Leo Tocar los libros, de Jesús Marchamalo, y anoto este fragmento: "Me contaron de Cortázar una historia fantástica; la de esa biblioteca deshojada, volandera, en Italia. Viajaba con su mujer, Aurora, a mediados de los años cincuenta, en tren, y para no cargar con equipaje innecesario acostumbraban a comprar libros en las librerías de las estaciones, para los trayectos. Compraban un título que leían juntos, en general primero Julio, que cuando terminaba una página la arrancaba y se la pasaba a Aurora, sentada a su lado, que cuando acababa de leerla la arrojaba por la ventanilla".
jueves, 29 de julio de 2010
lunes, 19 de julio de 2010
Tarrasa y Barcelona
El jueves di un recital en el Auditorio de Tarrasa.Poco antes, participé en una mesa redonda junto a Jacobo Durán-Loriga, Enric Ferrer, Armand Grèbol y Albert Sardà, dentro del Curso de Música Contemporánea, que alcanza este año su vigésima edición.

Después, Álvaro y yo hemos estado tres días en Barcelona, disfrutando de la ciudad -y sufriendo las altas temperaturas- con Cati y María-José Santos; con Francesc Mitjana y Josep Soler.
Por fin, pude conocer personalmente a Nuria Casellas, autora de los bellísimos versos sobre los que Josep compuso sus Cuatro estudios-poemas.
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martes, 13 de julio de 2010
jueves, 8 de julio de 2010
El nudo de la pérdida

La revista Cuadernos del matemático publica una preciosa reseña de Luis-Ángel Lobato a mi segundo libro de diarios:
En abril de 2005, el músico y escritor nacido en Medina de Rioseco (Valladolid) Diego Fernández Magdaleno nos sobresaltó con la publicación de su diario, correspondiente al año 2004, El tiempo incinerado. Ahora, de la mano de la misma editorial, que con tanto acierto y delicadeza dirige el querido poeta y editor Luis Felipe Comendador, aparece Razón y desencanto, nuevo diario que abarca los años 2005 y 2006.
La raíz última de este diario —del que comentaré tres o cuatro ideas que me obsesionan, dejando para los lectores la trama— es la necesidad de ser escrito. En esa urgencia está su finalidad. Se trata de un libro obligatorio, ya que supone un ajuste de cuentas del autor con el entorno, el suyo propio y el de los seres queridos con los que convive. Más aún; con el mundo en el que habita, que adquiere trascendencia porque subsiste algo que llamamos música, pintura o literatura; también hospitales, dolor y enfermedad; incluso los rescoldos de una pasada placidez.
En marzo de 2005 muere Diego Fernández Piera, su padre, uno de los hombres más dignos que yo he conocido, quien sabiendo de su propia enfermedad, nunca le faltó un gesto de ánimo hacia mí, hacia mis futuros versos. Esa misma dignidad es la que recorre todo el libro de su hijo Diego; también el apremio imposible de recuperarlo: "Renunciaría a tener hijos si con ello lograra que él estuviera aquí. Sin duda. No hay compensaciones entre seres humanos". Es entonces cuando la misma realidad se desvanece y se afinca el nudo silencioso de la pérdida, que deambula entre habitaciones y corrales, a través del reflejo de las calles y ensombreciendo rostros asustados. Yo, como lector -y mi amistad con Diego se cuenta por decenios—, quedo atrapado y admirado por el hervidero de lecturas, citas y nombres que convergen, sin piedad para la ignorancia, en las páginas de su libro. Y se lo agradezco: no lo hace para recrearse en su cultura enciclopédica, sino que esos autores, poemas y partituras remarcan la desolación de su circunstancia y él los convierte en supervivencia, en esa entereza que luego, con generosidad, comparte con los amigos.
