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domingo, 15 de septiembre de 2024

Las diferencias de una sociedad forman parte de su esencia común

Un país que respeta su diversidad y valora lo común, generalmente se fortalece. Un país que potencia lo distinto para despreciar lo compartido, está en camino de autodestruirse. 

miércoles, 30 de octubre de 2013

Salud y sensibilidad

Parece que nada existe fuera de los datos, de las estadísticas convertidas en arma arrojadiza de una posición y su contraria, como si el mundo se limitase a un objetivo tan pequeño; como si la política debiera despojarse de toda sensibilidad hacia los seres humanos. Una palabra que se desprecia e identifica con algo a medio camino entre la fragilidad y la demagogia. Ante la palabra “sensibilidad” está de moda responder: “por favor, hablemos en serio” y, acto seguido, mostrar unas gráficas –generalmente manipuladas- donde se nos muestra la salud de una persona como una variable más, y no siempre la de mayor importancia.  Tenemos, en demasiadas ocasiones, la impresión de que los ciudadanos no son la finalidad sino el medio. Y es un mensaje que va calando: he visto defender ciertos recortes a personas que no podrían costearse el menor tratamiento fuera de la sanidad pública. Nadie puede estar en contra de aumentar el control y la eficacia del gasto, pero sí de una utilización de esos argumentos con el único fin de rebajar el nivel de la atención a los enfermos.

Durante meses, acompañé a mi padre cada vez que ingresó en el Hospital Pío del Río Hortega, y estuve a su lado en las duras sesiones de quimioterapia. Aprendí entonces que si uno de los cimientos de cualquier sociedad es la educación y el esfuerzo que a ella se dedica, en su red sanitaria reside el corazón mismo de los sentimientos de aprecio y respeto hacia los demás. Ese cuidado es la clave de un baremo que se ignora en los informes a pesar de su enorme trascendencia, ya que certifica no sólo la salud de los miembros de una comunidad, sino también, y en idéntica medida, la propia salud de los valores que la dignifican.

(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 27 de octubre de 2013)

lunes, 14 de octubre de 2013

Lamentos y consuelos

La crisis ocupa todas las conversaciones. En todas partes escuchamos, por breves que sean, unas palabras de lamento y de consuelo. Las consecuencias son de tal magnitud que no sólo resulta imperiosa la necesidad de referirse a ellas: también se percibe un cierto pudor para no ofender a quien carece de trabajo o a quien sabemos que puede perderlo de inmediato. Ese pudor me lo han manifestado muchos amigos, incapaces de expresar sus preocupaciones por considerarlas mínimas y casi ofensivas ante ciertas personas. Asuntos que, sin duda, habrían motivado largos debates por su importancia, pero que ahora la sensibilidad y la empatía con esos amigos o conocidos aconsejan soslayar.
Si no incluyen el despido, hasta graves problemas profesionales son relegados. Más aún: se ha convencido a buena parte de la ciudadanía de que tener un trabajo es una especie de regalo, de lujo, como si fuera un privilegio que graciosamente se nos otorga y en el que va implícito un silencio tan espeso que corre el riesgo de hacer invisibles los derechos laborales.
Lo he vivido ayer mismo, mientras paseaba por la Plaza Mayor de Valladolid con un antiguo compañero, tres años ya desempleado. No sabía qué decirle. No me atrevía a hablar de los temas de siempre cuando él me mostraba la desolación del paro, su mirada implacable y crudísima; el deterioro, incluso, de la convivencia con su pareja en un clima emocional oscuro y carcomido.

Hemos de felicitar a quienes se esfuerzan en la búsqueda de soluciones a este drama; y decir, a quienes a diario mienten sobre lo que vemos delante de nuestros ojos, que aparten su mezquina arrogancia del dolor y la tristeza de aquellos que sufren. 

