domingo, 5 de agosto de 2007

Habitación con islas

Leo en la nueva casa una antología de Manuel Moya, Habitación con islas. Moya es un poeta al que conocí por medio de Luis-Felipe Comendador, en esa guarida suya que va creciendo en Béjar y a la que quiero ir este mes de agosto para darle un abrazo, charlar un buen rato y, entre otras cosas, devolverle este libro.
De Habitación con islas transcribo el poema titulado "Castillo de San Pedro".

De las nubes que pasan derruidas,
de los sueños, del propio caminar
doliente y solo, de la hierba
que sigue a la batalla,
no quedas sino tú, el Deshabitado.

lunes, 30 de julio de 2007

La barbarie de la ignorancia

Esta pregunta, que tanto me obsesiona y a la que se ha intentado siempre dar respuesta, surge también en el diálogo de George Steiner con Antoine Spire, publicado en La barbarie de la ignorancia: “¿por qué las humanidades, en el sentido más amplio de la palabra, por qué la razón de las ciencias no nos han dado protección alguna contra lo inhumano? ¿Por qué, efectivamente, como usted acaba de decir, es posible tocar Schubert por la noche y marchar por la mañana a cumplir con sus obligaciones en el campo de concentración? Ni la gran lectura, ni la música, ni el arte han podido impedir la barbarie total. Han llegado a ser el ornamento de esa barbarie, si hay que decirlo todo. A menudo han proporcionado un decorado, una fioritura, un hermoso marco para el horror. El señor Gieseking tocó Debussy –y de manera incomparable, parece- mientras se oían los gritos de quienes pasaban por las estaciones de Munich rumbo a Dachau. Era en medio del campo de Buchenwald y allí, la famosa Buche: el árbol preferido de Goethe. Deliberado simbolismo nazi. Y los ejemplos se multiplican y se multiplican…”.

viernes, 27 de julio de 2007

Pensar

Pensar exige un esfuerzo que muchísimas personas no están dispuestas a hacer. Y no me refiero al pensamiento metafísico ni al pensamiento matemático. No. Me refiero al simple proceso que lleva a razonar. Es cada vez más común la adhesión incondicional a lo que otros dicen, sin pasar por el tamiz, imprescindible, de la razón. Es ésta una sociedad que habla de oídas, que repite los lugares comunes que saltan desde las emisoras de radio o las televisiones, cuando no del puro cotilleo, donde no se necesitan pruebas ni datos para calumniar a cualquiera.
Estar en el mundo es pensar. Dice Josep Soler que -salvadas las necesidades primarias- la única obligación del ser humano es pensar. Pero lo que se denomina ciudadano medio prueba justamente lo contrario.

jueves, 26 de julio de 2007

Papel

Hasta que no se hace una mudanza es imposible saber lo que puede almacenarse. Estoy, literalmente, invadido por el papel. Todo son cajas de libros, revistas, recortes de periódicos, cuadernos, carpetas... En otro apartado, películas y discos. Ahora me doy cuenta de que mi madre y Tere se quejan con razón de este afán compulsivo por adquirirlos. Necesito poseerlos, tenerlos cerca. Dámaso Alonso dijo que los libros abrigan. Y es cierto.

lunes, 23 de julio de 2007

Como un delfín

Durante varias noches, al acostarme, le leído Escrutaba la locura en busca de la palabra, el verso, la ruta, de Charles Bukowski. Otro de los poemarios que se han publicado después de su muerte. En éste, como en ¡Adelante!, que ya he comentado en el blog, se percibe la escritura de un hombre al final de su vida, recordando de un modo especial.
Pero es en los últimos versos del libro donde se muestra toda la desolación del poeta:
"... mientras mi infancia perdida
salta como un delfín
en el mar congelado."
Llevo días pensando en esa imagen, en la visión inconsolable de las últimas horas, cuando todo está -o se siente- vivido, como un mar congelado. Y al fondo, lejana pero nítida, la infancia perdida saltando como un delfín, despreocupada y alegre, ajena a la melancolía infinita de quien la mira.

domingo, 22 de julio de 2007

Mudanza

Este mes está marcado por la mudanza. Después de seis años en este piso, vamos a vivir a una casa que hemos comprado muy cerca de aquí. Perderemos la preciosa vista de la iglesia de Santa María, el más simbólico edificio de Medina de Rioseco. Recuerdo que, cuando nos lo enseñaron, entré al salón, abrí la ventana y decidí alquilarlo. Nos han pasado muchas cosas entre estas paredes. Mejores y peores, como es costumbre en la vida. Y una, verdaderamente excepcional: el nacimiento de Pablo. Echaremos de menos este sitio, pero todo se compensa con la ilusión de la nueva casa: el escenario de nuestro futuro.