Después de dos intensas lecturas, diría que estarnos ante un libro sobre interrogantes, sobre ciertas incógnitas de la vida y de un hábitat que late, al fondo de los días, como una locomotora incansable: el porqué de la muerte y del vacío que nos penetra tras su retirada, del inhumano orden de la Historia, de la oligarquía de dos partidos políticos —esto es cosecha mía, pero imagino que Diego me lo aceptará- o de un sistema educativo que ningunea a genios como T. S. Eliot, Richard Estes o Arnold Schönberg.
Transcurren los meses y las aguas negras del tiempo no sepultan —nunca lo harán- las ruinas del dolor y hacen absurdos e insoportables los acontecimientos que otros se toman —con alegría— a vida o muerte: demostrar ser más de izquierdas que los demás, creerse en posesión de las claves de la economía de occidente o aparecer orgulloso con un horrendo relato en una recopilación sin ni siquiera haber participado en el certamen. Pero no siempre esto sucede; a veces se congela el desconsuelo, durante un par de horas, en momentos íntimos y sencillos: el café con unos compañeros, las charlas informales sobre cine o literatura, los encuentros imprevistos en una librería, los viajes familiares, los conciertos...
El sábado, 2 de septiembre de 2006, nace Pablo, el hijo de Diego, el nieto de su padre Diego. Ante el amanecer de otra vida, quizás con una nueva música en los ojos, nuestro autor, artífice también de un brutal y premonitorio poemario que le persigue por la sangre, titulado Libro del miedo, escribe el 31 de diciembre de 2006: "Mi padre. Esta imagen que sueña con dejar el invierno suspendido en la luz". Y así, sin concesiones, concluye, como una losa en el cerebro, este duro y milagroso diario.
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domingo, 4 de julio de 2010
Béjar
El jueves fui a Béjar con mi hermano Álvaro. Pasamos un día estupendo junto a dos grandes amigos: Luis-Felipe Comendador y Albert Sardà.
lunes, 28 de junio de 2010
Madrid
Luis García Vegas y yo hemos pasado la mañana del sábado en casa de Nona y Guillermo González.
Guillermo es un pianista que reflexiona constantemente sobre su trabajo. Su conversación se remite siempre a lo esencial, a esos aspectos que sólo una inteligencia como la suya puede percibir, para desmenuzarlos luego ante el interlocutor con una claridad portentosa.
Guillermo es un pianista que reflexiona constantemente sobre su trabajo. Su conversación se remite siempre a lo esencial, a esos aspectos que sólo una inteligencia como la suya puede percibir, para desmenuzarlos luego ante el interlocutor con una claridad portentosa. viernes, 25 de junio de 2010
Premio Gómez Bosque
Anteayer di un breve concierto en el acto de entrega del Premio Gómez Bosque, otorgado a la Fundación Pablo Iglesias y recogido por su presidente, Alfonso Guerra. 

martes, 22 de junio de 2010
Ciclo Chopin-Schumann
Comienza hoy el Ciclo Chopin-Schumann organizado por Caja España, con la excelente coordinación, como es costumbre, de Luis García Vegas.