(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 13 de octubre de 2013) 

lunes, 30 de septiembre de 2013

Saber es distinguir

En cada nueva encuesta se reitera la visión más que negativa de un número creciente de ciudadanos hacia sus representantes políticos, hasta llegar a considerarlos como uno de los principales problemas de nuestro país, lo que supone  un desafío de solución difícil y larga, con unas consecuencias de extraordinaria gravedad. Tanto es así que hoy la palabra “política” es directamente peyorativa y se utiliza con carácter denigratorio incluso por concejales, procuradores o diputados: “saquemos la política de esta negociación”, “usted no quiere que mejoremos, sino hacer política” o “esta huelga es claramente política”, son ejemplos constantes a los que poco a poco nos hemos acostumbrado a pesar de ser absurdos en sus términos. Todo ello lleva a ese “todos los políticos son iguales” que hace tabla rasa sin matización alguna. Es verdad que muchos políticos han tenido un comportamiento indecente –sin referirnos a los casos donde se ha cometido delito-; hay que ser en extremo escrupulosos al gestionar lo que es común y eliminar la endogamia de su estructura interna que los aísla de la sociedad. Pero no son iguales. No lo son, ni en historia ni programas, el PP, el PSOE, IU y UPL, por mencionar a los que tienen representación en las Cortes de la Comunidad. Pero es que ni siquiera lo son quienes forman parte del mismo partido: no se puede hacer un análisis tan rápido e impreciso que, por desgracia, tan habitual resulta entre quienes hablan, sin diferencia alguna, de “los franceses”, “los médicos” o “los artistas”: etiquetas que hacen muy fácil y cómodo resumir cuanto sucede en el mundo, aunque se corra el riesgo de olvidar una antigua e indispensable enseñanza: saber es distinguir.   

(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 29 de agosto de 2013)

domingo, 9 de junio de 2013

Sornabique Solidario

Se suceden con tal rapidez los hechos y alcanzan ya un tamaño las mentiras que la sociedad no puede absorber más que atragantándose las noticias y análisis políticos ante un panorama desolador, con millones de personas atenazadas por el pánico a no encontrar un trabajo y otros millones aterrados por la posibilidad de perderlo. Casos que en otras circunstancias habrían llevado a una dimisión inmediata son arrollados y lanzados al olvido, incomprensiblemente, por la llegada de nuevos escándalos ante los que una multitud de ciudadanos muestra sólo resignación e impotencia, como si vivieran una catástrofe inevitable.
Qué difícil es sentir la libertad cuando todo alrededor segrega miedo. Y crece el egoísmo, ese silencio espeso que nos aleja del sufrimiento de los demás. En un contexto así aumenta nuestra admiración, nuestro reconocimiento hacia quienes, también afectados por la crisis, siguen colaborando activamente en la mejora de las condiciones de vida de muchos seres humanos que no conocen ni conocerán nunca.
Un gran ejemplo es el poeta Luis Felipe Comendador, al que me presentaron hace casi veinte años en Béjar, la ciudad donde siempre ha vivido: no puedo separarle de ese paisaje en el que van naciendo sus excelentes libros y dibujos –el último de ellos, Por lo menos estás vivo, junto a Hugo Izarra-, sus esfuerzos para difundir la literatura a través de publicaciones, conferencias y recitales, esa pasión noble y generosa que le llevó a fundar Sornabique Solidario, una organización que desarrolla proyectos de primera necesidad en varios países.
Una esperanza que nos ayuda a ver caminos abiertos en este mundo insensible y hostil, alzado sobre la avaricia y la indiferencia.

(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 9 de junio de 2013) 

