domingo, 6 de enero de 2013

Cuento de Navidad


Antes de salir, volvió a leer unas palabras escritas para la presentación del libro de un amigo: cada día de nuestra vida tiene una luz que viene del pasado. Buscaba esa luz, no la sentida por Fray Luis de León al escuchar a Francisco de Salinas en su maravillosa oda, sino una luz madura y diferente: la luz usada que envuelve la memoria de los ojos y empuja hasta este mismo instante aquellas emociones que se daban por perdidas o, más aún, de las que no había el menor rastro consciente, y traen aromas y paisajes olvidados.
En los días de Navidad recorría las calles de Medina de Rioseco y notaba la ternura de esa luz interior posándose en las palabras y en la piedra, en los cercanos campos y en los cuerpos. Pensó que, por mucho que viviera, moriría muy ponto; que la ambición y el miedo son máscaras para ocultar la soledad y la intemperie de la muerte; que la ruindad y la injusticia no pueden convertir en llanto y miseria, en dolor y desprecio, la ayuda entre esas vidas que se encuentran y caminan hacia la penumbra de un final visible desde siempre.
Y por ello le asombraba que esa transformación sufrida por las personas durante la Navidad no fuera permanente; que el delirio fuera la expresión de un espíritu fraterno, cuando el delirio era, al menos para él, la certeza de un feroz egoísmo que se pretendía infinito e incuestionable. En Navidad podía manifestarlo sin parecer ingenuo, aunque con ese agotamiento que nombraba Pessoa: “cansa sentir cuando se piensa”. Cualquier rincón de Medina de Rioseco, por irrelevante que pareciese, despertaba un recuerdo en él: esa voz escondida que señala el espacio donde descansa todo lo que no ha muerto pero ya se ha perdido. 

(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 6 de enero de 2013)

sábado, 5 de enero de 2013

Madrid

Toqué el pasado día 27 de diciembre en Madrid. El concierto fue la clausura del COMA 2012 y estaba dedicado a Tomás Marco, como celebración de su setenta aniversario. 
Además de tres obras del homenajeado, estrené varias obras dedicadas a él, compuestas por Teresa Catalán, Carme Fernández-Vidal, Juan de Dios García Aguilera, Francisco García Álvarez, Claudio Prieto y Josep Soler.
Muchos amigos allí presentes (qué lástima no tener imágenes de todos) lo convirtieron en un día realmente entrañable. 

 Juan de Dios García Aguilera, Claudio Prieto, Teresa Catalán, 
Carme Fernández-Vidal, Tomás Marco y yo 

 Con Encarna López de Arenosa

 Con Tomás Marco y Flores Chaviano

Con Manuel Angulo y Cruz López de Rego

Con María Rosa Cepero

miércoles, 2 de enero de 2013

Etiopía, paso a paso


Cuando comencé a trabajar como profesor en el Conservatorio de Valladolid, la fortuna me regaló un maravilloso grupo de alumnos que, además del ya imaginable interés por la música, sentía una enriquecedora curiosidad por toda forma artística y otros muchos ámbitos del conocimiento. Esa actitud les acompaña hoy en sus diversas profesiones, y resulta indispensable para perseguir con rigor la medida de un saber artificialmente separado, que necesita de una constante interrelación para ser comprendido en profundidad. 
Uno de esos niños era Borja Santos Porras. Siempre tuvo una gran sensibilidad y preocupación hacia los problemas de sus compañeros, y no me ha extrañado que ese comportamiento generoso creciera hasta convertirse en el centro de su vida, dedicada a la ayuda y cooperación internacional en varios países. Ecuador y Etiopía han tenido una importancia especial, y de ambos va a quedar un testimonio significativo: la comprometida y lúcida mirada de Borja sobre aquellos lugares que conoce y ama.
Si en 2010 fue Ecuador, ahora es Etiopía la destinataria de una exposición fotográfica en el Espacio Joven de Valladolid, formada por una pequeña muestra de las más de cinco mil imágenes tomadas por él, que abarcan la diversidad etíope y el enorme cambio que se está produciendo, transformador de las personas y de los paisajes. Su cámara refleja esa evolución y, por supuesto, su propia subjetividad, situada en la fértil frontera de quien no es nativo pero tampoco extranjero. Desde allí, Borja Santos nos sitúa ante un espacio que de inmediato arroja esas preguntas primordiales, postergadas tantas veces: un encuentro donde África es algo más que un arañazo en nuestra conciencia.  