VALLADOLID, 22 de junio
Salón de Actos Caja España (Plaza Fuente Dorada)
Raquel del Val
Obras de Chopin, Schumann, Albéniz, Gottschalk, Chaminade y Larregla
Salón de Actos Caja España (Plaza Fuente Dorada)
Raquel del Val
Obras de Chopin, Schumann, Albéniz, Gottschalk, Chaminade y Larregla
VITORIA, 18 de septiembre
Catedral de Santa María
Fundación Catedral Santa María
Judith Jáuregui
Obras de Chopin, Schumann y Mompou
ZARAGOZA, 20 de septiembre
Edificio Paraninfo de la Universidad de Zaragoza (Aula Magna)
Pablo de Naverán (cello) y Alexander Kandelaki (piano)
Obras de Chopin y Schumann
GUADALAJARA, 28 de octubre
Centro Cultural San José
Fundación Siglo Futuro de Guadalajara
Diego Fernández Magdaleno
Obras de Chopin, Schumann y compositores contemporáneos
VIGO, 11 de noviembre
Auditorio “Martín Codax” del Conservatorio Superior de Música
Antonio Baciero
Obras de Chopin y sus contemporáneos en Polonia y en España
PLASENCIA, 16 de noviembre
Centro Cultural de Santa María
Diego Fernández Magdaleno
Obras de Chopin, Schumann y compositores contemporáneos
JAÉN, 22 de noviembre
Paraninfo del Conservatorio de Música
Clases magistrales (23 y 24 de noviembre)
Guillermo González
Obras de Schumann
sábado, 19 de junio de 2010
Las pequeñas memorias
No se sabe todo, nunca se sabrá todo, pero hay horas en que somos capaces de creer que sí, tal vez porque en ese momento nada más nos podría caber en el alma, en la conciencia, en la mente, comoquiera que se llame eso que nos va haciendo más o menos humanos. Miro desde lo más alto del ribazo la corriente que apenas se mueve, el agua casi plomiza, y absurdamente imagino que todo volvería a ser lo que fue si en ella pudiese volver a zambullir mi desnudez de la infancia, si pudiese retomar en las manos que tengo hoy la larga y húmeda vara o los sonoros remos de antaño, e impeler, sobre la lisa piel del agua, el barco rústico que condujo hasta la frontera del sueño a un cierto ser que fui y que dejé encallado en algún lugar del tiempo.
martes, 15 de junio de 2010
Premios Café Compás
El jueves participé en la ceremonia de entrega de los Premios Café Compás. El acto iba a celebrarse en los jardines del Palacio de Santa Cruz pero, debido a la lluvia, tuvimos que trasladarnos al Paraninfo de la Universidad de Valladolid, completamente lleno de público.
El motivo de la presente edición del certamen era la música, por lo que antes de entregar uno de los premios hablé muy brevemente sobre música y literatura.
El motivo de la presente edición del certamen era la música, por lo que antes de entregar uno de los premios hablé muy brevemente sobre música y literatura.
Mi enhorabuena a los premiados y, por el gran éxito de la convocatoria, a los organizadores.
miércoles, 9 de junio de 2010
Toto
Cuando vi a Néstor Novo en la puerta, con una bandeja de pasteles, lo recordé: su padre -mi amigo Antonio, mi querido Toto- habría cumplido cien años.
Era un hombre bondadoso hasta el extremo, capaz de un desprendimiento material que le hacía único e invulnerable. Junto a Toto pasé casi toda mi adolescencia, feliz al disfrutar de su admirable ejemplo, de una sabiduría que llenaba cada hora de sorpresas, de misterios desvelados: la plenitud de un ser irrepetible.
Cuando Toto murió, Néstor puso junto a él una bolsa con objetos que fueron muy importantes en su vida. Además, algunas fotos. En una de ellas, Toto y yo mirábamos a la cámara.
lunes, 31 de mayo de 2010
Soledad sonora
Mi hermana Alicia ha encontrado una carpeta mía llena de recortes y papeles. Entre ellos, el texto que leí en la presentación de Soledad sonora:He tenido la suerte de trabajar con muchos compositores sus propias obras. Ese es uno de los mayores atractivos de la música contemporánea. Pedro Aizpurua es, sin duda, un caso especial por muchas razones. Especial porque no tengo memoria de mí mismo sin que pueda recordar, de alguna manera, su presencia. En Medina de Rioseco, siendo aún niño, le escuché, justo a su lado, tocar en el órgano de Santa María. Le escuchaba, como digo, esas músicas que podían ser de Cabezón, de Correa de Arauxo, de Cabanilles. En ese mismo instrumento habían tocado mi bisabuelo, mi abuelo Pablo y sus hermanos, y era casi una obligación familiar quererlo y tocarlo. Y en él comenzaba yo, más que a tocar, a solfear con los dedos. Pues bien, allí estaba Pedro Aizpurua, que por entonces era director del Conservatorio de Valladolid, un cargo que a mí, en aquellos años, como niño fascinado por la música, me parecía mucho más importante que el de presidente de los Estados Unidos.
