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miércoles, 13 de mayo de 2015

Homenaje musical al silencio

Pedro Aizpurua cumple hoy 91 años. Pedro ha sido un insustituible maestro y amigo desde el día en el que, siendo yo niño, me senté a su lado mientras tocaba el órgano y leí por primera vez nombres mágicos como los de Antonio de Cabezón o Francisco Correa de Arauxo. He tenido multitud de conversaciones con él, sin límite de temas ni de tiempo. 
Cuando estrenamos este Homenaje hubo en el escenario cuadros de Jesús Capa, otro gran amigo, también muy importante para mí. Su obra y la de Pedro se unen en esa búsqueda del silencio y la belleza. Una búsqueda que en este vídeo se siente con una emocionante profundidad.

domingo, 22 de febrero de 2015

Madrid





El pasado jueves tuve el honor de hacer el concierto inaugural del XXV Festival de Arte Sacro de la Comunidad de Madrid, en el Palacio Bauer, con un programa destinado a la conmemoración del quinto centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús. 



Con Tomás Marco, Jesús Legido, Teresa Catalán y Encarna López de Arenosa


Obras de Claudio Prieto, Tomás Marco, Carme Fernández-Vidal, Carles Guinovart, Benet Casablancas, Antonio de Cabezón, Teresa Catalán, Francisco García Álvarez, Josep Soler y Jesús Legido.

domingo, 28 de abril de 2013

Música para Gabriel


Aunque convivan a lo largo de muchos años con nosotros, hay personas que se hacen indisociables a una etapa precisa de la vida y resulta casi imposible construir su narración lejos de su presencia determinante.
Gabriel Pellitero se encontraba muy enfermo. Tanto que sentíamos la inminencia de su muerte, de esa despedida que transforma el mundo del que formábamos parte: el final del mundo, en palabras de Jacques Derrida, “como totalidad única, por lo tanto irremplazable y por lo tanto infinita”.
Recorro mi infancia y juventud, el color del verano sobre las eras y los parques de Medina de Rioseco que enmarcaban los juegos en un tiempo sin orillas. Si queremos saber quiénes estaban allí o no, basta con evocarlos y comprobar si su recuerdo proyecta esa luz idéntica, recién nacida siempre, inalterable.
Don Gabriel fue párroco de Rioseco durante más de medio siglo. Suficiente para ser testigo de toda felicidad y de toda tristeza. Ofició la boda de mi padre en 1970 y su funeral en 2005. En el mismo lugar de Santa María, la iglesia en cuyo órgano descubrí la inagotable hermosura de las músicas compuestas por Cabezón, Correa o Cabanilles. Las escucho ahora, mientras se alejan los ruidos de lo prescindible y sólo permanece esa armonía que desearíamos traer hasta nosotros y habitar en ella.
Conservo la imagen de don Gabriel en su despacho, rodeado de libros que suscitaban mi atrevida curiosidad: colocados juntos los que servían como registro de nacimientos y los que consignaban las defunciones. Entre esos volúmenes latían las serenas fuentes y las verdes praderas que él me mostraba en los Salmos.
Y hacia ellas caminó firme y seguro: convencido de que iba a disfrutarlas eternamente.

(Publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 28 de abril de 2013)