viernes, 22 de noviembre de 2013
miércoles, 30 de octubre de 2013
Salud y sensibilidad
Parece
que nada existe fuera de los datos, de las estadísticas convertidas en arma
arrojadiza de una posición y su contraria, como si el mundo se limitase a un
objetivo tan pequeño; como si la política debiera despojarse de toda
sensibilidad hacia los seres humanos. Una palabra que se desprecia e identifica
con algo a medio camino entre la fragilidad y la demagogia. Ante la palabra
“sensibilidad” está de moda responder: “por favor, hablemos en serio” y, acto
seguido, mostrar unas gráficas –generalmente manipuladas- donde se nos muestra
la salud de una persona como una variable más, y no siempre la de mayor
importancia. Tenemos, en demasiadas
ocasiones, la impresión de que los ciudadanos no son la finalidad sino el medio.
Y es un mensaje que va calando: he visto defender ciertos recortes a personas
que no podrían costearse el menor tratamiento fuera de la sanidad pública.
Nadie puede estar en contra de aumentar el control y la eficacia del gasto,
pero sí de una utilización de esos argumentos con el único fin de rebajar el
nivel de la atención a los enfermos.
Durante
meses, acompañé a mi padre cada vez que ingresó en el Hospital Pío del Río
Hortega, y estuve a su lado en las duras sesiones de quimioterapia. Aprendí
entonces que si uno de los cimientos de cualquier sociedad es la educación y el
esfuerzo que a ella se dedica, en su red sanitaria reside el corazón mismo de
los sentimientos de aprecio y respeto hacia los demás. Ese cuidado es la clave
de un baremo que se ignora en los informes a pesar de su enorme trascendencia,
ya que certifica no sólo la salud de los miembros de una comunidad, sino
también, y en idéntica medida, la propia salud de los valores que la dignifican.
(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 27 de octubre de 2013)
domingo, 27 de octubre de 2013
Palencia
Toqué el viernes en Palencia. Un concierto organizado por la Asociación Musical "Amigos de los Clásicos", en la Fundación Díaz Caneja.
lunes, 14 de octubre de 2013
Lamentos y consuelos
La
crisis ocupa todas las conversaciones. En todas partes escuchamos, por breves
que sean, unas palabras de lamento y de consuelo. Las consecuencias son de tal
magnitud que no sólo resulta imperiosa la necesidad de referirse a ellas:
también se percibe un cierto pudor para no ofender a quien carece de trabajo o
a quien sabemos que puede perderlo de inmediato. Ese pudor me lo han
manifestado muchos amigos, incapaces de expresar sus preocupaciones por considerarlas
mínimas y casi ofensivas ante ciertas personas. Asuntos que, sin duda, habrían
motivado largos debates por su importancia, pero que ahora la sensibilidad y la
empatía con esos amigos o conocidos aconsejan soslayar.
Si
no incluyen el despido, hasta graves problemas profesionales son relegados. Más
aún: se ha convencido a buena parte de la ciudadanía de que tener un trabajo es
una especie de regalo, de lujo, como si fuera un privilegio que graciosamente
se nos otorga y en el que va implícito un silencio tan espeso que corre el
riesgo de hacer invisibles los derechos laborales.
Lo
he vivido ayer mismo, mientras paseaba por la Plaza Mayor de Valladolid con un
antiguo compañero, tres años ya desempleado. No sabía qué decirle. No me atrevía
a hablar de los temas de siempre cuando él me mostraba la desolación del paro,
su mirada implacable y crudísima; el deterioro, incluso, de la convivencia con
su pareja en un clima emocional oscuro y carcomido.
Hemos
de felicitar a quienes se esfuerzan en la búsqueda de soluciones a este drama;
y decir, a quienes a diario mienten sobre lo que vemos delante de nuestros
ojos, que aparten su mezquina arrogancia del dolor y la tristeza de aquellos
que sufren.
(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 13 de octubre de 2013)
lunes, 30 de septiembre de 2013
Saber es distinguir
En
cada nueva encuesta se reitera la visión más que negativa de un número
creciente de ciudadanos hacia sus representantes políticos, hasta llegar a
considerarlos como uno de los principales problemas de nuestro país, lo que
supone un desafío de solución difícil y
larga, con unas consecuencias de extraordinaria gravedad. Tanto es así que hoy la
palabra “política” es directamente peyorativa y se utiliza con carácter
denigratorio incluso por concejales, procuradores o diputados: “saquemos la
política de esta negociación”, “usted no quiere que mejoremos, sino hacer
política” o “esta huelga es claramente política”, son ejemplos constantes a los
que poco a poco nos hemos acostumbrado a pesar de ser absurdos en sus términos.