Pedro me examinó muchas veces en el Conservatorio, algunas de ellas con Ángeles Porres, así que verlos juntos, sentados como ahora, detrás de una mesa, me predispone a cierto nerviosismo, como el que suscitaba la visión de los retratos de Schubert y Wagner que te recibían en el Conservatorio, cuando estaba en el Hospital Viejo. Había rincones del edificio que resultaban siniestros, sobre todo en la época invernal. Miguel Frechilla, antes de alguna clase de música de cámara, me señaló uno de ellos, diciéndome con un gesto de terror: "Mira, Diego, este lateral es idéntico al de la casa de Psicosis." Frechilla era, de natural, exagerado, pero en la temporada de exámenes parecía que su descripción se ajustaba minuciosamente a la realidad.
Dice Agustín González Acilu que la primera acción del tiempo consiste en ablandar. En esa conversación se refería a la agresividad mayor o menor de diversos procedimientos musicales, aunque también sirve para el recuerdo en general. Hoy no puedo ver ese edificio sin sentir cierta melancolía, no por el edificio mismo, sino por todo lo que allí vivimos, las personas que estaban y ya se han jubilado, o las personas que estaban y ya no están en ninguna parte.
Pedro me examinó muchas veces en el Conservatorio, algunas de ellas con Ángeles Porres, así que verlos juntos, sentados como ahora, detrás de una mesa, me predispone a cierto nerviosismo, como el que suscitaba la visión de los retratos de Schubert y Wagner que te recibían en el Conservatorio, cuando estaba en el Hospital Viejo. Había rincones del edificio que resultaban siniestros, sobre todo en la época invernal. Miguel Frechilla, antes de alguna clase de música de cámara, me señaló uno de ellos, diciéndome con un gesto de terror: "Mira, Diego, este lateral es idéntico al de la casa de Psicosis." Frechilla era, de natural, exagerado, pero en la temporada de exámenes parecía que su descripción se ajustaba minuciosamente a la realidad.
Dice Agustín González Acilu que la primera acción del tiempo consiste en ablandar. En esa conversación se refería a la agresividad mayor o menor de diversos procedimientos musicales, aunque también sirve para el recuerdo en general. Hoy no puedo ver ese edificio sin sentir cierta melancolía, no por el edificio mismo, sino por todo lo que allí vivimos, las personas que estaban y ya se han jubilado, o las personas que estaban y ya no están en ninguna parte.
Miguel Frechilla me mostró la primera partitura con notación no convencional que vi en mi vida. Era 2 F-Z, de Aizpurua, basada en un estudio fonológico de los nombres Frechilla y Zuloaga, el dúo pianístico al que está dedicada, y que interpretaron en numerosos países, de Rusia a los Estados Unidos. Cuando ingresé en la Real Academia de Bellas Artes de Valladolid, decidí que el tema de mi discurso sería la creación musical contemporánea, centrada en la obra de Pedro Aizpurua, sin olvidarme de su trabajo docente. Pedro es un maestro de espíritu socrático. En sus clases nunca pudimos observar el absurdo dogmatismo que suele maquillar el desconocimiento de quien lo practica con abundante insistencia. Esa rigidez conceptual oculta inseguridad y, en muchas ocasiones, pura y simple ineptitud: miedo a profundizar, a moverse por terrenos que no son fácilmente demostrables, por razonamientos que no conducen a certezas absolutas. Dentro del máximo rigor técnico en lo que debe tenerlo, las clases de Pedro estaban presididas por un sano y profundo aire de libertad, que beneficia -tanto como perjudica lo contrario- la formación y la propia independencia del alumno. Para Aizpurua, la música posee un mensaje maravilloso, y no comprende a quienes lo utilizan como podio para obtener beneficios particulares. Lo dice tras haberlo puesto en práctica a lo largo de toda su vida, pues hay quien afirma poseer estos valores, sin duda escasos, para esconder un desmesurado y neurótico deseo de protagonismo.
