El viernes di un concierto dentro de la presentación del último libro de mi querido amigo Luis Ángel Lobato. Un programa elegido con Luis Ángel, ya que era un homenaje a él por tantos años de amistad, literatura y música.
lunes, 2 de junio de 2014
sábado, 31 de mayo de 2014
Valladolid
Me emocionó tocar en un homenaje en memoria de mi amigo Juan Bautista Varela. Fue el miércoles en el Teatro Zorrilla de Valladolid. Cada obra del programa estaba relacionada con él por muchas razones.
(Obras de Albert Sardà, Pedro Aizpurua, Félix Antonio, Joaquín Díaz, José María García Laborda, Carles Guinovart, Jesús Legido y Juan Montes)
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jueves, 22 de mayo de 2014
Sabadell
El pasado viernes toqué el programa en homenaje a Jordi Savall en el Teatro Principal de Sabadell. Contamos con la presencia de Jordi y, como siempre, ha sido una enorme alegría estar con él. Igual que lo fue estar con los compositores Benet Casablancas, Armand Grèbol y Albert Sardà, acogidos por Joana Soler, que preside en la ciudad Juventudes Musicales.
Con Jordi Savall y Benet Casablancas
Con Jordi Savall, Armand Grèbol, Albert Sardà,
Benet Casablancas y Joana Soler
(Obras de Albert Sardá, Armand Grébol, Benet Casablancas, Carles Guinovart, Carme Fernández-Vidal, Carlos Cruz de Castro, Claudio Prieto, Dolores Serrano, Francisco García Álvarez, Jesús Legido, José María García Laborda, Josep Soler, Teresa Catalán y Tomás Marco)
viernes, 2 de mayo de 2014
Miniaturas
Luis García Vegas ha seleccionado algunas de mis fotos de Medina de Rioseco y las ha puesto sobre una pieza de Armand Grèbol que estrené hace varios años.
martes, 22 de abril de 2014
Valladolid
Toqué el Sábado Santo en la capilla del Museo Nacional de Escultura. El programa era un recorrido sonoro por la Pasión.
(Obras de Régis Campo, Charles Gounod, John Tavener, Josep Soler, Joseph Haydn, Francisco García Álvarez, Franz Liszt y Philip Glass)
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domingo, 6 de abril de 2014
Pablo y la poesía
Pablo, mi hijo, me da una preciosa definición de poesía mientras paseamos:
- Papá, si tuviera una rana le pondría de nombre "Pálpito".
- ¿Por qué, hijo?
- No sé explicarlo... es como si en la palabra pálpito hubiera una rana chapoteando.
viernes, 28 de marzo de 2014
Aquel 28 de marzo
Hoy hace 9 años que murió mi padre. Él tenía 59 y yo 33. Sé lo que son 9 años para cualquier cosa que no sea esa distancia: a veces siento que acabo de estar con él y, por el contrario, en otras me parece que ha muerto hace más tiempo del que soy capaz de recordar.
Pese a que la vida me ha hecho tantos regalos maravillosos, mi mundo no tendrá nunca, desde aquel 28 de marzo, esa armonía inaugural de lo completo, esa perfecta emoción de ser y estar todos juntos.
domingo, 9 de febrero de 2014
Valladolid
Participé el miércoles en el programa especial que conmemoraba el 80 aniversario de Radio Valladolid, presentado por Iñaki Gabilondo en el Teatro Calderón.
Estrené Aniversario, de Francisco García Álvarez, expresamente compuesta para la ocasión.
sábado, 14 de diciembre de 2013
Castillo de Fuensaldaña
Toqué el jueves en el acto de entrega del Premio Provincia de Valladolid a la Trayectoria Artística, concedido a la Real Academia de Bellas Artes. Tuvo lugar en el Castillo de Fuensaldaña, sede de las Cortes de Castilla y León durante muchos años.
(Obras de Jordi Codina, Eugenio Fernández Arias, Jacinto Ruiz Manzanares, Benet Casablancas, Pedro Aizpurua, Félix Antonio, Joaquín Díaz y Jesús Legido)
jueves, 5 de diciembre de 2013
Sant Cugat del Vallès
Toqué el programa en homenaje a Jordi Savall el domingo pasado en San Cugat.