sábado, 21 de julio de 2007

André Gide

El 3 de enero de 1892, André Gide escribió en su diario unas palabras que necesito decir hoy: “Me preocupa no saber quién seré, ni siquiera sé quién quiero ser; pero bien sé que hay que elegir. Querría andar por caminos seguros, que lleven sólo allí adonde habría decidido ir; pero no sé; no sé lo que debo querer. Siento mil identidades posibles en mí; pero no puedo resignarme a no querer ser más que una. Y me asusto, a cada instante, a cada palabra que escribo, a cada gesto que hago, de pensar que es un rasgo más, imborrable, de mi figura, que se fija; una figura dudosa, impersonal; una figura cobarde, puesto que no he sabido elegir y delimitarla fieramente”.
No creo que este fragmento sea fruto de cierta inconsciencia juvenil –Gide tenía veintidós años cuando lo escribió-, sino de la inquietud de quien no se resigna a la vida horizontal y plana a la que sucumbe la mayoría. Esa visión de la existencia con un carácter, por usar términos musicales (Gide tocaba el piano), polifónico, vertical, conlleva una angustia permanente. Pero Josep Soler nos ha enseñado, aunque en un contexto distinto, que el arte es un medio de aumentar el nivel de angustia, y que todo artista necesita afirmar aquel fondo básico y esencial de la angustia, que es pórtico a la obra de arte; éste no es sublimación de una neurosis ni medio de curación para ella: debe ser un modo de aumentarla y así hacerla aún más patente. En su conclusión no hay concesiones: el consuelo del dolor es más dolor. Si consideramos, como Josep, que en un mundo perfecto no existiría el arte, y que es comparable el vacío de esa pérdida –de la nostalgia del paraíso- con la más concreta de la muerte de alguien a quien amamos, tiene sentido unir esta idea con otra que escribió Nietzsche con apenas catorce años: “una característica singular del corazón humano es que, si sufrimos una gran pérdida, en vez de esforzarnos por olvidar, tratamos de pensar en ello lo más a menudo posible, como si en el continuo relatarnos a nosotros mismos nuestra desgracia lográsemos un verdadero consuelo para nuestro dolor”.

domingo, 8 de julio de 2007

Ramón Barce


Hablo con Ramón Barce. Van a hacer un ciclo sobre su obra y quiere que yo dé un recital con su música para piano. Ramón es una de las personas más inteligentes y cultas que he conocido. Le agradezo su cariño y, naturalmente, su confianza.

sábado, 7 de julio de 2007

Teatro


En Ricardo III, de William Shakespeare, se produce una relación entre la crueldad del propio Ricardo y las confesiones dramáticas sobre sí mismo, que consigue una sorprendente verosimilitud en lo impuesto al personaje hasta encajarlo con su destino sanguinario. No hay perdón posible para Ricardo, pero sí hay coherencia para el lector del texto o el espectador de la obra teatral. Una búsqueda puesta de manifiesto en Looking for Richard, la película protagonizada por Al Pacino, que indaga en esta obra de Shakespeare desde diversos puntos de vista. Frederic Kimball hace en ella un apasionado alegato sobre la tradición, como herencia de los actores, con la que estoy plenamente de acuerdo. Aludo a esa idea en mis clases, porque estoy convencido de la importancia del trabajo del intérprete dentro de su lenguaje, ya sea músico o actor. Me interesa mucho la teoría del teatro porque encuentro en ella cuestiones esenciales que son válidas para la interpretación de la música. Libros como El teatro y su doble, de Antonin Artaud; Más allá del espacio vacío y La puerta abierta, de Peter Brook; El cuerpo poético, de Jacques Lecoq o El trabajo del actor sobre sí mismo, de Konstantin Stanislavski, entre muchos otros, me han resultados tan útiles como los específicos en materia musical.

lunes, 2 de julio de 2007

Charles Bukowski


¡Adelante! es un libro de Charles Bukowski publicado póstumamente. Uno de los muchos manuscritos que conserva su editor, John Martin, y que van apareciendo de forma paulatina. Aparecen en él sus constantes esenciales: el alcohol, el hipódromo o las mujeres, pero también la voz de un hombre viejo y enfermo, un Bukowski crepuscular que tiene muy cerca la presencia de muerte.

domingo, 1 de julio de 2007

Norman Mailer


En El Evangelio según el Hijo, Norman Mailer muestra a un Jesús de Nazaret capaz de sentir remordimientos y dudas; impetuoso y vulnerable: profundamente humano ante su destino.
(Razón y desencanto)

jueves, 28 de junio de 2007

Emilio Lledó


Leo una preciosa carta que me envía Emilio Lledó, a propósito de mi libro El tiempo incinerado. Siento una enorme sorpresa y una gran alegría por la opinión que ha merecido mi diario a un maestro como él.
Muchísimas gracias.