domingo, 19 de mayo de 2013

El experto ignorante


Sólo las grandes personalidades han mostrado siempre, junto al análisis racional de los datos, una preocupación por los seres humanos que estaban detrás de esas cifras. Constatamos, en más ocasiones de las que quisiéramos, una enorme divergencia entre lo que sucede y el relato que escuchamos a numerosos dirigentes políticos. Y no porque haya muchos mundos en el mundo –que los hay, y esa variedad es su mayor riqueza- sino porque se percibe una insalvable distancia al comparar el análisis de los objetivos y resultados y las consecuencias personales que se derivan de ellos. Hay casos en los que ya ni se puede medir la separación entre lo que dicen unos y lo que sufren otros.
Hace unos días he podido escuchar con verdadera tristeza el testimonio de un parado que pertenece a una de las asociaciones que han ido surgiendo en Castilla y León. Aparte de la impotencia que sufría, la incertidumbre ante su futuro y la angustia en la que cristalizaba lo anterior, percibí en sus palabras ese desconcierto debido a la absoluta lejanía de una parte significativa de la vida política oficial y la de un abrumador número de los ciudadanos. Hizo referencia a esa incomprensible abundancia de “asesores” que tienen como única sabiduría la de estar cerca de una estructura de poder que les da todo tipo de cobertura. Esa es una forma de corrupción gravísima y ampliamente asumida. Él insistía en la imagen de personas bien preparadas, de formación rigurosa y horizonte desolador, en contraste con la lectura frecuente de noticias que nos informan de un nuevo caso de “experto ignorante”.  
Un oxímoron que, además de factores económicos negativos, produce una gigantesca inflación de rabia y desaliento. 

(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 12 de mayo de 2013) 

viernes, 8 de marzo de 2013

Un espacio común


Conozco a quienes se dedican a la política por una voluntad de participación activa dentro del espacio común, arraigada en un ideario ético y en el deseo de ponerlo en práctica con la mayor honradez, generosidad y eficacia. Conozco, también, a quienes un partido les proporciona salidas profesionales que no alcanzarían nunca por sí mismos, y, al igual que ha sucedido a lo largo de la historia, no faltan aquellos que disfrutan del ejercicio del poder, entendido como una pulsión analizada, en numerosas ocasiones, desde el punto de vista psicológico. Hay otros modelos, entre ellos los que se derivan de la mezcla de los mencionados y de sus matizaciones, pero estos ya abarcan un espectro lo suficientemente amplio como para que no comparta -y me preocupen- las cada vez más desmesuradas proclamas de la antipolítica, una actitud basada, con frecuencia, en un populismo que bordea -cuando no rebasa- valores democráticos fundamentales. Tampoco, claro está, para que pierda el asombro ante muchas declaraciones y comportamientos de cargos públicos que se sitúan de espaldas a los intereses urgentes de las personas, destinatarias de su actividad y la razón misma que justifica su trabajo.
Buena parte de la sociedad ve a sus representantes políticos ajenos a los problemas reales, ensimismados en disputas irrelevantes y estériles, reaccionando con una lógica incomprensible para quienes sufren las terribles consecuencias de una crisis económica que está causando tanto dolor y resulta agravada por la falta de confianza en las mujeres y los hombres que deberían hallar las soluciones y son percibidos, por un número creciente de ciudadanos, como un factor añadido que incrementa su angustia.  
    
(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 3 de marzo de 2013)