Con Armand Grèbol, Benet Casablancas,
Albert Sardà y Carles Guinovart
Obras de Albert Sardá, Armand Grébol, Benet Casablancas, Carles Guinovart, Carme Fernández-Vidal, Carlos Cruz de Castro, Claudio Prieto, Dolores Serrano, Francisco García Álvarez, Jesús Legido, José María García Laborda, Josep Soler, Teresa Catalán y Tomás Marco.
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martes, 3 de diciembre de 2013
Barcelona
Toqué el viernes en Barcelona el programa homenaje a Jordi Savall.
Como siempre en Barcelona, la alegría de encontrar muchos amigos, como los compositores de la imagen: Armand Grèbol, Albert Sardà y Carles Guinovart.
Obras de Albert Sardá, Armand Grébol, Benet Casablancas, Carles Guinovart, Carme Fernández-Vidal, Carlos Cruz de Castro, Claudio Prieto, Dolores Serrano, Francisco García Álvarez, Jesús Legido, José María García Laborda, Josep Soler, Teresa Catalán y Tomás Marco.
viernes, 22 de noviembre de 2013
miércoles, 30 de octubre de 2013
Salud y sensibilidad
Parece
que nada existe fuera de los datos, de las estadísticas convertidas en arma
arrojadiza de una posición y su contraria, como si el mundo se limitase a un
objetivo tan pequeño; como si la política debiera despojarse de toda
sensibilidad hacia los seres humanos. Una palabra que se desprecia e identifica
con algo a medio camino entre la fragilidad y la demagogia. Ante la palabra
“sensibilidad” está de moda responder: “por favor, hablemos en serio” y, acto
seguido, mostrar unas gráficas –generalmente manipuladas- donde se nos muestra
la salud de una persona como una variable más, y no siempre la de mayor
importancia. Tenemos, en demasiadas
ocasiones, la impresión de que los ciudadanos no son la finalidad sino el medio.
Y es un mensaje que va calando: he visto defender ciertos recortes a personas
que no podrían costearse el menor tratamiento fuera de la sanidad pública.
Nadie puede estar en contra de aumentar el control y la eficacia del gasto,
pero sí de una utilización de esos argumentos con el único fin de rebajar el
nivel de la atención a los enfermos.
Durante
meses, acompañé a mi padre cada vez que ingresó en el Hospital Pío del Río
Hortega, y estuve a su lado en las duras sesiones de quimioterapia. Aprendí
entonces que si uno de los cimientos de cualquier sociedad es la educación y el
esfuerzo que a ella se dedica, en su red sanitaria reside el corazón mismo de
los sentimientos de aprecio y respeto hacia los demás. Ese cuidado es la clave
de un baremo que se ignora en los informes a pesar de su enorme trascendencia,
ya que certifica no sólo la salud de los miembros de una comunidad, sino
también, y en idéntica medida, la propia salud de los valores que la dignifican.
(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 27 de octubre de 2013)
domingo, 27 de octubre de 2013
Palencia
Toqué el viernes en Palencia. Un concierto organizado por la Asociación Musical "Amigos de los Clásicos", en la Fundación Díaz Caneja.
lunes, 14 de octubre de 2013
Lamentos y consuelos
La
crisis ocupa todas las conversaciones. En todas partes escuchamos, por breves
que sean, unas palabras de lamento y de consuelo. Las consecuencias son de tal
magnitud que no sólo resulta imperiosa la necesidad de referirse a ellas:
también se percibe un cierto pudor para no ofender a quien carece de trabajo o
a quien sabemos que puede perderlo de inmediato. Ese pudor me lo han
manifestado muchos amigos, incapaces de expresar sus preocupaciones por considerarlas
mínimas y casi ofensivas ante ciertas personas. Asuntos que, sin duda, habrían
motivado largos debates por su importancia, pero que ahora la sensibilidad y la
empatía con esos amigos o conocidos aconsejan soslayar.
Si
no incluyen el despido, hasta graves problemas profesionales son relegados. Más
aún: se ha convencido a buena parte de la ciudadanía de que tener un trabajo es
una especie de regalo, de lujo, como si fuera un privilegio que graciosamente
se nos otorga y en el que va implícito un silencio tan espeso que corre el
riesgo de hacer invisibles los derechos laborales.
