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viernes, 28 de marzo de 2025

Un recuerdo sobre Miguel Hernández

Un día como hoy, de 1942, falleció Miguel Hernández.
Varias veces contó Félix Antonio González, delante de mí, lo siguiente: Félix y Manuel Alcántara visitaron a Josefina Manresa. Al verla, dudaron si era efectivamente ella. "¿Eres la mujer de Miguel?". A lo que respondió: "Gracias por no decir su viuda".

miércoles, 15 de diciembre de 2021

Carta a Félix Antonio González en el centenario de su nacimiento


El jueves intervine en la Real Academia de Bellas Artes para recordar a Félix Antonio González. Le echamos mucho de menos.


Con Carmen Jiménez Tola, viuda de Félix Antonio



Edición digital de El Norte de Castilla

El Norte de Castilla, 9 de diciembre de 2021



viernes, 10 de diciembre de 2021

Fragmento de la "Carta a Félix Antonio González en el centenario de su nacimiento"

Fragmento de la "Carta a Félix Antonio González en el centenario de su nacimiento", de Diego Fernández Magdaleno. 
Valladolid, Real Academia de Bellas Artes.
Casa de Cervantes, 9 de diciembre de 2021.

martes, 23 de noviembre de 2021

Alfonso X y Joan Altisent

El 23 de noviembre de 1221 nació Alfonso X. En la memoria de todos están las Cantigas, que han influido e inspirado a muchos artistas. Entre ellos, a Joan Altisent, de quien muestro un manuscrito de su obra Diferencias sobre una cantiga del rey Alfonso X El Sabio.


 

miércoles, 17 de noviembre de 2021

Ha fallecido Félix Cuadrado Lomas

Ha fallecido Félix Cuadrado Lomas. Siento por él un gran cariño desde que le conocí gracias a Miguel Frechilla y Félix Antonio González.
Aquí dejo en su memoria una pieza de Román Alís junto a algunas de sus pinturas.
Siempre le recordaremos.

jueves, 29 de julio de 2021

Centenario de Félix Antonio González

Hoy hace cien años que nació Félix Antonio González. Fue director de El Norte de Castilla, miembro de la Real Academia de Bellas Artes de Valladolid, Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo...
En este vídeo, además de todo eso, recuerdo a un gran amigo.


 

jueves, 15 de marzo de 2018

domingo, 17 de marzo de 2013

Tres años sin Delibes


Miguel Frechilla acostumbraba a colocar un adhesivo rojo a las publicaciones en las que aparecía. Era común, por razones obvias, verlos brillar en libros o revistas musicales, pero también los recuerdo en obras de Francisco Javier Martín Abril o Antonio Corral Castanedo, a quienes leía –igual que a tantos otros- por indicación de Miguel. Una tarde, al buscar nuevos textos para esa semana encontré Un año de mi vida, de Miguel Delibes, adornado por el inconfundible círculo. Frechilla me hablaba con admiración y afecto de un hombre considerado ya como uno de los grandes escritores contemporáneos, y me mostró el comentario en el que le citaba.
Años atrás, había publicado la revista del colegio San Buenaventura de Medina de Rioseco un comentario mío sobre Tres pájaros de cuenta. Esas impresiones infantiles me producían el cariño especial que se siente hacia lo nunca repetido. Por eso, cuando Frechilla me presentó a Delibes y le mencionó esa anécdota, sentí un efecto simultáneo de pudor y emoción. En aquel momento conocía un buen número de novelas suyas, pero no me atreví a decírselo. No dije nada, creo. Delibes hablaba con una riqueza y una precisión léxica deslumbrantes. Le escuchaba atónito y maravillado, intentando que mi memoria retuviera la experiencia de escuchar una voz que hasta entonces me había llegado sólo a través de la lectura.
En otros encuentros posteriores, acompañado por Frechilla o por Félix Antonio González, sí mencioné a los personajes de sus novelas que sentía más cerca de mí, de ese mundo durísimo en ocasiones, donde los seres humanos y su paisaje se esculpían mutuamente forjando una pasión rigurosa y profunda que muchos no podemos separar de sus palabras. 

