miércoles, 29 de junio de 2011

Fin de curso

Hoy, en el Conservatorio de Valladolid, hemos celebrado el último claustro del curso.
Aquí están algunos de mis compañeros:

                                    Con Mabel Núñez, Conchi Hernández, Laura Mozo, Margarita Arcones, 
Nacho Renedo y Paloma Ramos


Con Angelines Porres, que vuelve a la docencia tras ocho años en el 
Ayuntamiento de Valladolid


Con Víctor Rubio (Mefis) y José-Ramón Echezarreta

Con Loli de Diego, Elena Ruesga, Cristina Garrote, Paloma Ramos
 y Rosa Simón

domingo, 19 de junio de 2011

Madrid


Con Teresa Catalán y Cecilia Esparza

Con Carme Fernández-Vidal y Dolores Serrano

Con José-María Goicoechea

Con Claudio Prieto, Agustín Maruri y Elena Sánchez Ramos (viuda de Delfín Colomé)

Con Patxi Larrañaga

Con Agustín González Acilu

Teresa y yo (Fotografía de Javier Ecay)

domingo, 22 de mayo de 2011

Valladolid

Eva Gigosos me invitó a dar una conferencia sobre Franz Liszt, que introdujera su interpretación de la Sonata en si menor.
Es lo que hicimos el pasado jueves en la sala de cámara del Centro Cultural Miguel Delibes.


martes, 17 de mayo de 2011

Barcelona

Toqué el viernes en Barcelona, dentro del Ciclo de Música de los siglos XX y XXI organizado por la Fundació de Música Contemporània.

Justo antes del recital, participé en una mesa redonda con César Calmell, Jorge de Persia, Miquel-Lluís Muntané y Albert Sardà.
Muchos amigos, como siempre en Barcelona.
Por tantas razones, fue un viaje inolvidable.

lunes, 9 de mayo de 2011

Valladolid

El viernes participé en la Feria del Libro de Valladolid junto a Teresa Catalán, Juan-Francisco de Dios y Tomás Marco. Hablamos, recordamos y toqué música de nuestro inolvidable amigo Ramón Barce. Con nosotros estuvo su viuda, Elena Martín.



domingo, 17 de abril de 2011

Cartas de navegación y olvido

Cartas de navegación y olvido. Poemas de Belén Artuñedo e ilustraciones de Lía Kaufman, publicado por lf ediciones.


"Baja hasta mí / en la última luna de todos los meses. / Para amarme. / Y después de la sal, el vino y el abrazo, / regresa a tu pueblo. // Yo abriré la ventana y dibujaré el plano de la última ruta, / la senda descubierta con perfiles de flor, el camino a tu casa, / siempre la misma línea cogida de mi mano. / En la puerta adonde asomo para recibirte, / yo ya te habré esperado."

miércoles, 13 de abril de 2011

Rueda de prensa

En el Museo Patio Herreriano de Valladolid hemos presentado la Asociación de Compositores e Intérpretes de Castilla y León. Nos gustaría que fuera el primer paso de un camino largo y fértil.

Con Edson Zampronha, Jesús Legido y Claudio Prieto


martes, 5 de abril de 2011

Ha muerto Catalina Montes



Catalina Montes era -y será siempre- una referencia ética, una imagen de la dignidad más pura; del amor expresado con esa sencillez que no puede impostarse, del amor abierto a todos, sin condiciones. Qué emoción estar junto a esta mujer sabia y generosa, qué maravilloso privilegio conversar con ella, sentirla cerca, respirar su bondad.
Querida amiga: será imposible olvidarte.


lunes, 28 de marzo de 2011

Aquel 28 de marzo

Aquel 28 de marzo es el título de la pieza que Francisco García Álvarez compuso en memoria de mi padre. Aquel 28 de marzo fue el de 2005.
Quien muere está ya fuera del tiempo. Mi padre murió hace seis años y quienes le quisimos y le querremos siempre, notamos su ausencia también fuera del tiempo. Sé lo que son seis años tomando como referencia cualquier suceso, cualquier persona. Pero no sé lo que son seis años al pensar en él. Tengo la impresión de que seis años pueden ser cincuenta, o uno; incluso cinco minutos; incluso nada. No sé cuántos son seis años sin verle, sin oírle cantar, sin conversar con él. Ese tiempo que vivió se resiste a ser un espacio cerrado, concreto. Ese hueco que se formó aquel 28 de marzo está conmigo cada momento. Ninguna felicidad es del todo completa, porque es la muerte un instante que jamás termina.

domingo, 27 de febrero de 2011

Mi madre

Aunque el cumpleaños de mi madre fue el día 21, lo hemos celebrado hoy. 
Felicidades, mamá.

sábado, 26 de febrero de 2011

domingo, 23 de enero de 2011

Lámparas


El viernes se presentó Lámparas, el nuevo poemario de Luis-Ángel Lobato, en Medina de Rioseco. (Las fotografías son de Fernando Fradejas)



