Recordando a Miguel Frechilla
Cada cinco de julio llamaba a Miguel Frechilla para felicitarle por su cumpleaños. Siempre respondía lo mismo: "estoy mejor que nunca".
Hablábamos prácticamente a diario y así, también a diario, le recuerdo. Y le echo de menos. Su afecto incondicional, su inteligente conversación, su infatigable espíritu optimista no han encontrado un sustituto en mi vida.
Fue mi profesor; después, mi compañero en el conservatorio; siempre, mi amigo: un maestro en el más bello sentido de esa palabra que muy pocos son capaces de llenar.


2 comentarios:
Otro bello homenaje tuyo a un, por lo que leo, gran profesor y amigo. ¡Qué noble eres Diego! Besotes, M.
Nada sé de tu maestro. Y si bien lo admito con vergüenza, porque no saber de un maestro es no saber mucho, estas palabras que le dedicás hacen eco de mi constante recuerdo por Tomy, mi maestro… mi mentor.
Tomy me desanimó a tomar el camino del artista, mostrándome las piedras del camino, las marcas que dejan las caídas y la risa que causan las fuerzas por salir adelante. Pero también me demostró que ese camino tiene muy claro su destino… no así ningún otro.
Nunca supe su apellido, conjeturo que su nombre es Tomás, no he conseguido rastrearlo y aquí sigo… en el camino que me desanimó a tomar.
Un fuerte abrazo,
D.
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