(Artículo publicado el El Mundo, edición de Castilla y León, el 17 de marzo de 2013)

miércoles, 10 de octubre de 2012

Reencuentro con Félix Antonio


Solía decir Félix Antonio González que desde la muerte de su padre, el compositor Félix Antonio, no había vuelto a poner las manos en un teclado para evitar que los fantasmas le pasaran la hoja. En cualquier circunstancia de la vida, Félix tenía la referencia de su padre, que no se proyectaba sobre él como una sombra sino, por el contrario, como una luz que comenzó en su infancia y no le abandonó hasta su muerte. Al describir esos primeros años, Félix dejaba constancia de un mundo gris y triste, sórdido en ocasiones, pero cuyas consecuencias nunca llegaron a afectarle gracias a su padre y al ambiente que le rodeaba: la música, la literatura, las artes plásticas… Los amigos de su padre le hacían partícipe de todo aquello con absoluta naturalidad: Félix leía en los versos que llevaba a su casa Jorge Guillén, descubría la pintura mientras veía los pinceles de Cristóbal Hall y, a los cinco años, recibió en su casa la visita de Federico García Lorca, además de muchos otros artistas que residían o se encontraban, circunstancialmente, en Valladolid.
Por eso, cuando el compositor Francisco García Álvarez defendió el pasado lunes su tesis doctoral sobre Félix Antonio, en la Universidad de Cantabria, me emocioné al sentir la ausencia de Félix, porque habría comprobado que el excelente trabajo de nuestro común amigo ponía de manifiesto lo que durante tantos y tantos años parecía  haber sabido sólo él, como quien porta un maravilloso tesoro que es invisible a los ojos de los demás, con la enorme tensión entre alegría y angustia que eso conlleva.
Estoy seguro de que Félix hizo realidad, por un instante, algo anticipado en unos versos suyos: “se me verá una lágrima... / O una estrella”. 

(Artículo publicado el El Mundo, edición de Castilla y León, el 30 de septiembre de 2012)

viernes, 12 de marzo de 2010

Ha muerto Miguel Delibes


Tras una de sus inolvidables clases, acompañé a Miguel Frechilla hasta la Plaza de España. Justo antes de llegar a ella, Frechilla me presentó a Miguel Delibes. Hablaron sobre El Norte de Castilla, diario que Delibes dirigió y en el que Frechilla colaboraba como crítico de música. Yo era un adolescente asombrado ante dos personas por las que sentía -y siento- una infinita admiración.
Recuerdo un divertido encuentro, esta vez con Félix-Antonio González, Antonio Corral Castanedo... y tantas otras ocasiones en las que pude disfrutar con las palabras de este absoluto maestro de nuestro idioma, de un novelista excepcional que ejerció el periodismo durante toda su vida.
El primer texto mío que se publicó fue en la revista del Colegio de San Buenaventura, Rincón del estudiante se llamaba. Yo tenía nueve o diez años, y era el comentario de un libro: Tres pájaros de cuenta, de Miguel Delibes.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Valladolid

Toqué el martes dentro de la programación del Ateneo de Valladolid. El concierto tenía como base a tres compositores: Isaac Albéniz, Agustín González Acilu y Francisco García Álvarez.
Entre el público, la emocionante presencia de toda la familia de Félix-Antonio González, al que recordé antes de comenzar la Canción de cuna de su padre.

sábado, 31 de octubre de 2009

Homenajes a Juan-José Martín González y Félix-Antonio

Junta ordinaria en la Real Academia de Bellas Artes. Entre otras cuestiones, hemos elegido las fechas y los participantes para las sesiones de homenaje a Juan-José Martín González y Félix-Antonio. Tendrán lugar, respectivamente, el 12 y el 19 del próximo mes, en la Casa de Cervantes.
José-Carlos Brasas, José-Defín Val y yo recordaremos a Félix-Antonio.
En mi concierto del martes, también habrá palabras dedicadas a Félix.
Qué distinta es la ciudad sin él.

jueves, 8 de octubre de 2009

jueves, 1 de octubre de 2009

Félix-Antonio

A las pocas horas de conocer la muerte de Félix-Antonio, me vino a la memoria un verso de Apollinaire, descontextualizado, como una luz abriéndose camino entre la tristeza. El verso sigue advirtiéndome al oído, casi un susurro inmóvil e incesante: "En mí mismo he visto crecer todo el pasado". La intersección entre lo que hemos perdido y lo que aún nos espera es siempre desconcertante. Hay un presente que vivimos como frontera permanente con el futuro. Y a la vez nos acercamos a ese límite con un bagaje de recuerdos, de aquello que traemos a este mismo instante, a este ahora impreciso y frágil, persuadidos de que es una forma de revivir lo que tanto amamos y ya nunca volverá a estar con nosotros.
Félix-Antonio González era un gran amigo, un hombre de extraordinaria inteligencia y una figura esencial del paisaje vallisoletano. Jamás te olvidaré, querido Félix.