Una personalidad con estas cualidades es perjudicial para la difusión de sus obras, pues no puede -ni siquiera lo intenta- traspasar el denso y desmesurado tejido mercantil que condiciona las directrices de los organismos encargados de la difusión cultural. Si observamos quiénes son los autores más interpretados actualmente, comprobaremos, entre muchas más, dos cosas: la primera es que incluso los más difundidos, lo son muy poco y, la segunda, que algunos de tos que pasarán a la historia de la música de nuestro país, están reducidos casi al ostracismo y, por el contrario, varios de los que representan a España en festivales, conciertos y ciclos monográficos, carecen de conocimientos musicales serios, que suplen con una cínica retórica, convirtiendo en objeto de más interés los comentarios a una obra que la propia obra en sí misma. Al margen de todo esto, Aizpurua es un creador que camina siempre hacia adelante. Lo que está hecho le sirve como punto de partida. En sus "Divagaciones sobre una Cantata", Pedro afirma que "el hecho creador emerge misterioso desde el subsuelo humano y del inconsciente, para posteriormente intentar ordenarlo de manera racional. No menos misterioso resulta por parte del oyente, cuya escucha recorre el camino inverso".
Ese misterioso proceso que relataba Aizpurua podemos encontrarlo en unas palabras de Martin Heidegger: "El artista es el origen de la obra. La obra es el origen del artista. Ninguno puede ser sin el otro. Pero ninguno de los dos soporta al otro por separado. El artista y la obra son en sí mismos y recíprocamente por medio de un tercero que viene a ser lo primero, aquello donde el artista y la obra reciben sus nombres: el arte".
Este disco contiene toda la obra para piano de Aizpurua, y es una muestra de su estética y su escritura como objetivación de la corriente que fluye desde ese subsuelo humano que él menciona. Se trata de un compositor sin prejuicios, libre, de inagotable curiosidad y que tiene detrás el conocimiento de la historia que no puede olvidarse ni, mucho menos, despreciarse. Por ello, hay en Resonancias y Clusteriana Didakus una base de antífonas gregorianas, a la vez que en el Homenaje musical al silencio hay una síntesis de elementos característicos que abarcan desde el canto gregoriano a la electroacústica. Eso lo integra a su lenguaje de un modo coherente: la música de Pedro es muy personal, inconfundible, a través de la organización y la estructura, un sentido formal en el que incorpora, sorprendentemente, incluso el silencio prolongado.
Un disco no es sólo un soporte del sonido, es también un objeto. Por tanto, cuando pensamos en su diseño, no dudamos en que estuviera a cargo de Jesús Capa. Primero, porque es un pintor excelente; después, porque está ligado a la obra de Aizpurua, ya que siempre que he tocado el Homenaje musical al silencio, ha sido con la compañía de cuatro de sus obras en el escenario. Y ha influido en el resultado final de la grabación de esta obra, por lo siguiente: el efecto que Aizpurua quería conseguir con los silencios hacían que éstos variasen de duración entre la interpretación en directo y la grabada. Era necesario menos tiempo en la versión discográfica y no solamente porque no se estuviera en un lugar público, viendo a un pianista permanecer en silencio; también se debe, en mi opinión, a la ausencia de los cuadros de Capa, a su conmovedora serenidad que acortaba el silencio a través de la mirada. Gracias, por tanto, a Jesús Capa. Gracias a Several Records y a Armando Fernández por la alegría de la grabación, gracias a Caja España por la generosa hospitalidad de siempre.
