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sábado, 9 de febrero de 2019

Noches de piedras y lunas



El martes participé en la presentación de la última obra de Ángel Marcos, Noches de piedras y lunas, rodeada de un generoso afecto que llenó el Teatro Zorrilla de Valladolid. Primero, con un breve recital de piano y, después, intercalando música y poemas con Antonio Gamoneda, Antonio Carvajal, Fermín Herrero, Antonio Piedra y Carlos Aganzo.

Con Antonio Gamoneda y Antonio Carvajal



 Con Jesús Julio Carnero, Antonio Carvajal, Antonio Gamoneda, Ángel Marcos, 
Fermín Herrero, Carlos Aganzo y Antonio Piedra 

El Norte de Castilla, 6 de febrero de 2019

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Valladolid


El jueves toqué en el Teatro Zorrilla, con motivo de la entrega del Premio Provincia de Valladolid a la Trayectoria Artística al fotógrafo Ángel Marcos.



Con Ángel Marcos. Fotografía de Jesús Guerra.

miércoles, 2 de enero de 2013

Etiopía, paso a paso


Cuando comencé a trabajar como profesor en el Conservatorio de Valladolid, la fortuna me regaló un maravilloso grupo de alumnos que, además del ya imaginable interés por la música, sentía una enriquecedora curiosidad por toda forma artística y otros muchos ámbitos del conocimiento. Esa actitud les acompaña hoy en sus diversas profesiones, y resulta indispensable para perseguir con rigor la medida de un saber artificialmente separado, que necesita de una constante interrelación para ser comprendido en profundidad. 
Uno de esos niños era Borja Santos Porras. Siempre tuvo una gran sensibilidad y preocupación hacia los problemas de sus compañeros, y no me ha extrañado que ese comportamiento generoso creciera hasta convertirse en el centro de su vida, dedicada a la ayuda y cooperación internacional en varios países. Ecuador y Etiopía han tenido una importancia especial, y de ambos va a quedar un testimonio significativo: la comprometida y lúcida mirada de Borja sobre aquellos lugares que conoce y ama.
Si en 2010 fue Ecuador, ahora es Etiopía la destinataria de una exposición fotográfica en el Espacio Joven de Valladolid, formada por una pequeña muestra de las más de cinco mil imágenes tomadas por él, que abarcan la diversidad etíope y el enorme cambio que se está produciendo, transformador de las personas y de los paisajes. Su cámara refleja esa evolución y, por supuesto, su propia subjetividad, situada en la fértil frontera de quien no es nativo pero tampoco extranjero. Desde allí, Borja Santos nos sitúa ante un espacio que de inmediato arroja esas preguntas primordiales, postergadas tantas veces: un encuentro donde África es algo más que un arañazo en nuestra conciencia.  

(Artículo publicado el El Mundo, edición de Castilla y León, el 23 de diciembre de 2012)

domingo, 28 de octubre de 2012

Imágenes de Marilyn


Josep Soler me describe la fascinación que le produjeron los carteles de Niágara en las calles de Barcelona: la imagen de Marilyn Monroe y las cataratas le impulsaron a entrar al cine de inmediato. Soler, siendo un niño, encontró dos objetos que le marcarían para siempre: una pianola francesa y una máquina de cine. Alquilaba y compraba películas;  más tarde perseguía determinados títulos con esa impaciencia que es inseparable de las pasiones. Las obras de Griffith, Wiene, Lang, Cocteau y Dreyer, entre muchos otros, han sido indispensables en la configuración de su estética y, con frecuencia, inspiradoras del concepto escénico de sus óperas. Pero a ninguno de esos cineastas Soler ha dedicado un poema. A Marilyn, sí: un extenso poema sin signos de puntuación que discurre por paisajes de una bellísima y delicada tristeza.
He pensado en ese poema al visitar la exposición Marilyn, en la Casa Revilla de Valladolid, con fotografías pertenecientes al archivo histórico de la Getty Images Gallery. La vemos en situaciones muy diversas: maquillándose, asomada a la terraza del Hotel Ambassador, con Arthur Miller o Laurence Olivier… En ese instante detenido de cada fotografía percibimos dos proyecciones del tiempo: lo que la rodea está circunscrito a un momento histórico, fechado; Marilyn, sin embargo, parece estar fuera de él, hablándonos en el presente, porque sumamos cuanto sabemos de ella desde que se tomó esa imagen, y comprendemos que tras el carmín estallando en su sonrisa, se escondía el dolor congelado en unos versos: “Siento que la vida se me acerca / cuando lo único que quiero / es morir”. Y eso la aproxima a nosotros, como si hubiéramos recibido un secreto de sus labios.

(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 28 de octubre de 2012)

lunes, 14 de septiembre de 2009

Vida de una fotógrafa

En este libro se muestran fotografías de Annie Leibovitz tomadas entre 1990 y 2005, conformando un testimonio biográfico en imágenes donde no se esconden las más duras y dolorosas de los veinticinco años que abarca este recorrido, como las referidas a la enfermedad y muerte de Susan Sontag, descarnadas y sobrecogedoras.