(Artículo publicado el El Mundo, edición de Castilla y León, el 23 de diciembre de 2012)

domingo, 23 de diciembre de 2012

Valladolid

Esta mañana he presentado en el Espacio Joven de Valladolid, junto a Fernando Manero, la exposición Etiopía, Kes be kes, de Borja Santos.

Con Borja y Fernando

Con Manuel Bocos y Luis García Vegas

Con Cristina Adeva Fernández, mi prima

Con Nuria Torres Lobo y Roberto Sanz Asensio

domingo, 9 de diciembre de 2012

Oración paralela


Al conocer la triste noticia de su muerte, leo de nuevo algunas de las cartas que Luis de los Cobos me envió desde 1994, año en el que está fechada la primera de ellas. Abro los sobres con ese pequeño temblor que sacude a la memoria cuando un tiempo se cierra para siempre y las palabras nos trasladan, sin esfuerzo alguno, al momento en el que llegaron a través del correo, recién escritas.
No había escuchado el nombre de Luis de los Cobos hasta que Miguel Frechilla lo pronunció en una de sus clases. Le mostré de inmediato mi curiosidad por estudiar las partituras de su amigo, nacido como él en Valladolid, y al que circunstancias de diversa índole habían llevado a residir en Ginebra. Sólo más tarde supe de la enorme fortaleza que constantemente opuso a la adversidad y al dolor.
Ignoro de qué podía yo hablarle, salvo por lo que deduzco de sus respuestas, pero me causaba asombro –y me conmueve ahora- la sinceridad con la que se dirigía a mí, expresándome el urgente deseo de finalizar ciertas obras frente a la enfermedad acechante, o la tristeza producida por la escasa presencia de su música en España. Todo esto estuvo presente en una conversación, inolvidable, que mantuvimos mientras dábamos un largo paseo por la ciudad donde transcurrió su infancia y juventud. Compró unos juguetes para sus nietos y vi que proyectaba en ellos una idea de felicidad llena de frescura y, también, de alivio y consuelo. Nos despedimos. Nuestra correspondencia fue espaciándose poco a poco y sus posteriores visitas me encontraron siempre de viaje.
Escucho una de sus primeras piezas. Le digo adiós y vienen, sin avisar, dos versos de Juan Gelman: “En mi puerta el sol dora / pasados por venir”. 

(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 9 de diciembre de 2012)

jueves, 6 de diciembre de 2012

Día de la Constitución

Pablo, con el recuerdo de la Mención que, junto a muchos otros amigos, me han entregado esta mañana en el Teatro Principal de Medina de Rioseco.


