban los niños y besaba y abrazaba a cualquiera de los que veía. 
A pesar de todo, me consuela la certeza de que fue un hombre feliz. Disfrutó de todo con un extraordinario amor por la vida. Albert Sardà, en la dedicatoria de la pieza que compuso en su memoria, decía que su carácter estimulaba las ganas de vivir. Román Alís, Josep Soler y Francisco García Álvarez le dedicaron también piezas bellísimas. 
En Tierras de penumbra se dice que "el dolor de ahora es parte de la felicidad de entonces". Lo recordé en su entierro y lo recuerdo siempre. Si somos imprescindibles es únicamente gracias al amor. Sólo el amor nos hace únicos. Porque podemos sustituir todo, excepto lo que amamos.

Un beso, papá.

lunes, 28 de marzo de 2011

Aquel 28 de marzo

Aquel 28 de marzo es el título de la pieza que Francisco García Álvarez compuso en memoria de mi padre. Aquel 28 de marzo fue el de 2005.
Quien muere está ya fuera del tiempo. Mi padre murió hace seis años y quienes le quisimos y le querremos siempre, notamos su ausencia también fuera del tiempo. Sé lo que son seis años tomando como referencia cualquier suceso, cualquier persona. Pero no sé lo que son seis años al pensar en él. Tengo la impresión de que seis años pueden ser cincuenta, o uno; incluso cinco minutos; incluso nada. No sé cuántos son seis años sin verle, sin oírle cantar, sin conversar con él. Ese tiempo que vivió se resiste a ser un espacio cerrado, concreto. Ese hueco que se formó aquel 28 de marzo está conmigo cada momento. Ninguna felicidad es del todo completa, porque es la muerte un instante que jamás termina.