Mostrando entradas con la etiqueta Sor Piedad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sor Piedad. Mostrar todas las entradas

viernes, 27 de octubre de 2017

Sor Piedad

Las Clarisas de Medina de Rioseco necesitaban unas clases de música destinadas al canto y a unos mínimos conocimientos técnicos para que el órgano acompañase la liturgia. 
Había tocado, de niño y adolescente, en los triduos y novenas que se celebraban en los monasterios de Rioseco, pero a partir de esa cita dominical, siempre después de la comida, se fue tejiendo un cariño que no hizo sino aumentar con el tiempo. 
Lejos de ser ellas las agradecidas -me recibían con dulces, pañuelos bordados con mis iniciales...- quien sentía una verdadera deuda era yo. Su actitud, el silencio misterioso de las galerías, la emoción con la que se referían a sus amados Clara y Francisco...
Sor Piedad ha muerto. Hablaba de su enfermedad con la ternura de quien cree que el amor y la vida son sinónimos.
En el monasterio, junto al claustro, conviven el jardín, la huerta y el cementerio. Está, en una imagen sola, toda nuestra existencia. Saber eso es, quizá, saberlo todo. 
Nunca te olvidaré, Piedad, querida amiga.