sábado, 1 de diciembre de 2012

Límite del espejismo


Desde el comienzo de la crisis resulta curioso comprobar cómo una parte del léxico económico se ha incorporado naturalmente a las conversaciones de quienes, hasta el momento, jamás habían empleado esa terminología, ni mostrado el menor interés por estos asuntos. Así, en cualquier reunión podemos escuchar acaloradas discusiones entre un profesor de música y un botánico, pongo por ejemplo, a propósito de las “acciones preferentes”, el “relevamiento de las expectativas del mercado” o la “volatilidad de un valor”, apreciándose un especial énfasis en “la demanda agregada” o el “swap de divisas”.
Nunca he entendido que una materia primordial y omnipresente como la economía estuviera incluida de un modo tan escaso en los planes de estudio. Pero pienso que el empleo de estos conceptos está menos relacionado con un imprescindible afán por conocer que con el factor clave de todo tiempo crítico: el miedo. Al nombrar nos sentimos más seguros, y deseamos que ese aparente control del lenguaje nos permita dominar el temor y la angustia. Además, cuando se hace el esfuerzo de comprender algo para lo que no se tienen instrumentos de análisis, suele caerse en la intransigencia o en la melancolía, y la primera prueba es el alejamiento de un entorno, el propio, que sí se puede interpretar.
Al ponerse de relieve el drama de una pobreza que se agrava cada día, al ver cómo hay personas que se suicidan mientras quienes tienen orden de desahuciarles suben por la escalera de su vivienda, se ha desmoronado el espejismo de ser expertos en lo que se ignora, para sentir una empatía que nos acerque a quienes sufren y nos permita abrir un camino urgente y eficaz ante esta devastación económica y ética. 

(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 25 de noviembre de 2012)

martes, 27 de noviembre de 2012

Bruselas





Toqué el domingo en el Auditorio del bellísimo Museo de Instrumentos de Música, el programa-homenaje a Jordi Savall, organizado por el Instituto Cervantes de Bruselas. Fui con Luis García Vegas. Encontramos a muchos amigos y conocimos a personas excelentes.




Bruselas

Con Luis, en Brujas


sábado, 17 de noviembre de 2012

Razón común


Habían insistido varios profesores del instituto en que íbamos a escuchar a un gran escritor, pero éramos adolescentes y a menudo comprobábamos que el interés de los adultos coincidía en raras ocasiones con el nuestro. Así que llenamos la sala del peculiar y transparente escepticismo que caracteriza esos años y, sin grandes expectativas, esperamos la llegada de aquel hombre tan destacado. Apareció y todos guardamos silencio, ese silencio palpitante que parece propicio para que fluyan la emoción y el asombro. Recitaba poemas intercalando comentarios y preguntas que hacía mientras estiraba un collar por encima de una camisa llena de los más diversos dibujos y colores. Nos impresionó, sin duda, porque ninguno esperaba ni remotamente lo que estábamos presenciando. Y fue conmovedora la autenticidad que transmitía, la fuerza y la pasión en su lectura, la deslumbrante lucidez que sentíamos como una celebración de la inteligencia.
               Se llamaba Agustín García Calvo y, en ese mismo instante, comencé a buscar sus libros y artículos, cualquier mención que se publicara en periódicos y revistas, muchas de éstas nada fáciles de conseguir. Además de sus textos, me descubrió los de autores (Parménides, Aristófanes, Plauto, Lucrecio, Sem Tob…) a quienes leí por primera vez gracias a él.
              Ahora, tras su muerte -al margen de algunos de sus planteamientos políticos, que ya desde entonces me resultaban poco próximos-, estoy convencido de que el conjunto de su obra ha de seguir alentando una esperanza en  esta sociedad que a veces desprecia lo mejor de sí misma y permite que la injusticia y la mezquindad acaben abalanzándose, puede que irremediablemente, sobre el amor, la libertad y la belleza.   

(Artículo publicado el El Mundo, edición de Castilla y León, el 11 de noviembre de 2012)

domingo, 11 de noviembre de 2012

Premio Servir 2012

La entrega el pasado viernes del Premio Servir 2012, otorgado por el Rotary Club, fue un acto inolvidable y emocionante. A ellos, con especial mención a su presidente, Eduardo Pascual Díez, les quiero expresar de nuevo mi gratitud por su generosidad conmigo. 
Fue un honor recibir este premio junto al Teléfono de la Esperanza y compartir unas horas con algunos de sus voluntarios, que son un ejemplo de sensibilidad y altruismo.
Y, por supuesto, gracias a mi familia y a mis amigos, que convierten en alegría todo lo que tocan, como unos Midas de la felicidad.  