Todo ello lleva a ese “todos los políticos son iguales” que hace tabla rasa sin
matización alguna. Es verdad que muchos políticos han tenido un comportamiento
indecente –sin referirnos a los casos donde se ha cometido delito-; hay que ser
en extremo escrupulosos al gestionar lo que es común y eliminar la endogamia de
su estructura interna que los aísla de la sociedad. Pero no son iguales. No lo
son, ni en historia ni programas, el PP, el PSOE, IU y UPL, por mencionar a los
que tienen representación en las Cortes de la Comunidad. Pero es que ni
siquiera lo son quienes forman parte del mismo partido: no se puede hacer un
análisis tan rápido e impreciso que, por desgracia, tan habitual resulta entre
quienes hablan, sin diferencia alguna, de “los franceses”, “los médicos” o “los
artistas”: etiquetas que hacen muy fácil y cómodo resumir cuanto sucede en el
mundo, aunque se corra el riesgo de olvidar una antigua e indispensable
enseñanza: saber es distinguir.
(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 29 de agosto de 2013)
(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 29 de agosto de 2013)
lunes, 16 de septiembre de 2013
Las Edades y su música
Decía
Carlos Castilla del Pino que un maestro lo es con independencia de lo que
enseñe. Pedro Aizpurua es un perfecto ejemplo de esa idea. Desde hace más de
medio siglo, su presencia en Valladolid ha sido un verdadero regalo para los
músicos –Jesús Legido y Francisco García Álvarez entre ellos- que hacían un
gran esfuerzo por conocer y estudiar la música contemporánea compuesta en todo
el mundo. Pedro llegaba de sus viajes con un material tan valioso -y escaso en
esos momentos- como las últimas obras de Ligeti, Boulez, Nono, Henze o
Lachenmann. Lo compartía con la sencillez y la humildad que han ido dibujando
su rostro y su voz a lo largo del tiempo. Pedro se refería a la música y,
también, a las últimas exposiciones y películas, a los nuevos ensayos que iba a
llenar de subrayados y originales anotaciones, muy útiles para quienes
leeríamos esos textos enriquecidos por él.
No
conozco a nadie que haya vivido tal número de actividades apasionadamente y a
la vez tan desanclado, en una profundidad que le impide cualquier atadura o
dependencia. Pedro jamás ha hablado el lenguaje obsceno del narcisismo, de esa neurótica
vanidad que ensucia cuanto roza. Es evidente que una personalidad así ayuda
poco a la difusión de su trabajo. Por eso he sentido una enorme alegría al
saber que el próximo viernes, 20 de septiembre, volverá a interpretarse su
maravillosa Cantata de las Edades del
Hombre, en el Centro Cultural Miguel Delibes.
Algunos
días, mientras hablamos, intento captar su estado de ánimo, sin conseguirlo
nunca. Les sucede igual a otros amigos. Aunque creo que, si le preguntásemos,
podría respondernos con las palabras de Pedro Casaldáliga: “No soy triste ni
alegre, soy poeta”.
(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 15 de septiembre de 2013)
lunes, 2 de septiembre de 2013
domingo, 1 de septiembre de 2013
Despedida de agosto
Este
agosto que ayer se despidió me ha dejado, igual que el resto de los meses,
algunas músicas y algunos libros a los que –estoy seguro- volveré. Junto a
ellos, quiero recordar un encuentro de amigos de la infancia donde pude sentir
lo mucho que nos unen esos primeros años en común: profesiones, ideologías y
creencias muy distintas, envueltas de forma natural en una raíz común,
alimentada por esos nombres, esas experiencias que no necesitaban ser
explicadas. Una palabra, un gesto nos llevaban a una reacción idéntica, a una
sonrisa o una mueca perfectamente sincronizadas, como un coro dirigido por ese
tiempo, lejano ya, que compartimos. Además, comprobé de nuevo lo fieles que
somos a un modo de comportarnos y a convertir lo aprendido muy pronto en una
segunda naturaleza: quien derrapaba entonces montado en la bicicleta, frenó el
coche rodeado de polvo en el camino de Castilviejo.
