Mostrando entradas con la etiqueta Elena Murcia Porres. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Elena Murcia Porres. Mostrar todas las entradas

miércoles, 20 de mayo de 2009

Angelines

Me pregunto de dónde saca la fuerza para continuar trabajando, para ilusionarse con iniciativas nuevas y no abandonarlo todo, de puro ridículo y minúsculo, ante la muerte de Elena.
Angelines Porres está pasando por los peores momentos de su vida y, sin embargo, es capaz de dar a los demás ese amor que, en sus actuales circunstancias, sólo puede brotar de seres humanos privilegiados, radicalmente prodigiosos.
Antes de que se dedicara a la política, en la presentación del primer Congreso sobre Creación Musical Contemporánea, dije que Angelines era una mujer maravillosa. Ahora, tras un buen número de años desempeñando una importante labor en el Ayuntamiento de Valladolid, lo sigue siendo. No es nada sencillo. La política deja estrechos cauces a la generosidad y al compromiso sincero por el bien común. De ahí que sea emocionante ver a Angelines, después de la enfermedad y la muerte de su hija, entusiasmada con una nueva adquisición de fondos bibliográficos o con las listas previsibles de concursantes al Premio Frechilla-Zuloaga.

Estábamos en una mesa repleta de papeles, pensando juntos, según expresión suya. De pronto me miró y dijo: "Diego, me gusta trabajar contigo". Jamás lo olvidaré. Me siento muy feliz junto a ella. Carlos Castilla del Pino aseguraba que "en la medida en que hay una ostentación hay también una deficiencia". Su actitud dialogante y sencilla, dispuesta a aprender y a empaparse de cuanto le rodea, es admirable en este mundo nuestro de vanidad desenfrenada.

Ya sabes, Angelines, que sigo sin descanso un precepto de Nietzsche: "Donde no puedas amar, pasa de largo". Y por eso mismo, querida amiga, estaré siempre a tu lado.
Te quiero mucho, Porres.

domingo, 3 de mayo de 2009

Elena Murcia Porres

Acaba de llamar Luis García Vegas: ha muerto Elena, la hija de nuestra amiga Angelines Porres. Y un dolor conocido ha vuelto a punzarme. Un dolor del que no puede existir reflejo en la escritura. En nada.
Cuando ha sonado el teléfono estaba trabajando en la presentación de la última obra de Félix-Antonio González, que haré mañana en la Feria del Libro de Valladolid.

Como homenaje a Elena, trancribo aquí un poema de Félix:

Ha amanecido esta mañana...
¿Cómo
pudo olvidar el alba tu consigna?
¿Quién dio la orden de: ahora, si no estabas?
¿Quién ha vuelto a inventar la luz?
¿Quién pudo
improvisar el pájaro y el trigo?
¿Cómo el aire tenía
tan ágil el olvido de tus ojos,
de tus labios cerrando el alma apenas?
¿Cómo el viento podía no tenerte,
ya vuelo sin dolor de rama, puro...?
Y la fuente y el mar y el lago...
¿Cómo
pudo olvidar el lago tu sonrisa?

Que me estás en la pura voz, en la alta
luz, aún más luz, sobre esta luz pequeña...
Que te estoy en el peso, peso mismo;
Y este dolor total que te reclama
no puede darme tu recuerdo puro...

¿De qué hondísima mina insospechada
puede seguir naciéndose la vida,
si no estás?
¿Por qué brújula se rigen
los soles y los niños?
¿De qué fuente
nos volverá a manar la primavera?

¿Cómo ha podido ser, dime, que hoy, muerto
todo en tu muerte,
haya sencillamente amanecido?