domingo, 28 de octubre de 2012

Imágenes de Marilyn


Josep Soler me describe la fascinación que le produjeron los carteles de Niágara en las calles de Barcelona: la imagen de Marilyn Monroe y las cataratas le impulsaron a entrar al cine de inmediato. Soler, siendo un niño, encontró dos objetos que le marcarían para siempre: una pianola francesa y una máquina de cine. Alquilaba y compraba películas;  más tarde perseguía determinados títulos con esa impaciencia que es inseparable de las pasiones. Las obras de Griffith, Wiene, Lang, Cocteau y Dreyer, entre muchos otros, han sido indispensables en la configuración de su estética y, con frecuencia, inspiradoras del concepto escénico de sus óperas. Pero a ninguno de esos cineastas Soler ha dedicado un poema. A Marilyn, sí: un extenso poema sin signos de puntuación que discurre por paisajes de una bellísima y delicada tristeza.
He pensado en ese poema al visitar la exposición Marilyn, en la Casa Revilla de Valladolid, con fotografías pertenecientes al archivo histórico de la Getty Images Gallery. La vemos en situaciones muy diversas: maquillándose, asomada a la terraza del Hotel Ambassador, con Arthur Miller o Laurence Olivier… En ese instante detenido de cada fotografía percibimos dos proyecciones del tiempo: lo que la rodea está circunscrito a un momento histórico, fechado; Marilyn, sin embargo, parece estar fuera de él, hablándonos en el presente, porque sumamos cuanto sabemos de ella desde que se tomó esa imagen, y comprendemos que tras el carmín estallando en su sonrisa, se escondía el dolor congelado en unos versos: “Siento que la vida se me acerca / cuando lo único que quiero / es morir”. Y eso la aproxima a nosotros, como si hubiéramos recibido un secreto de sus labios.

(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 28 de octubre de 2012)

jueves, 18 de octubre de 2012

La ciudad de plata


Cuando visitamos con frecuencia cualquier lugar, descubrimos siempre algo que nació en las ocasiones anteriores y ha ido creciendo, silenciosamente, en nuestra memoria. Dice el neurólogo Antonio Damasio que en la base de cada pensamiento racional hay una emoción. Lo recuerdo ahora, tras un largo paseo por Burgos, como si fuera descifrando la ciudad con otros ojos: guiado por un libro de Óscar Esquivias, La ciudad de plata, que cumple una función de intérprete para quien la recorre: un filtro situado entre un edificio, una calle o un jardín, que mezcla la experiencia del autor, sus emociones, y las nuestras.
Hay, sin duda, una ciudad invisible que sólo se aparece a quienes la habitan y es producto de la intimidad del tiempo y el espacio. Descubrimos paisajes que tienen una vida, la de Esquivias en este caso, que para mí es conmovedoramente familiar: ambos pertenecemos a la misma generación y compartimos referencias sociales, políticas, artísticas, e incluso los héroes infantiles, las series de televisión y una forma irrepetible de acercarse al cine y evolucionar desde los títulos, autores y directores que poblaban las carteleras de nuestra adolescencia hasta el ámbito estético que hoy a los dos nos interesa.
Son constantes la delicadeza y el cariño con los que Óscar Esquivias describe a Burgos en estas páginas -minuciosas al detallar el aroma de flores y plantas, o el vuelo de mirlos y verderones- que guardan el itinerario de su vocación literaria a través de una ciudad iluminada por poetas escondidos en los más diversos oficios.
Y he podido imaginar el invierno sobre una arquitectura y un entorno que permiten "sentir el susurro del río como si fuera un remordimiento". 