Al
pasar por la terraza de Cubero, ya en el centro de Medina de Rioseco, vi que sólo
quedaba una mesa vacía y pensé de inmediato en Adela Gutiérrez y David
Frontela. Sentados y mirándose, mientras un helado iba de una sonrisa a otra, y
yo contemplaba esa belleza insuperable del amor cristalizando ante mí, ajeno al
ritmo que asigna el verano a los sonidos de la calle, un verano al que mi
memoria les asocia.
No
están allí. Lo sé. Adela ha muerto. En uno de sus poemas, James Fenton
escribió: “Creo que los muertos quisieran / que llorásemos por aquello que han
perdido”. Pero lo que han perdido quienes hemos amado tampoco es nuestro por
completo. Nunca podremos disfrutarlo del todo, al menos con ese esplendor maravilloso
que Adela y David nos regalaban, con esa felicidad que será suya para siempre.
(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 1 de septiembre de 2013)
jueves, 22 de agosto de 2013
Distinto, real, emocionante
De
los cinco volúmenes en los que Leonard Woolf publicó sus memorias sólo el
último, que abarca desde 1939 hasta 1969, está traducido al castellano. Un
periodo decisivo en el que la guerra no está presente a través de un
pormenorizado análisis histórico, sino de la experiencia de quien contempla y
sufre el horror, acompañado de amigos entre los que se cuentan algunas de las
mentes inglesas más brillantes de su tiempo. El 28 de marzo de 1941 se suicidó
su esposa, Virginia Woolf, referencia absoluta y definitiva, una escritora
extraordinaria con una personalidad que nos seduce y sobrecoge a lo largo de su obra.
Pero,
además, hay en estas memorias un pensamiento que las cruza y que tiene tanta
vigencia en el lugar y el momento de su escritura como en la Castilla y León de
2013, ya que es el material mismo que distingue las actitudes ante esta crisis
que vivimos: qué lugar ocupa el otro, qué valor tiene en nuestra propia vida.
Seguro que Leonard Woolf suscribiría, también, esas tres pasiones que guiaron
la vida de Bertrand Russell: “el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y
una insoportable piedad por el sufrimiento humano”.
Woolf
defiende una sociedad consciente de que cada uno de sus miembros es un
individuo libre, que sufre y ama igual que yo, porque de lo contrario se le
cosifica y pierde su identidad dentro de una masa etiquetada con un término
aséptico de apariencia técnica. Así resulta mucho más sencillo, incluso para
una eventual justificación, porque las etiquetas no sufren, no aman, no tienen
ojos ni palabras que nos permitan reconocer a ese “otro yo” -tan distinto, tan
real, tan emocionante- que habita en todas las mujeres y en todos los hombres
de este mundo.
(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 17 de agosto de 2013)
miércoles, 7 de agosto de 2013
Paisaje con guitarra
La
situación dramática que vive el Centro Superior de Investigaciones
Científicas pone de relieve, una vez
más, las contradicciones entre el discurso oficial que elogia la ciencia como
factor decisivo e insustituible para la sociedad y el traslado de esas
convicciones a los presupuestos. Está claro que esa presumida convicción no
existe. Parece que la realidad es la descrita por Jorge Wagensberg: “Los países ricos saben que si son ricos es
porque hacen ciencia, mientras que los países pobres creen que si los países
ricos hacen ciencia es porque son ricos”.
Esta situación paradójica no es exclusiva de la
ciencia. También, de equivalentes formas, aparece en otros ámbitos culturales.
La importancia de las artes se destaca constantemente, llevada incluso al
centro de la identidad, al corazón mismo de aquello que define nuestra
ciudadanía y la articulación de todo tipo de relaciones colectivas. Sin
embargo, a pesar de este permanente elogio (que ha servido, también, para
justificar lo que nunca debió de ser justificado) los primeros recortes se
producen, por lo general, en esa cultura que se proclama indispensable de
manera unánime.
Pienso en esto mientras veo el enorme esfuerzo
desarrollado por el guitarrista Eduardo Pascual para llevar a cabo otra edición,
y son dieciséis, de un festival dedicado a la guitarra en Aranda de Duero.
Clases magistrales, conciertos, conferencias y un concurso internacional que ha
tenido en el jurado a personalidades de todo el mundo y cuenta en su palmarés
con jóvenes intérpretes de gran proyección: Marcin Dylla, Antoon Vandeborght,
Omán Kaminsky…
Eduardo Pascual Díez nos aporta una dosis de
ilusión y esperanza que todos necesitamos con urgencia.
