A las pocas horas de conocer la muerte de Félix-Antonio, me vino a la memoria un verso de Apollinaire, descontextualizado, como una luz abriéndose camino entre la tristeza. El verso sigue advirtiéndome al oído, casi un susurro inmóvil e incesante: "En mí mismo he visto crecer todo el pasado".
La intersección entre lo que hemos perdido y lo que aún nos espera es siempre desconcertante. Hay un presente que vivimos como frontera permanente con el futuro. Y a la vez nos acercamos a ese límite con un bagaje de recuerdos, de aquello que traemos a este mismo instante, a este ahora impreciso y frágil, persuadidos de que es una forma de revivir lo que tanto amamos y ya nunca volverá a estar con nosotros.Félix-Antonio González era un gran amigo, un hombre de extraordinaria inteligencia y una figura esencial del paisaje vallisoletano.
Jamás te olvidaré, querido Félix.
