Aforismo del libro Razón y desencanto (lf ediciones), de Diego Fernández Magdaleno.
martes, 23 de julio de 2024
jueves, 20 de enero de 2022
Aforismo de Diego Fernández Magdaleno
Aforismo del libro Razón y desencanto (lf ediciones), de Diego Fernández Magdaleno.
jueves, 8 de julio de 2010
El nudo de la pérdida

lunes, 27 de abril de 2009
Razón y desencanto
desde el primer momento, cuando lo anunció en su blog y tuve claro que no me lo podía perder, de igual manera que cuando anunció su ¿penúltimo? concierto en Madrid, del que ya hablé en esta bitácora, y pude disfrutar como una enana de su interpretación al piano, quizá el instrumento musical que más me gusta y hubiese querido saber tocar desde mi juventud, pero me tuve que conformar con una guitarra porque en casa no había dinero para más pero, claro, al no ser lo que yo quería, rasgueé alguna vez sus cuerdas y después me olvidé de ella. También me hubiese querido convertir en escritora pero cuando me di cuenta de que tampoco llegaría a nada con ello, me dediqué a consolarme leyendo cuanto libro cayó en mis manos, lo cual sigo haciendo ahora cuando el tiempo me lo permite. Y entre esos libros me alegro que se encuentre el de Diego. Es curioso que a medida que lo iba leyendo algo me iba rondando la cabeza, algo que no sabía definir con claridad, algo que de alguna manera me "hablaba" y no sólo surgía de las palabras escritas sino que iba más allá. Fue al terminarlo cuando se mostró ese algo de forma rotunda: el libro de Diego me recordaba a una composición sinfónica para piano, no a una en especial sino a una muy particular en la que cada nueva entrada de su diario -porque de un diario se trata- se transformaba en la nota que iba construyendo las distintas partes de la sinfonía. Y esas partes son los tres años (2005-2006) por los que recorre sus días, días en los que siempre ocurre algo que deja su reflejo en el sentimiento, tal rico en matices, tan racional-irracional a veces, tan alegre otras, tan demoledor incluso. Cada fecha, cada nota, es un breve reflejo de lo mejor del día, la sustancia en la que se condensa lo realmente importante, eso que ha merecido la pena ser vivido y recordado. Lo he dicho en otras ocasiones: me encanta escuchar música pero no entiendo nada de ella, ni de la clásica ni de la moderna ni de la contemporánea; tan sólo sé si algo me gusta, me es indiferente o me resulta horripilante. No me pasa igual con los libros porque después de haber leído durante tantos años algo he aprendido, aunque reconozco que no siempre me gustan más los mejor escritos ni menos los que su temática no resulta demasiado emocionante. No es el caso de Razón y desencanto porque no sólo está bien escrito sino que, además, sus palabras musicadas te secuestran el interés desde el primer momento, te enseñan lo que es la verdadera dignidad y eleva la sencillez a la categoría de autenticidad. Diego repasa los aconteceres con la naturalidad de quien sabe que cada instante es como una flor fresca a la que hay que permitir desarrollarse, respirar su aroma y dejar morir para que crezca otra en su lugar. Las vivencias se entrelazan de tal manera que nos lleva paso a paso a sumergirnos en la gran sinfonía de la vida. Hoy es una reflexión serena sobre un hecho, un sentimiento o una duda; mañana un encuentro inesperado con alguien a quien se admira, una comida con amigos,una actividad familiar o un concierto programado en cualquier ciudad de las muchas en las que ha tocado; pasado mañana el comentario sobre un libro, un autor, un músico, una película o un acontecimiento político; al siguiente día, y muchos otros, el recuerdo de su padre, muerto en fechas no muy lejanas pero vivo en el sentimiento, añorado e imposible de apartar con subterfugios inútiles (¡qué fácil me ha resultado ponerme en su lugar en esta cuestión tras la muerte de mi madre!). Y así se van desgranando las notas, no sé si de esta sinfonía o de este poema sinfónico que es el fluir de su existencia. Me gustaría que esta torpe reseña animara a otros/as a leerlo porque se trata de todos nosotros, de lo que nos pasa y de lo que trasciende, de la razón y del sentir, de la plenitud y del desencanto. Para mí, una gozada. domingo, 1 de marzo de 2009
Dos amigas
Muchísimas gracias, queridas Lola y Cecilia. Muchísimas gracias.