Quiero dar las gracias a Ángeles Porres. Angelines es el músico profesional que, en España, ocupa el más importante cargo estrictamente político. Y el problema que tiene en los agradecimientos es el de ser concejal y teniente de alcalde del Ayuntamiento de Valladolid, porque todo lo que yo diga puede ser interpretado como un gesto de vulgar adulación. Pero yo quería a Angelines antes de que ocupara un cargo público, y la seguiré queriendo cuando deje de ejercerlo. Ella ha sido la impulsora de este disco, la que lo ha alentado desde el primer momento. Me gusta pensar que este disco es de los tres. Para que hoy estemos celebrando esta presentación han sido imprescindibles Pedro y Angelines, el pianista, sin embargo, podría haber sido otro.
Por último, gracias a Pedro por su música, por su amistad: ambas se mezclan en este disco. Ha sido para mí verdaderamente emocionante poder grabarlo y entrar una vez más en estas músicas, en la belleza de todo aquello que no puede permanecer en silencio porque el arte surge de una necesidad interior, como escribió Kandinsky, y esa necesidad es, en su esencia, irrefrenable. Un acto maravilloso que es una muestra de amor y de consuelo.
Una personalidad con estas cualidades es perjudicial para la difusión de sus obras, pues no puede -ni siquiera lo intenta- traspasar el denso y desmesurado tejido mercantil que condiciona las directrices de los organismos encargados de la difusión cultural. Si observamos quiénes son los autores más interpretados actualmente, comprobaremos, entre muchas más, dos cosas: la primera es que incluso los más difundidos, lo son muy poco y, la segunda, que algunos de tos que pasarán a la historia de la música de nuestro país, están reducidos casi al ostracismo y, por el contrario, varios de los que representan a España en festivales, conciertos y ciclos monográficos, carecen de conocimientos musicales serios, que suplen con una cínica retórica, convirtiendo en objeto de más interés los comentarios a una obra que la propia obra en sí misma. Al margen de todo esto, Aizpurua es un creador que camina siempre hacia adelante. Lo que está hecho le sirve como punto de partida. En sus "Divagaciones sobre una Cantata", Pedro afirma que "el hecho creador emerge misterioso desde el subsuelo humano y del inconsciente, para posteriormente intentar ordenarlo de manera racional. No menos misterioso resulta por parte del oyente, cuya escucha recorre el camino inverso".
Ese misterioso proceso que relataba Aizpurua podemos encontrarlo en unas palabras de Martin Heidegger: "El artista es el origen de la obra. La obra es el origen del artista. Ninguno puede ser sin el otro. Pero ninguno de los dos soporta al otro por separado. El artista y la obra son en sí mismos y recíprocamente por medio de un tercero que viene a ser lo primero, aquello donde el artista y la obra reciben sus nombres: el arte".
Este disco contiene toda la obra para piano de Aizpurua, y es una muestra de su estética y su escritura como objetivación de la corriente que fluye desde ese subsuelo humano que él menciona. Se trata de un compositor sin prejuicios, libre, de inagotable curiosidad y que tiene detrás el conocimiento de la historia que no puede olvidarse ni, mucho menos, despreciarse. Por ello, hay en Resonancias y Clusteriana Didakus una base de antífonas gregorianas, a la vez que en el Homenaje musical al silencio hay una síntesis de elementos característicos que abarcan desde el canto gregoriano a la electroacústica. Eso lo integra a su lenguaje de un modo coherente: la música de Pedro es muy personal, inconfundible, a través de la organización y la estructura, un sentido formal en el que incorpora, sorprendentemente, incluso el silencio prolongado.