(Artículo publicado el El Mundo, edición de Castilla y León, el 14 de octubre de 2012)

miércoles, 10 de octubre de 2012

Reencuentro con Félix Antonio


Solía decir Félix Antonio González que desde la muerte de su padre, el compositor Félix Antonio, no había vuelto a poner las manos en un teclado para evitar que los fantasmas le pasaran la hoja. En cualquier circunstancia de la vida, Félix tenía la referencia de su padre, que no se proyectaba sobre él como una sombra sino, por el contrario, como una luz que comenzó en su infancia y no le abandonó hasta su muerte. Al describir esos primeros años, Félix dejaba constancia de un mundo gris y triste, sórdido en ocasiones, pero cuyas consecuencias nunca llegaron a afectarle gracias a su padre y al ambiente que le rodeaba: la música, la literatura, las artes plásticas… Los amigos de su padre le hacían partícipe de todo aquello con absoluta naturalidad: Félix leía en los versos que llevaba a su casa Jorge Guillén, descubría la pintura mientras veía los pinceles de Cristóbal Hall y, a los cinco años, recibió en su casa la visita de Federico García Lorca, además de muchos otros artistas que residían o se encontraban, circunstancialmente, en Valladolid.
Por eso, cuando el compositor Francisco García Álvarez defendió el pasado lunes su tesis doctoral sobre Félix Antonio, en la Universidad de Cantabria, me emocioné al sentir la ausencia de Félix, porque habría comprobado que el excelente trabajo de nuestro común amigo ponía de manifiesto lo que durante tantos y tantos años parecía  haber sabido sólo él, como quien porta un maravilloso tesoro que es invisible a los ojos de los demás, con la enorme tensión entre alegría y angustia que eso conlleva.
Estoy seguro de que Félix hizo realidad, por un instante, algo anticipado en unos versos suyos: “se me verá una lágrima... / O una estrella”. 

(Artículo publicado el El Mundo, edición de Castilla y León, el 30 de septiembre de 2012)

sábado, 6 de octubre de 2012

Burgos


El pasado sábado toqué en la Casa del Cordón, de Burgos, el programa-homenaje a Jordi Savall. 


Con Carme Fernández-Vidal, Teresa Catalán y Francisco García Álvarez, tras el concierto

viernes, 21 de septiembre de 2012

Una historia de la Academia


Al visitar la exposición dedicada a la Real Academia de Bellas Artes de Valladolid, en la Sala de Las Francesas, recordé a Miguel Frechilla en su estudio. Allí, entre centenares de libros, discos y partituras que Miguel puso en mis manos con una generosidad extraordinaria, me habló de la Real Academia, a la que pertenecía desde 1987. Lo hizo mientras me regalaba un ejemplar de su discurso de ingreso, dedicado a la obra pianística de Manuel de Falla, cuya lectura comencé al tiempo que bajaba las escaleras, de vuelta a casa, con un nuevo texto en el que pensar, para ser comentado con él una semana más tarde. Ese día, Miguel me explicó las funciones de la Real Academia junto a un breve repaso de su historia (se fundó en 1779 por un grupo de aficionados a las matemáticas y fue admitida, en 1783, bajo la real protección de Carlos III…) con esa curiosidad vitalista que le hacía interesarse por todo y contagiar su entusiasmo a quienes le rodeaban.
Y, naturalmente, la primera vez que asistí a un acto de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción fue a una conferencia suya, rodeado de sus compañeros, de los que me había hablado para que no perdiera ningún detalle que considerase importante en mi formación.
Cuánto me habría gustado pasear con él por esta muestra que lleva una parte del legado de su querida Real Academia a la ciudad en la que siempre vivió. Tanto como que conociera a los nuevos compañeros y disfrutase de su trabajo y su amistad, del cuidado y preservación del patrimonio y el impulso a la creación contemporánea que esta institución, presidida actualmente por Jesús Urrea, se esfuerza en promover y difundir, con esfuerzo y amor, entre todos nosotros. 