domingo, 5 de septiembre de 2010

Educación

El absurdo al que se ha llegado en el ámbito educativo tiene difícil superación... pero diariamente se supera. Una persona por la que siento un gran cariño me dijo hace poco, en síntesis, lo siguiente: no permitir que un alumno lleve en clase una camiseta con la imagen de Nacho Vidal desnudo, ni dejar que se siente en la banqueta del piano con los pantalones a la altura de la rodilla, supone "coartar su libertad". Me quedé atónito. Ella es una mujer que educa a sus hijos, les enseña a comportarse -¿no coarta su libertad cada vez que impide su actuación "espontánea" ante otras personas?- y, por si fuera poco, me encontraría muy tranquilo si mi hijo viviera con ella. Sé que estaría en las mejores manos. Entonces, ¿por qué esa contradicción?
Convertir a niños y adolescentes en caprichosos individuos cuya única obligación es "pasárselo bien" y hacer lo que les venga en gana es un gigantesco error que los incapacita para vivir en una sociedad respetuosa, porque sólo el respeto articula y hace habitable una comunidad de seres humanos realmente libres. Un adolescente ha de saber que no puede comportarse igual cuando se divierte con sus amigos que cuando está dentro del aula y también ha de saber que todos interactuamos con todos, por tanto, de la misma forma que tiene derechos, también tiene deberes. Convertir la escuela y el instituto en un remedo de Los mundos de Yupi es el peor sistema para que lleguen a ser verdaderos ciudadanos. Un estrepitoso fracaso les espera en cuanto se enfrenten al mundo y comprueben que no es lo mismo hacer las cosas mal o bien, que ya los padres no sirven como abogados permanentes que los eximen de toda responsabilidad. (Javier Urra contaba el caso de un adolescente que, al escuchar cómo el juez le condenaba a ser internado en un centro especial, le respondió: "Sí, porque tú lo digas". La existencia de unas normas -que él debía cumplir- le resultaba sencillamente inconcebible).
No debemos olvidar que esto se extiende -y es lo más grave- a los propios contenidos y criterios evaluadores del sistema de educación, ya que forma parte del mismo problema. ¿Cómo puede asombrarnos si hemos sufrido legislaciones que señalaban, por ejemplo, barbaridades como que "a partir de la aplicación de la ley, el error no será considerado ya como un defecto, sino como la expresión auténtica del dinamismo subyacente del alumno"? Eso es, para los estudiantes y para el conjunto de la sociedad, un colosal fraude. Y lo es, sobre todo, para quienes disponen de menos recursos, ya que su progreso se ha de basar en el mérito. Quien no tiene posibilidades para desarrollarse gracias al patrimonio o influencia de su familia, quien ha de estudiar en la universidad más próxima a su domicilio porque sus padres no disfrutan de posibilidades económicas, está siendo engañado por aquéllos que debieran protegerlo y, sin embargo, le instan a que dirija su vida por medio de impulsos y antojos, sin advertirle de que esa actitud le dejará indefenso y vulnerable.
¿Cómo hemos llegado a esto? Es muy difícil dar una respuesta. Creo que se debe a múltiples factores pero, a mi modo de ver, la falta de arrojo para denunciar y corregir esta lamentable deriva se sustenta en un miedo: dar la impresión de tener un criterio trasnochado o retrógrado. Conozco a quienes prefieren aparecer como cualquier cosa imaginable a ser calificadas, aunque sea sin ningún fundamento, como reaccionarias. Y lo peor de todo es que no hay nada más reaccionario que limitar las posibilidades de los que menos tienen y, por consiguiente, más necesitan de una infraestructura pública, sólida y eficaz.

viernes, 23 de octubre de 2009

Un americano en París

En Un americano en París, el ex-director de Le Monde, Jean-Marie Colombani, hace un retrato del actual presidente de Francia, de sus peculiaridades ampliamente conocidas y el papel que se atribuye en Francia al jefe del Estado.
Sarkozy valora el movimiento incesante, la omnipresencia de su acción política, hasta minimizar las de su primer ministro y el resto del Gobierno.
Ahora, Colombani tendría un argumento nuevo: Sarkozy cree en el mérito y en el esfuerzo personal por encima de todo, pero ahí está el caso de su hijo Jean para desmentirlo.

domingo, 26 de abril de 2009

Indro Montanelli sobre Alberto Moravia



Moravia ha fundado, con Pasolini y Dacia Maraini, "un comité contra la represión". Es la nueva prueba de que no hay represión. Si la hubiese, Moravia estaría con los represores, como ha demostrado avalando con su silencio la persecución de Solzhenitsyn en Rusia.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Un hombre sin patria

Al terminar de leer Un hombre sin patria, encuentro un texto de Václav Havel en el que se refiere a Estados Unidos, publicado en su último libro, Sea breve, por favor: "Hay algo más que me fascina: esta gente ama a su país". Es cierto que los norteamericanos tienen una relación con los símbolos y una exaltación patriótica cuando menos sorprendente para un checo o un español actuales. Pero las voces más críticas al sistema proceden también de la misma sociedad. Un ejemplo es Kurt Vonnegut y esta obra, Un hombre sin patria, en la que describe con un gran sentido del humor aspectos relacionados con la literatura y la contemplación de su vida desde la vejez, hasta las políticas de la Administración Bush y las complicidades de todos los que las han avalado con sus palabras o sus silencios.
Cita a George Bernard Shaw, a modo de resumen: "Yo no sé si hay hombres en la Luna pero, si los hubiera, seguro que utilizaban la Tierra como manicomio".