(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 4 de agosto de 2013)
domingo, 21 de julio de 2013
Acequias y Esguevas
Se publican multitud de artículos y libros sobre la
arrolladora presencia de los blogs y las redes sociales: el análisis de sus innumerables
recursos desde las más diversas disciplinas –ingeniería, educación, seguridad,
ética…- forma parte de un debate intenso y ya cotidiano, mantenido a la extrema velocidad con la que
el propio medio lo suscita. Internet, para Pedro Ojeda Escudero, profesor de la Universidad de
Burgos, “es una nueva revolución tecnológica y cultural y ha producido una
aceleración del tiempo histórico de la Humanidad cuyas consecuencias aún
estamos por ver”.
El fomento de la lectura es, junto a la crítica cultural
y política, una de las claves que Ojeda ha marcado en La Acequia, cuya primera entrada es de 2006, y demuestra que la
vocación docente y el amor por la literatura no pueden restringirse a ningún
ámbito prefijado, porque los desborda todos. Cervantes, Baroja, Delibes y
Esquivias son algunos de los autores que han motivado esa mirada colectiva de
quienes participan en un trabajo minucioso, digno del mayor reconocimiento por el
compromiso, la generosidad e inteligencia que tanto le valoramos y agradecemos.
El día 1 de enero de 2011, Pedro Ojeda dio inicio al Proyecto agua, definido por él mismo
como “una investigación artística sobre las relaciones entre el agua y los
espacios autobiográficos”. De ahí surge Esguevas,
un libro con textos de Pedro y fotos de Javier García Riobó, donde la poesía
despierta la memoria al recorrerla detenidamente, envuelta en la humedad del
tiempo y el aroma de una vegetación que es causa y consecuencia, origen y
destino simultáneos.
“Si nos muriéramos, el agua, mansa, seguiría cayendo
sobre las ramas de los árboles”.
(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 21 de julio de 2013)
lunes, 8 de julio de 2013
Aria y ausencia
En
el catálogo del compositor vallisoletano Jesús Legido hay una presencia muy
grande de las obras para voz, basadas en textos de escritores que él admira y
con los que se siente identificado de un modo especial. Los poetas Antonio Machado, César Vallejo o Miguel Torga forman parte de su mundo más íntimo, ese
mundo que está medido por la humildad y la duda, por la búsqueda de la belleza
y alguna seguridad ante la incertidumbre. Un
viaje dirigido hacia lo profundo, sin fáciles concesiones, siempre con un
extraordinario rigor, en la certeza de que, como señala Jorge Wagensberg, “una
innovación superflua es una solución sin problema”.
Después
de la muerte de su madre, Jesús comenzó un breve diario que acaba de publicarse.
Un monólogo que lucha por ser diálogo: se dirige a su madre, habla con ella, y
eso es posible, con toda su fuerza, cuando se escribe. Lo natural es escribir a
quien no está junto a nosotros: así la escritura se constituye en un vehículo
que no solamente nos permite dirigirnos hacia el otro, sino sentir que el otro
está vivo en nuestra escritura.
Hace
poco le planteé el cuestionario Proust y tras decirme que su ocupación favorita
es leer y viajar, que su color favorito es el azul y lo que más detesta es la intolerancia,
me respondió que su heroína en la vida real era su madre, y nos demuestra esa
fortísima unión y el poder del recuerdo para atrapar aquello que incluso podría
haber pasado desapercibido mientras era puro presente.
Jesús
Legido escribe a su madre y, al hacerlo, nos habla de sí mismo, de esa
necesidad de tenerla al lado, porque en la emoción de la memoria late la vida
y, según Carlos Castilla del Pino repetía, la verdadera muerte es el olvido.
(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 7 de julio de 2013)
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jueves, 4 de julio de 2013
Valladolid
El pasado viernes participé en una mesa redonda sobre Jesús Legido junto a Ángeles Porres, Francisco García Álvarez y el propio Jesús. Se celebró en el Museo Patio Herreriano de Valladolid.
domingo, 23 de junio de 2013
Un lugar en el mundo
La
infancia se transforma a lo largo de toda la vida, y es hermoso notar los brotes de una nostalgia dulce, la emoción de
unas palabras que, sin pretenderlo, habían sido olvidadas y aparecen
de pronto. Sin embargo, el
pasado también aumenta con la oscuridad y el silencio de la muerte: el dolor
hace crecer el pasado con más fuerza que el tiempo.