Dos años con Diego. Cecilia Alameda.
Razón y desencanto es un conjunto de textos que Diego Fernández Magdaleno escribió , con una periodicidad casi diaria, entre enero de 2005 y diciembre de 2006. Cada fecha del calendario, con frases breves y rotundas, Diego plasmaba en su cuaderno (en su ordenador, tal vez) las ideas, emociones, certezas y dudas que iban surgiendo al hilo de los acontecimientos que marcaban su existencia, de sus lecturas, de sus tareas como concertista, estudioso del piano y docente.Empecé a leer el libro, considerándolo una muestra de amistad, en cuanto cayó en mis manos, la tarde del mes de febrero que Diego tocó en el Conservatorio de Madrid. A los pocos minutos me di cuenta de lo valioso que era el regalo que había recibido. De la calidad, la hondura y la sensibilidad con que estaban sus páginas escritas.
Diego trata de temas que le afectan o le preocupan: la creación artística, la historia, la actividad política, los comportamientos sociales, el transcurso del tiempo. Sus palabras invitan a la reflexión y suponen en algunos casos sorpresa y descubrimiento.
Transcribo algunos párrafos, aunque esta selección es muy subjetiva. Hay otros muchos que son tan interesantes, tan encomiables como éstos.
No hay más que leer las entrevistas de muchos "creadores" para constatar un clamoroso desconocimiento de cuanto les ha precedido: presumen de haber descubierto lo que lleva medio siglo en los libros de historia.
Asisto a un entierro que tiene lugar con setenta años de retraso. No entiendo las reacciones contrarias que provocan estos homenajes en sectores muy concretos: no veo por ninguna parte las oscuras intenciones que se les atribuyen. En el acto de hoy había emoción y dignidad ante unos hombres que se apilaban en una fosa común desde 1936. Si alguien se incomoda, que pregunte a su conciencia.
Demasiados incidentes de la vida cotidiana, menores pero desagradables, son fruto de la mala educación. La cortesía debe ser obligatoria.
La pérdida de su padre, arrebatado por una enfermedad cuando todavía era joven para irse, el dolor por su ausencia es casi una línea argumental en este diario de Diego. Surgen de la añoranza oraciones que suenan como versos de un poema breve, o quizás como proverbios en los que lo poético se mezcla con lo filosófico.
Leer la prensa en la habitación de un enfermo es descubrir la enorme banalidad que nos preocupa cuando no sufrimos.
La noche trae palabras que la luz no comprende.
El libro termina poco después de un evento feliz, el nacimiento de Pablo y el descubrimiento de la paternidad por parte del pianista y narrador.
Cuando le di a Pablo su primer biberón, mi madre dijo "ya no podemos entender la vida sin él". Y llevábamos juntos sólo unas horas.
Buen ánimo para el trabajo. El niño anula gran parte de los fantasmas que me han hecho compañía, con variable intensidad, duante largo tiempo.
sábado, 14 de febrero de 2009
domingo, 11 de enero de 2009
Razón y desencanto

sábado, 27 de diciembre de 2008
Razón y desencanto
Publica El Norte de Castilla una magnífica reseña de Razón y desencanto firmada por María-Aurora Viloria:
domingo, 30 de noviembre de 2008
Mi sobrino Diego y mi nuevo libro