martes, 15 de abril de 2008

Robert Redeker

El 19 de septiembre de 2006, el profesor de filosofía Robert Redeker publicó un artículo en Le Figaro titulado "¿Qué debe hacer el mundo libre ante las intimidaciones islamistas?". Ese texto cambió su vida. Amenazado de muerte, protegido por las fuerzas de seguridad, tenía que estar escondido, en el silencio absoluto: desaparecer, como si fuera el criminal y no la víctima. Lo cuenta en su diario, Atrévete a vivir, traducido al español el pasado mes de marzo. Además de la angustia, de lo incomprensible de su situación, puede comprobarse la hipocresía de buena parte de los políticos que hicieron alguna declaración sobre su caso: "El señor de Robien, ministro de la derecha, afirmaba que un funcionario no tiene derecho a ejercer plenamente su libertad de expresión. El señor Sempé, alcalde comunista, afirma que un ciudadano tampoco tiene ese derecho".

lunes, 10 de marzo de 2008

Ópera y elecciones

Extraño día electoral, que pasé -como el sábado y hoy- en el curso que hemos organizado en EPTA-España y que ha impartido Albert Sardà. El seguimiento de los sondeos y demás expectativas de voto llenaban las pantallas y las emisoras, mientras nosotros hablábamos de Fidelio, Tristán e Isolda o Wozzeck.
Una curiosa mezcla.

viernes, 7 de marzo de 2008

Isaías Carrasco

Anteayer vi Omagh, la película basada en el atentado que perpetró hace una década el denominado IRA auténtico. Un relato que sitúa, milimétricamente enfrentadas, la acción de los criminales y la de sus víctimas.
Y hoy, la barbarie asesina de ETA ha acabado con la vida del socialista Isaías Carrasco. No hay nada que entender. Sólo sentimos dolor y rabia.
¿A qué conflicto se refiere la bestia que ha disparado? ¿A qué opresión? ¿A qué política?

viernes, 12 de octubre de 2007

Buenas noches, y buena suerte

Entre un constante humo que matiza el blanco y negro, transcurre Buenas noches, y buena suerte. La honradez e inteligencia de Edward R. Murrow contra los abusos del senador Joseph McCarthy, rodadas por George Clooney.
Un ejemplo del periodismo que nos gustaría tener.

martes, 25 de septiembre de 2007

Paralelismos y paradojas

Las conversaciones entre Daniel Barenboim y Edward W. Said, publicadas con el título de Paralelismos y paradojas, son una muestra de cómo se podría vivir en Oriente Próximo si tomaran como ejemplo la inteligencia y el valor de estos hombres, en lugar de la ciega deriva fundamentalista, que sólo acumula muerte y destrucción.
Música, política, literatura… se relacionan en este libro, que conserva la espontaneidad de un diálogo sobre temas esenciales en cualquier reflexión digna de ese nombre.
(Razón y desencanto)

viernes, 14 de septiembre de 2007

La vida de los otros

Todos sospechosos, posibles culpables de nada; pero el delirio es suficiente para poner en marcha la maquinaria salvaje de un Estado criminal: La vida de los otros. Una película extraordinaria.
(Ulrich Mühe, su protagonista, recientemente fallecido, fue espiado por la Stasi desde sus años de estudiante)

miércoles, 29 de agosto de 2007

El paseante del Champ de Mars

François Mitterrand fue un hombre compejísimo, casi hermético en algunos aspectos vitales y políticos. Sus circunstancias históricas también lo fueron. Acabo de ver El paseante del Champ de Mars, la película de Robert Guédiguian que retrata el fin de su vida. No era nada fácil encontrar un actor a la altura del personaje, pero es indudable que Michel Bouquet lo encarna con una precisión extraordinaria.