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sábado, 23 de julio de 2011

Mi abuelo Pablo

Se ha inaugurado ayer una exposición en el Ayuntamiento de Medina de Rioseco sobre la historia de la Banda Municipal, a la que pertenecieron, de distintas maneras, mi bisabuelo Toribio, mi abuelo y sus hermanos.
Pocas veces una ausencia ha sido tan presente como la de mi abuelo Pablo. Aquí, mi memoria está compuesta de relatos ajenos, de las palabras que le describen como un hombre de gran talento y generosidad: cuando él murió yo aún no había cumplido cuatro años. 
Expresó su deseo de enseñarme música. No pudo hacerlo, por desgracia. Pero en su piano comencé a estudiar, a descubrir, asombrado, un nuevo mundo del que ya no volvería a separarme.
Su recuerdo ha sido siempre una fuente de inspiración para nuestra familia. Un recuerdo que hemos cultivado con todo el cariño y la admiración de la que somos capaces.


Parte dedicada a mi abuelo Pablo

miércoles, 28 de marzo de 2007

Antonio Novo

En Medina de Rioseco hay muchos lugares llenos de belleza. No voy a referirme a los más conocidos. En este momento, mi recuerdo se concentra en un espacio al que dotaba de vida un hombre inteligente y bueno: Antonio Novo. En la calle Mayor, su casa: un inolvidable recinto en el que pasé buena parte de mi adolescencia.
Tras cruzar unas habitaciones se llegaba a lo que Toto definía como “sus dominios”. La primera vez que entré, pude sentir lo mismo que un aventurero ante un tesoro inesperado; esa belleza perdida, como una luz lejana en la memoria: instrumentos musicales, partituras, relojes, fotografías, cuadros, dibujos y todo tipo de herramientas. Tenía multitud de cámaras fotográficas, y en el cuarto de revelado hablábamos mientras las imágenes tomaban forma en la humedad del papel. En la planta baja, junto a un órgano construido por su hijo mayor, tocaba el violín y yo el piano. Bach y Schubert, sobre todo.
Nos separaban muchos años, más de medio siglo, pero la amistad es ajena a cualquier cronología. Sin embargo, como consecuencia de esa distancia, me hizo querer a familiares míos a los que no conocí. Estudió música con mi bisabuelo Toribio y fue amigo de sus hijos, entre ellos Pablo, mi abuelo. Toto los evocaba con su voz grave, inconfundible, en contraste con su cuerpo, muy delgado en los últimos años. Era un ejemplo de afabilidad, de la humilde comprensión que entiende la convivencia con auténtica sabiduría.
Nunca podré agradecerle todo lo que me enseñó. A mí y a cuantas personas tuvieron la fortuna de conocerle.