Hace aproximadamente un mes recibí unas partituras procedentes de la embajada española en Corea del Sur: Delfín Colomé, el embajador, me enviaba algunas de sus obras para piano. Poco antes, en un correo electrónico, se disculpaba por resultarle imposible componer una pieza en homenaje a Ramón Barce: estaba con un tratamiento de quimioterapia, pero me escribía con ese ánimo tan propio de Delfín, seguro de superar su enfermedad. Pero, desgraciadamente, ayer ha muerto.