Lo
he vivido ayer mismo, mientras paseaba por la Plaza Mayor de Valladolid con un
antiguo compañero, tres años ya desempleado. No sabía qué decirle. No me atrevía
a hablar de los temas de siempre cuando él me mostraba la desolación del paro,
su mirada implacable y crudísima; el deterioro, incluso, de la convivencia con
su pareja en un clima emocional oscuro y carcomido.
Hemos
de felicitar a quienes se esfuerzan en la búsqueda de soluciones a este drama;
y decir, a quienes a diario mienten sobre lo que vemos delante de nuestros
ojos, que aparten su mezquina arrogancia del dolor y la tristeza de aquellos
que sufren.
(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 13 de octubre de 2013)
lunes, 30 de septiembre de 2013
Saber es distinguir
En
cada nueva encuesta se reitera la visión más que negativa de un número
creciente de ciudadanos hacia sus representantes políticos, hasta llegar a
considerarlos como uno de los principales problemas de nuestro país, lo que
supone un desafío de solución difícil y
larga, con unas consecuencias de extraordinaria gravedad. Tanto es así que hoy la
palabra “política” es directamente peyorativa y se utiliza con carácter
denigratorio incluso por concejales, procuradores o diputados: “saquemos la
política de esta negociación”, “usted no quiere que mejoremos, sino hacer
política” o “esta huelga es claramente política”, son ejemplos constantes a los
que poco a poco nos hemos acostumbrado a pesar de ser absurdos en sus términos.
Todo ello lleva a ese “todos los políticos son iguales” que hace tabla rasa sin
matización alguna. Es verdad que muchos políticos han tenido un comportamiento
indecente –sin referirnos a los casos donde se ha cometido delito-; hay que ser
en extremo escrupulosos al gestionar lo que es común y eliminar la endogamia de
su estructura interna que los aísla de la sociedad. Pero no son iguales. No lo
son, ni en historia ni programas, el PP, el PSOE, IU y UPL, por mencionar a los
que tienen representación en las Cortes de la Comunidad. Pero es que ni
siquiera lo son quienes forman parte del mismo partido: no se puede hacer un
análisis tan rápido e impreciso que, por desgracia, tan habitual resulta entre
quienes hablan, sin diferencia alguna, de “los franceses”, “los médicos” o “los
artistas”: etiquetas que hacen muy fácil y cómodo resumir cuanto sucede en el
mundo, aunque se corra el riesgo de olvidar una antigua e indispensable
enseñanza: saber es distinguir.
(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 29 de agosto de 2013)
(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 29 de agosto de 2013)
lunes, 16 de septiembre de 2013
Las Edades y su música
Decía
Carlos Castilla del Pino que un maestro lo es con independencia de lo que
enseñe. Pedro Aizpurua es un perfecto ejemplo de esa idea. Desde hace más de
medio siglo, su presencia en Valladolid ha sido un verdadero regalo para los
músicos –Jesús Legido y Francisco García Álvarez entre ellos- que hacían un
gran esfuerzo por conocer y estudiar la música contemporánea compuesta en todo
el mundo. Pedro llegaba de sus viajes con un material tan valioso -y escaso en
esos momentos- como las últimas obras de Ligeti, Boulez, Nono, Henze o
Lachenmann. Lo compartía con la sencillez y la humildad que han ido dibujando
su rostro y su voz a lo largo del tiempo. Pedro se refería a la música y,
también, a las últimas exposiciones y películas, a los nuevos ensayos que iba a
llenar de subrayados y originales anotaciones, muy útiles para quienes
leeríamos esos textos enriquecidos por él.
No
conozco a nadie que haya vivido tal número de actividades apasionadamente y a
la vez tan desanclado, en una profundidad que le impide cualquier atadura o
dependencia. Pedro jamás ha hablado el lenguaje obsceno del narcisismo, de esa neurótica
vanidad que ensucia cuanto roza. Es evidente que una personalidad así ayuda
poco a la difusión de su trabajo. Por eso he sentido una enorme alegría al
saber que el próximo viernes, 20 de septiembre, volverá a interpretarse su
maravillosa Cantata de las Edades del
Hombre, en el Centro Cultural Miguel Delibes.