Un disco no es sólo un soporte del sonido, es también un objeto. Por tanto, cuando pensamos en su diseño, no dudamos en que estuviera a cargo de Jesús Capa. Primero, porque es un pintor excelente; después, porque está ligado a la obra de Aizpurua, ya que siempre que he tocado el Homenaje musical al silencio, ha sido con la compañía de cuatro de sus obras en el escenario. Y ha influido en el resultado final de la grabación de esta obra, por lo siguiente: el efecto que Aizpurua quería conseguir con los silencios hacían que éstos variasen de duración entre la interpretación en directo y la grabada. Era necesario menos tiempo en la versión discográfica y no solamente porque no se estuviera en un lugar público, viendo a un pianista permanecer en silencio; también se debe, en mi opinión, a la ausencia de los cuadros de Capa, a su conmovedora serenidad que acortaba el silencio a través de la mirada. Gracias, por tanto, a Jesús Capa. Gracias a Several Records y a Armando Fernández por la alegría de la grabación, gracias a Caja España por la generosa hospitalidad de siempre.
Quiero dar las gracias a Ángeles Porres. Angelines es el músico profesional que, en España, ocupa el más importante cargo estrictamente político. Y el problema que tiene en los agradecimientos es el de ser concejal y teniente de alcalde del Ayuntamiento de Valladolid, porque todo lo que yo diga puede ser interpretado como un gesto de vulgar adulación. Pero yo quería a Angelines antes de que ocupara un cargo público, y la seguiré queriendo cuando deje de ejercerlo. Ella ha sido la impulsora de este disco, la que lo ha alentado desde el primer momento. Me gusta pensar que este disco es de los tres. Para que hoy estemos celebrando esta presentación han sido imprescindibles Pedro y Angelines, el pianista, sin embargo, podría haber sido otro.
Por último, gracias a Pedro por su música, por su amistad: ambas se mezclan en este disco. Ha sido para mí verdaderamente emocionante poder grabarlo y entrar una vez más en estas músicas, en la belleza de todo aquello que no puede permanecer en silencio porque el arte surge de una necesidad interior, como escribió Kandinsky, y esa necesidad es, en su esencia, irrefrenable. Un acto maravilloso que es una muestra de amor y de consuelo.
martes, 25 de mayo de 2010
Fundación Serrada
El viernes se celebró en Serrada la entrega de los Premios Racimo de las Artes. Tuve el gran honor de recibir el correspondiente a la modalidad de Música. Y lo recibí, además, de las manos de Antonio Baciero, un amigo y maestro extraordinario.
Allí expresé mi mayor agradecimiento y, naturalmente, tuve un recuerdo para mi padre, que tanto hubiera disfrutado de ese día. Desde que murió, ya nada es perfecto.
La última parte del acto fue un breve recital. En el programa estaba la pieza que Albert Sardà compuso en memoria de mi padre.
Con Jesús Quijano, Luis García Vegas, Félix Cuadrado Lomas, Antonio Baciero y Emilio Álvarez Villazán.
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domingo, 23 de mayo de 2010
martes, 18 de mayo de 2010
Valladolid

Ayer di un concierto en Valladolid, organizado por Juventudes Musicales, con un programa de música española contemporánea.
Como siempre, fue muy grato encontrar en el público a tantos amigos.
domingo, 9 de mayo de 2010
Barcelona
El viernes di un concierto en Barcelona, dentro el Ciclo de Música de los Siglos XX y XXI que organiza la Fundación Música Contemporánea.
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martes, 4 de mayo de 2010
Josep Soler. Compondre i viure
Se ha publicado recientemente Josep Soler i Sardà. Compondre i viure. Por diversas razones es muy importante para mí: he colaborado con un texto sobre la obra para piano de Josep y, además del libro, se ha editado un disco -que incluye mi grabación de Polifonías-, un documental -en el que, junto a otros, hablo de Josep al lado de Albert Sardà y del inolvidable Ramón Barce-, y un DVD con El misterio de San Francisco.jueves, 29 de abril de 2010
Libro del miedo
El pasado 30 de marzo se estrenó en Santander una obra de Francisco García Álvarez, compuesta sobre tres poemas de mi Libro del miedo. Los intérpretes fueron Eduardo Santamaría (tenor), Francisco García Álvarez (viola) y Rosa Goitia (piano).
sábado, 24 de abril de 2010
Homenaje a José-Antonio Pizarro de Hoyos
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