(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 16 de septiembre de 2012)

jueves, 20 de septiembre de 2012

Tardes de arte

El pasado sábado participé en el ciclo "Tardes de arte", organizado por el Ayuntamiento de Medina de Rioseco. 
Consistió en un diálogo con Miguel García Marbán, que fue tan amable y generoso de prepararlo con un extraordinario rigor y afecto. Como ejemplo diré que, antes de comenzar, me recordó un par de anécdotas mías que yo mismo había olvidado. 
Gracias, mil gracias a Miguel, a los organizadores y a los muchos amigos que me acompañaron: si todo lo que hago en Rioseco tiene una emoción especial es, precisamente, porque ellos están allí. 



martes, 11 de septiembre de 2012

Ramón

A la suerte de encontrar un libro que daba por perdido se ha sumado la de ver, al pasar las páginas, esta foto de la que tampoco sabía nada, en la que estoy con Ramón Barce en su casa de Madrid. No sé cuándo fue tomada exactamente, pero recuerdo que hacía un calor espantoso y yo tenía un fortísimo dolor de cabeza. También recuerdo haberme parado, como siempre, en el punto de la Puerta del Sol donde fue asesinado Canalejas mientras miraba el escaparate de una librería, algo que llevo haciendo desde que una profesora, en un viaje del colegio, nos lo relató de un modo tan magnífico que no puedo dejar de rememorarlo en cuanto llego a los aledaños de Sol. 
Aunque Elena trabajaba ese día, pude verla un poco antes de que saliera. El resto, como cada minuto que he pasado con Ramón, fue inolvidable: era inteligente, divertido, de una bondad emocionante. Fui consciente de la fortuna que yo tenía en cada instante que compartí con él: nunca he necesitado que alguien muriese para saber si era una persona excepcional y necesaria en mi vida. Ramón lo era. Y en esta fotografía, con dolor de cabeza y cerca de cuarenta grados en la calle Mayor de Madrid, yo estaba disfrutando porque sabía que era un inmenso regalo tener un amigo como él. 
Cenamos, después, muy cerca. Quedamos para hablar por teléfono al día siguiente. Y seguimos viéndonos y hablándonos, con la misma alegría, con la misma emoción, hasta diciembre de 2008.  

domingo, 9 de septiembre de 2012

¿Volver a empezar?


Esa ilusión de dividir el tiempo: pensar que comienza otro capítulo donde los errores puedan corregirse, junto al deseo de que una esperanza, mayor o menor fundada, se disuelva entre los números de un calendario que va sucediéndose, implacable, en el intento de aportar un orden y, con él, un espejismo de tranquilidad.
El nivel de incertidumbre necesita un equilibrio, ya que su descompensación tiene efectos inmediatos: cuando ese nivel es mínimo, aparece el hastío; cuando es elevado, todo se tiñe de angustia y miedo. Podemos aplicarlo a cualquier ámbito y, por supuesto, a nuestra propia vida, que necesita referencias ya experimentadas, imprescindibles para sentir cierta seguridad, pero también, de forma inseparable, precisa del estímulo de lo desconocido que alimenta la pasión por descubrir y llevar más lejos ese horizonte inicial con el que nunca tenemos que conformarnos.
No es fácil encontrar en las últimas décadas un nivel de incertidumbre tan alto como el de este curso que ahora comienza. Parece que ha pasado a ser provisional incluso aquello que considerábamos consolidado e inamovible: los cimientos de un concepto específico de sociedad. Las gravísimas consecuencias de la crisis no sólo dejan sin respuestas –creíbles, al menos- a buena parte de quienes tan brillantemente analizan por qué erraron en cada uno de sus diagnósticos previos, sino que ha desplazado las preguntas esenciales sobre el lugar que ocupa el ser humano en una actividad política que lo ha excluido -o al menos lo empuja- del centro de sus preocupaciones para transformarlo en un factor secundario, muy lejos de esa idea que expresó Václav Havel de un modo tan bello y sintético: ética puesta en práctica.  

(Publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 2 de septiembre de 2012)