domingo, 24 de junio de 2007

Educación

En mi cuaderno de notas, una curiosidad: Aristófanes: “Educar a los hombres no es como llenar un vaso, es como encender un fuego”. Plutarco: “El cerebro no es un vaso por llenar, sino una lámpara por encender”. Montaigne: “Un niño no es una botella que hay que llenar, sino un fuego que es preciso encender”. Yeats: “La educación no es llenar el cubo, sino encender el fuego”.
(El tiempo incinerado)

martes, 19 de junio de 2007

Carlos Monsiváis


Leo Las alusiones perdidas, de Carlos Monsiváis, un autor que, según Octavio Paz, es "un nuevo género literario". Esas "alusiones perdidas" son todas las referencias que la ignorancia y el analfabetismo desprecian hasta hacerlas desaparecer: las alusiones históricas, literarias, que se constituían en un cimiento común desde el que reflexionar.

viernes, 15 de junio de 2007

La melancolía de los inocentes


“La injusticia no es difícil de soportar cuando son otros quienes la sufren. Uno asume enseguida el dolor que no experimenta”. Este es el comienzo de La melancolía de los inocentes, una novela de Jean-Pierre Milovanoff, donde la memoria no sólo sirve como soporte de la narración, sino que le presta su auténtico sentido. Victorin Jouve recuerda la historia de su familia, llena de personajes peculiares y algunas ausencias que nunca dejarán de obsesionarle: “Le digo esto para que comprenda cómo soy y para que no concluya demasiado rápido que uno se acostumbra a la ausencia. Uno jamás se acostumbra a ella. Se soporta como se puede, lo cual es muy distinto. La hacemos nuestra, la incorporamos a nuestras vidas, dejamos que nos habite, que nos ocupe. Se vela y duerme con ella. Si logras olvidarla gracias a los calmantes, al despertar, resurge con fuerza renovada. Tan pronto hace el vacío en nuestros cerebros impidiéndonos reaccionar como nos transporta a un paraíso enlutado, sustraído a la vida, más insaciable que el otro”.
(El ausente lo modifica todo, se convierte en la referencia que mide los actos más comunes y los sucesos extraordinarios. Mi padre se proyecta sobre mí con una intensidad superior a cuando estaba vivo, de una forma consciente y absoluta. El amor de quien ha muerto no deja de crecer, se fermenta y consume, despojado de vanos adornos que limitan y mienten.)
Victorin Jouve vuelve constantemente a su pasado, y pese a saber que no es posible hacer ese trayecto sin cambiar nada, intenta ser riguroso con la verdad, para no cometer ninguna traición con una familia que no tendrá continuidad tras él.
(Razón y desencanto)

miércoles, 13 de junio de 2007

Miguel Frechilla


Rítmica, dinámica, pedal, de Karl Leimer, fue el libro que Miguel Frechilla, al finalizar nuestra primera clase, sacó de las estanterías de su biblioteca para decirme que lo leyera. Así terminó cada una de sus inolvidables lecciones, semana tras semana, durante algo más de cuatro años. Hoy he pasado la tarde estudiando en su piano, junto a todos los discos y libros que rodean la estancia en la que Miguel me enseñó, con su característico apasionamiento, a amar la música sobre todas las cosas de este mundo. Muchos alumnos sienten verdadera aversión a las escalas, arpegios y cualquier otro tipo de ejercicio. A Miguel, por el contrario, le fascinaron desde su primer encuentro con el instrumento. Encontraba un placer sensual en el contacto con el teclado y estaba convencido de que la música estaba en la mayor o menor inteligencia del intérprete para extraer algo valioso de cualquier texto, por inexpresivo que pareciese. Creo que de ahí venía su enorme capacidad para disfrutar, no sólo con la música, sino en todos los aspectos de la vida. (Daniel Barenboim, en Una vida para la música, ha escrito que desde muy temprana edad, siguió el principio de “no tocar jamás, ni una nota, mecánicamente.”)
Ya muy enfermo, fui a visitar a Miguel al hospital y lo encontré como esperaba: leyendo la prensa (ABC y El Norte de Castilla) e interesándose por mi trabajo. Era un hombre incondicional, para lo bueno y para lo malo. Yo tuve suerte: siempre estuvo de mi parte.

lunes, 11 de junio de 2007

William Saroyan


La comedia humana. En Ithaca, al oeste de los Estados Unidos, un adolescente llamado Homer Macauley emprende un viaje a los secretos del mundo desde su trabajo como mensajero en la oficina de telégrafos. En esa población y, sobre todo, a través de sus habitantes, William Saroyan muestra la descarnada presencia de la muerte y sus imborrables marcas.
(Razón y desencanto)

miércoles, 6 de junio de 2007

Naxos


He estado en Madrid esta mañana, asistiendo a la celebración del veinte aniversario de la discográfica Naxos. Los últimos registros de este sello se deben a Guillermo González: la obra completa de Ernesto Halffter para piano y un nuevo disco de la serie dedicada a Isaac Albéniz.
He ido con Luis García Vegas y allí nos hemos encontrado con Nona y Guillermo, Belén y Marc, Pepe Gómez...