Esos huecos nos definen, nos constituyen y, tantas veces, son la respuesta
para los silencios que no sabemos rellenar con nada,
para la súbita inquietud que no somos capaces de justificar.
También somos aquello que alguna vez fue nuestro: el amor que la vida despierta a su capricho y la luz que el recuerdo enciende
cada día. A veces necesitamos atrapar esa luz con las palabras, sujetarla en el
papel para que siga latiendo entre los dedos y poder mostrar la mayor gratitud
con la misma ternura que hemos sentido al recibirla.
Escucho la voz de José Antonio Pizarro de Hoyos nombrando las
estrellas al mirar por la ventana, como si nos transmitiera un mensaje que le
era dictado por el asombro de la belleza. Esa belleza que, al proporcionarnos
una mirada común, es la causa que nos permite reconocernos en un “nosotros”.
Así, viendo mi pasado entero podría describir su secuencia ante mis ojos y agradecer
el gran cariño de cada uno de los habitantes de mi ciudad, Medina de Rioseco.
No hay un solo espacio suyo que carezca de sentido para mí. El ámbito se cierra
pero sus pliegues son interminables: “La arena es infinita, el desierto acaba”,
señala un aforismo de Fernando Aramburu. Esa arena me concierne y en ella
habitan los hombres que yo he sido y sus edades, pues nuestra forma de ser es
nuestra forma de amar.
Y al dar las gracias, nos damos.
Y al dar las gracias, nos damos.
(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 23 de junio de 2013)
sábado, 22 de junio de 2013
Medina de Rioseco
Sabía que el acto del sábado, en el que me hicieron entrega del título de Hijo Predilecto de Medina de Rioseco, iba a ser muy emocionante. Pero no pude imaginar que lo fuera hasta ese punto.
Las fotografías son de Fernando Fradejas:
Las fotografías son de Fernando Fradejas:
Muchas
gracias al alcalde de Medina de Rioseco, Artemio Domínguez, por sus palabras y
por proponer mi nombre para esta distinción que me emociona muy profundamente.
Muchas gracias a todos y cada uno de los miembros de la Corporación Municipal.
Gracias
a Miguel García Marbán por su indispensable trabajo de organización y por la
suerte de su afecto.
Gracias a Tere y a Pablo, que subieron al escenario con flores y sonrisas.
Gracias a mi madre, a Alicia, Pablo y Álvaro, mis hermanos. Ellos consiguieron que mi padre también estuviera allí.
Gracias a Tere y a Pablo, que subieron al escenario con flores y sonrisas.
Gracias a mi madre, a Alicia, Pablo y Álvaro, mis hermanos. Ellos consiguieron que mi padre también estuviera allí.
Gracias
a Angelines, María, Paco, Amador y Luis. Vuestra amistad es uno de esos dones
que justifican la vida.
Gracias
a Suso, Álvaro, Nigel y Yonder porque sin música nos habríamos sentido extraños.
Gracias a la Coral "Almirante Enríquez" por los recuerdos fijados en la Insignia de Plata.
Gracias a la Coral "Almirante Enríquez" por los recuerdos fijados en la Insignia de Plata.
Y
gracias, muchísimas gracias a todos los que llenaron el Teatro Principal, por hacernos esa
mutua compañía desde hace tanto tiempo, porque el mayor premio fue ver la
alegría en sus ojos.
domingo, 9 de junio de 2013
Sornabique Solidario
Se
suceden con tal rapidez los hechos y alcanzan ya un tamaño las mentiras que la
sociedad no puede absorber más que atragantándose las noticias y análisis
políticos ante un panorama desolador, con millones de personas atenazadas por
el pánico a no encontrar un trabajo y otros millones aterrados por la
posibilidad de perderlo. Casos que en otras circunstancias habrían llevado a
una dimisión inmediata son arrollados y lanzados al olvido,
incomprensiblemente, por la llegada de nuevos escándalos ante los que una
multitud de ciudadanos muestra sólo resignación e impotencia, como si vivieran una
catástrofe inevitable.
Qué
difícil es sentir la libertad cuando todo alrededor segrega miedo. Y crece el
egoísmo, ese silencio espeso que nos aleja del sufrimiento de los demás. En un
contexto así aumenta nuestra admiración, nuestro reconocimiento hacia quienes, también
afectados por la crisis, siguen colaborando activamente en la mejora de las
condiciones de vida de muchos seres humanos que no conocen ni conocerán nunca.