Algunos
días, mientras hablamos, intento captar su estado de ánimo, sin conseguirlo
nunca. Les sucede igual a otros amigos. Aunque creo que, si le preguntásemos,
podría respondernos con las palabras de Pedro Casaldáliga: “No soy triste ni
alegre, soy poeta”.
(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 15 de septiembre de 2013)
lunes, 2 de septiembre de 2013
domingo, 1 de septiembre de 2013
Despedida de agosto
Este
agosto que ayer se despidió me ha dejado, igual que el resto de los meses,
algunas músicas y algunos libros a los que –estoy seguro- volveré. Junto a
ellos, quiero recordar un encuentro de amigos de la infancia donde pude sentir
lo mucho que nos unen esos primeros años en común: profesiones, ideologías y
creencias muy distintas, envueltas de forma natural en una raíz común,
alimentada por esos nombres, esas experiencias que no necesitaban ser
explicadas. Una palabra, un gesto nos llevaban a una reacción idéntica, a una
sonrisa o una mueca perfectamente sincronizadas, como un coro dirigido por ese
tiempo, lejano ya, que compartimos. Además, comprobé de nuevo lo fieles que
somos a un modo de comportarnos y a convertir lo aprendido muy pronto en una
segunda naturaleza: quien derrapaba entonces montado en la bicicleta, frenó el
coche rodeado de polvo en el camino de Castilviejo.
Al
pasar por la terraza de Cubero, ya en el centro de Medina de Rioseco, vi que sólo
quedaba una mesa vacía y pensé de inmediato en Adela Gutiérrez y David
Frontela. Sentados y mirándose, mientras un helado iba de una sonrisa a otra, y
yo contemplaba esa belleza insuperable del amor cristalizando ante mí, ajeno al
ritmo que asigna el verano a los sonidos de la calle, un verano al que mi
memoria les asocia.
No
están allí. Lo sé. Adela ha muerto. En uno de sus poemas, James Fenton
escribió: “Creo que los muertos quisieran / que llorásemos por aquello que han
perdido”. Pero lo que han perdido quienes hemos amado tampoco es nuestro por
completo. Nunca podremos disfrutarlo del todo, al menos con ese esplendor maravilloso
que Adela y David nos regalaban, con esa felicidad que será suya para siempre.
(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 1 de septiembre de 2013)
jueves, 22 de agosto de 2013
Distinto, real, emocionante
De
los cinco volúmenes en los que Leonard Woolf publicó sus memorias sólo el
último, que abarca desde 1939 hasta 1969, está traducido al castellano. Un
periodo decisivo en el que la guerra no está presente a través de un
pormenorizado análisis histórico, sino de la experiencia de quien contempla y
sufre el horror, acompañado de amigos entre los que se cuentan algunas de las
mentes inglesas más brillantes de su tiempo. El 28 de marzo de 1941 se suicidó
su esposa, Virginia Woolf, referencia absoluta y definitiva, una escritora
extraordinaria con una personalidad que nos seduce y sobrecoge a lo largo de su obra.
Pero,
además, hay en estas memorias un pensamiento que las cruza y que tiene tanta
vigencia en el lugar y el momento de su escritura como en la Castilla y León de
2013, ya que es el material mismo que distingue las actitudes ante esta crisis
que vivimos: qué lugar ocupa el otro, qué valor tiene en nuestra propia vida.
Seguro que Leonard Woolf suscribiría, también, esas tres pasiones que guiaron
la vida de Bertrand Russell: “el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y
una insoportable piedad por el sufrimiento humano”.
Woolf
defiende una sociedad consciente de que cada uno de sus miembros es un
individuo libre, que sufre y ama igual que yo, porque de lo contrario se le
cosifica y pierde su identidad dentro de una masa etiquetada con un término
aséptico de apariencia técnica. Así resulta mucho más sencillo, incluso para
una eventual justificación, porque las etiquetas no sufren, no aman, no tienen
ojos ni palabras que nos permitan reconocer a ese “otro yo” -tan distinto, tan
real, tan emocionante- que habita en todas las mujeres y en todos los hombres
de este mundo.
(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 17 de agosto de 2013)
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