miércoles, 7 de noviembre de 2007
David Lodge
martes, 25 de septiembre de 2007
Paralelismos y paradojas
Las conversaciones entre Daniel Barenboim y Edward W. Said, publicadas con el título de Paralelismos y paradojas, son una muestra de cómo se podría vivir en Oriente Próximo si tomaran como ejemplo la inteligencia y el valor de estos hombres, en lugar de la ciega deriva fundamentalista, que sólo acumula muerte y destrucción.Música, política, literatura… se relacionan en este libro, que conserva la espontaneidad de un diálogo sobre temas esenciales en cualquier reflexión digna de ese nombre.
lunes, 13 de agosto de 2007
Matilde Salvador
Le propongo a Matilde Salvador un repaso por su vida. Me habla de una hermana de su madre, Joaquina Segarra, a la que Enrique Granados escuchó mientras subía por una escalera y se esperó hasta la conclusión de la obra que estaba interpretando, para después invitarla a un recital colectivo, frecuentes en la época, y que iba a contar con la intervención del propio Granados. Matilde recuerda su trabajo con Josefina Segarra al mismo tiempo que incide en su prevención sobre lo que se entiende por enseñanza, que ella prefiere definir como “ayudar a aprender”, con los inevitables límites: “cada uno aprende lo que puede, no lo que quiere”.El padre de Matilde -junto a Vicente Asencio y Abel Mus- fundó el Conservatorio de Castellón y ella fue la primera alumna del centro. Desde pequeña se inclinó por la composición. A su casa llegaba Asencio, amigo de su padre, y le escuchaba "verdaderamente embelesada". Sería su profesor y, finalmente, su marido. Matilde subraya las excepcionales dotes de Asencio para inducir un vívido interés por todo a cuantos se le acercaron. Ella lo resume: “Te despertaba”.
Sobre el piano de Matilde hoy dos fotografías: una de su marido y otra de Mompou, con una dedicatoria. Cuando la vio Carmen Bravo, se echó a llorar: Mompou había sufrido una parálisis que afectó a su mano derecha, y lo primero que hizo al mover la mano fue escribir esas palabras a Matilde.
La memoria está en auténtica ebullición, porque evocar es una especie de explosión dificultosa al inicio, pero que luego es imparable y desordenada al expandirse. Comienzan a surgir nombres: Joaquín Rodrigo, “un hombre de un talento muy especial, mordaz e ingenioso”. Cree que Rodrigo ha tenido cierta influencia sobre ella, pero menos que Mompou. También me describe la emoción que supuso el regreso de Rodolfo Halffter a Valencia, treinta y cinco años después de terminada la Guerra Civil, cuando fue para despedirse de los amigos de entonces. Y, naturalmente, habla con mucho cariño de Ernesto Halffter, que siempre le hizo observaciones muy interesantes y valoraba el singular acierto de Matilde para armonizar.
De Salvador Bacarisse alaba su bondad, su simpatía, aunque “no era tan músico como los Halffter”. Matilde se alojaba, en sus viajes a París, en la casa de Bacarisse, que le organizó un recital en Radio France, compuesto por canciones de Matilde que ella misma interpretó al piano, con Amparo Peris, la cantante que participó en el estreno del Retablo de Falla.
Joaquín Turina no le parece “de primerísima fila”, pero sí con una “personalidad y acento propio” que estima esenciales en el balance de un compositor.
Para terminar, me hace una de sus estupendas preguntas: “Oye, Diego, ¿por qué llaman música ligera a la que es tan pesada?”
lunes, 30 de julio de 2007
La barbarie de la ignorancia
Esta pregunta, que tanto me obsesiona y a la que se ha intentado siempre dar respuesta, surge también en el diálogo de George Steiner con Antoine Spire, publicado en La barbarie de la ignorancia: “¿por qué las humanidades, en el sentido más amplio de la palabra, por qué la razón de las ciencias no nos han dado protección alguna contra lo inhumano? ¿Por qué, efectivamente, como usted acaba de decir, es posible tocar Schubert por la noche y marchar por la mañana a cumplir con sus obligaciones en el campo de concentración? Ni la gran lectura, ni la música, ni el arte han podido impedir la barbarie total. Han llegado a ser el ornamento de esa barbarie, si hay que decirlo todo. A menudo han proporcionado un decorado, una fioritura, un hermoso marco para el horror. El señor Gieseking tocó Debussy –y de manera incomparable, parece- mientras se oían los gritos de quienes pasaban por las estaciones de Munich rumbo a Dachau. Era en medio del campo de Buchenwald y allí, la famosa Buche: el árbol preferido de Goethe. Deliberado simbolismo nazi. Y los ejemplos se multiplican y se multiplican…”.domingo, 1 de julio de 2007
Norman Mailer

viernes, 15 de junio de 2007
La melancolía de los inocentes

(El ausente lo modifica todo, se convierte en la referencia que mide los actos más comunes y los sucesos extraordinarios. Mi padre se proyecta sobre mí con una intensidad superior a cuando estaba vivo, de una forma consciente y absoluta. El amor de quien ha muerto no deja de crecer, se fermenta y consume, despojado de vanos adornos que limitan y mienten.)
Victorin Jouve vuelve constantemente a su pasado, y pese a saber que no es posible hacer ese trayecto sin cambiar nada, intenta ser riguroso con la verdad, para no cometer ninguna traición con una familia que no tendrá continuidad tras él.
lunes, 11 de junio de 2007
William Saroyan

martes, 29 de mayo de 2007
Cien años de soledad

sábado, 26 de mayo de 2007
Londres, según Virginia Woolf