Oscar Wilde señalaba con mucho acierto que “sólo podemos ser objetivos con lo que nos resulta indiferente”. Por eso, porque Luis-Ángel Lobato es un gran amigo desde hace tanto tiempo, me resulta difícil ese tono de objetividad que requiere la presentación de un texto, el enfoque exacto y riguroso para que, según la idea de Carlos Edmundo de Ory, no se me suba la sangre a la palabra. Aunque quizá de eso se trate, ya que la lectura de un libro como Lámparas es tan sobrecogedora e intensa que lo principal y urgente es dejar constancia de haber vivido una iluminación poética de altísimo nivel, de haber cerrado un libro que, como todos los suyos, volverá a abrirse a lo largo de los años.
"Deambulad entre la niebla y observad los mensajes de la escarcha, día tras día”. Como en este poema de Pabellones de invierno, así nosotros deambularemos por estas páginas y observaremos estos versos una y otra vez: todo aquello que se nos escapó en las anteriores lecturas, esa belleza que fue esquiva entonces y que tomará, poco a poco, la forma de nuestro deseo, de ese deseo que transforma cuanto toca y nos permite desvelar lo inadvertido en otro contexto, pero mostrado desde el primer instante por el poeta.
He paseado muchísimas veces con Luis-Ángel y siempre me deslumbró la infinita lucidez de su mirada. Nos deteníamos en medio del campo y decía: “Mira, Diego, un paisaje lunar”. Y, desde luego, lo era. O en un pequeño rincón de Rioseco: “Mira: Irlanda”. Ese poder evocador, esa capacidad para ver con nitidez lo que la costumbre oculta, es llevado al extremo en sus poemas, en una superposición y riqueza de imágenes extraordinaria e infrecuente, creadoras de un mundo poético singular, irrepetible.
En una entrevista con Miguel Casado, recopilada en su libro De los ojos ajenos, Luis-Ángel Lobato explica que “la ficción es lo supremo para quien escribe. La madurez de una escritura pasa por ir profundizando en esa ficción, que es distancia con el personaje del poema”. Señala que, antes de Galería de la fiebre, su lenguaje “tenía un barroquismo bastante influido por algunos surrealistas, como Aleixandre o Paul Eluard”. A partir de su primer libro publicado hay una búsqueda constante de un lenguaje más sintético que va evolucionando y desgranándose en las obras posteriores, hasta llegar a Lámparas, que se presenta en la hermosa edición de Tansonville, que el editor, también poeta y amigo Eduardo Fraile dirige con un cuidado y delicadeza que únicamente puede dar frutos bellísimos.
Luis-Ángel ha manifestado que Lámparas es la historia de amor de un hombre en un solo día, de ahí su división en “Mañana”, “Tarde” y “Noche”. Pero en un día caben todos los días y en un amor concreto, todo el amor del mundo. “Lámparas” es una palabra que aparece en cada uno de los libros de Luis-Ángel. En Galería de la fiebre, leemos: “Dentro de esta noche / el temblor de las lámparas, el invierno / encendido / al final de las horas, la locura / de mis ojos verdes, / de pronto”. En el primer poema de Pabellones de invierno: “Aquel invierno usurpado, el enfermizo panorama del / humo, algo / como la alergia de un arañazo en el yeso / o un mapa de humedad al sur de las grietas. Las lámparas”. Después: “Aparecía como un rasgo en la ventana, apenas un cambio / de color. Sin embargo, / iba desvaneciendo el significado de los objetos, el tono / espeso / y curvo de las lámparas, entonces ya, encendidas en la / tarde”. En Regreso al tiempo, vuelven a aparecer: “Una visión ondulada: el borde al despertar. Aquel tiempo decaía como un portal sin retorno: visillos de lámparas encolados por el crepúsculo”. También: “Desde las lámparas visibles, una berlina cruzando el aire, lentamente como la edad, como las amapolas negras”.
Ahora las lámparas iluminan el título de este último libro de Luis-Ángel Lobato, que se abre sin excusas, con la exposición directa del yo poético que va a acompañarnos en la obra: “Nada más. // Pero no sé por qué pronuncio / tu nombre. // Suturo sus grafías / en un papel cobalto / y las transformo / en sonidos / al llegar tóxica / la ensamblada luz / del amanecer. // La nieve es inconstante / pero resiste. // Los tejados ayer fueron / escarlatas. // Ahora fluyen luminosos. // Me siguen hablando de ti”.
La nieve, siempre. Esa nieve real y metafórica a partes iguales que cruza cada poema y ese color que Luis-Ángel nos describe: “Atardecía / entre las congeladas cúpulas / de cinco millones / de azules rascacielos”. “Recibo informaciones, / parpadeos / títulos tachados / con carmín sobre la nieve”.
Hay un momento decisivo, que ha ido aumentando en cada lectura del libro. No solamente por el valor que como tal poseen: también por su efecto de desembocadura de cuanto les precede. Los dos últimos versos de uno de los poemas de “Noche”: “Te llevaría a poblar / un nuevo mundo”. Creo que no hay síntesis más pura del amor, del deseo del enamorado, de ese tesoro inabarcable que lleva con él –en sí mismo, inundándolo por entero- y no sabe dónde colocar cuando se rechaza. “Te llevaría a poblar / un nuevo mundo”. Esa visión más allá del anhelo por compartir la vida en un espacio conocido y habitado, sino de inaugurarlo todo, de que ese amor desborde tiempo y geografía.
Sólo un poeta como Luis-Ángel Lobato puede llevarnos a esa desolación y a esa esperanza.