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domingo, 24 de septiembre de 2023

Juan Cruz escribe sobre el concierto de Diego Fernández Magdaleno en memoria de Javier Marías

Días atrás, cuando hacía el año de la muerte de Javier Marías, el músico Diego Fernández Magdaleno ofreció un concierto que incluía obras inspiradas por libros del escritor fallecido. Fue en la Academia de Bellas Artes, y aquel recinto, marcado por las súbitas mareas de sol que desprenden las claraboyas, resonó como una obra literaria ordenada por el autor que las inspira. Hubo allí, con Diego Fernández al piano, obras de Enrique Franco (tío de Javier), Francisco García Álvarez (una versión de Berta Isla), Carme Fernández-Vidal (Javier Marías in memoriam), Jesús Legido (Corazón tan blanco, estreno absoluto), y, entre otras composiciones y compositores, una Pavana a la memoria de Xavier I, Rey de Redonda, estreno también de Francisco García Álvarez, en homenaje al rey que ahora ha dejado vacante su sede en un reinado que él, Javier Marías, cuidó tanto como cuidó las amistades y los libros.

En aquel concierto había una luz como despejada, las claraboyas emitían fogonazos que parecían ritmos de las partituras, y resultaba imposible no imaginar, con los sonidos, que por allí estaba el autor de tanta ficción escribiendo lo que ya no se podrá leer.

Diego Fernández Magdaleno le dijo a este periodista: "Al leer a Javier Marías sentimos un contexto sonoro construido por el ritmo de una sintaxis de inmediato reconocible. El aliento de la frase, la tensión de la escritura, es parte de esa música de Marías que siempre resonará en nosotros".

Artículo completo aquí.

martes, 7 de agosto de 2007

Ojalá octubre

Ojalá octubre, el último libro de Juan Cruz, es la crónica de un viaje: el de la mirada interior que busca en la memoria respuestas que terminan en nuevas interrogaciones. La dificultad, conmovedora en cada página, de dar cuenta de ella en todo su dolor, con toda su entereza.
Volver, en la mirada última del padre, a un mundo pequeño, delimitado claramente e inabarcable a la vez, capaz de dar cobijo y proteger del miedo. Así va dibujándose el autor, palabra tras palabra, explicando cómo el tiempo juega con la memoria. Y viceversa.
Dice Juan Cruz que su padre nunca se quiso despedir. El mío, tampoco. A mí, como a él, me miró en la habitación de un hospital, sin preguntar nada, que es una forma de preguntarlo todo.
En Ojalá octubre la melancolía salta de la línea hasta el lector, lo envuelve en una espuma blanca para que entienda, de una vez por todas, que "el horizonte es una casa que también se pierde".