Un
gran ejemplo es el poeta Luis Felipe Comendador, al que me presentaron hace
casi veinte años en Béjar, la ciudad donde siempre ha vivido: no puedo
separarle de ese paisaje en el que van naciendo sus excelentes libros y dibujos
–el último de ellos, Por lo menos estás
vivo, junto a Hugo Izarra-, sus esfuerzos para difundir la literatura a
través de publicaciones, conferencias y recitales, esa pasión noble y generosa
que le llevó a fundar Sornabique Solidario, una organización que desarrolla
proyectos de primera necesidad en varios países.
Una
esperanza que nos ayuda a ver caminos abiertos en este mundo insensible y
hostil, alzado sobre la avaricia y la indiferencia.
(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 9 de junio de 2013)
sábado, 8 de junio de 2013
Miranda de Ebro
Toqué el jueves en Miranda de Ebro el programa-homenaje a Jordi Savall. Antes tuve un encuentro con profesores y estudiantes de música que me produjo una enorme safisfacción.
Gracias a ellos, a los organizadores y a todo el público por su cariñosa acogida.
Gracias a ellos, a los organizadores y a todo el público por su cariñosa acogida.
domingo, 26 de mayo de 2013
Sentados o de pie
La
emoción de recibir un nuevo libro, una partitura que aparece de pronto, una
grabación o una película deseadas largo tiempo, se renueva cada día: no se deja
rozar por el hábito de lo cotidiano que apaga los sucesos repetidos, incluso
aquellos más excepcionales. Veinte años hace ya que llegaron a mí los cinco
primeros volúmenes de colección Cortalaire, editada por la Fundación Jorge Guillén bajo la dirección de Antonio Piedra, y aún puedo evocar nítidamente esa
hermosa sensación de los libros en las manos y el impaciente deseo de su
lectura.
Tantas devastaciones,
el primero de ellos, era también el poemario inaugural de José Jiménez Lozano; Habitación en Berkeley, de Luis Díaz Viana, de quien leía artículos –sigo haciéndolo con muchísimo interés- a los
que desde ese momento se incorporó su obra poética; después Luis Alonso, LuisÁngel Lobato y Eduardo Fraile, autores respectivos de La música del tiempo, Galería
de la fiebre y Cálculo infinitesimal,
que sumaban a la admiración sentida por Jiménez Lozano y Díaz Viana, el don
maravilloso de la amistad.
Cortalaire
alcanza su número setenta y cuatro –cuánto camino- con una antología titulada Sentados o de pie, que presenta en grupo
a nueve poetas. Luis Santana, Carlos Medrano (versos de ambos me llegaron a
través de Luis Ángel Lobato en Galería de
la fiebre), Luis del Álamo, Javier Dámaso, Mario Pérez Antolín y los que
iniciaron la serie, con la lógica excepción de Jiménez Lozano por motivos generacionales.
Aunque
provengan sus autores de un tiempo y un espacio similares, se refleja una
variedad muy rica y atractiva: esa diferencia que la voz de la poesía tiene al
manifestarse y crecer entre los versos que nos la entregan.
(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 26 de mayo de 2013)
(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 26 de mayo de 2013)
domingo, 19 de mayo de 2013
El experto ignorante
Sólo
las grandes personalidades han mostrado siempre, junto al análisis racional de
los datos, una preocupación por los seres humanos que estaban detrás de esas
cifras. Constatamos, en más ocasiones de las que quisiéramos, una enorme
divergencia entre lo que sucede y el relato que escuchamos a numerosos
dirigentes políticos. Y no porque haya muchos mundos en el mundo –que los hay,
y esa variedad es su mayor riqueza- sino porque se percibe una insalvable distancia
al comparar el análisis de los objetivos y resultados y las consecuencias
personales que se derivan de ellos. Hay casos en los que ya ni se puede medir
la separación entre lo que dicen unos y lo que sufren otros.
Hace
unos días he podido escuchar con verdadera tristeza el testimonio de un parado
que pertenece a una de las asociaciones que han ido surgiendo en Castilla y
León. Aparte de la impotencia que sufría, la incertidumbre ante su futuro y la
angustia en la que cristalizaba lo anterior, percibí en sus palabras ese desconcierto
debido a la absoluta lejanía de una parte significativa de la vida política
oficial y la de un abrumador número de los ciudadanos. Hizo referencia a esa
incomprensible abundancia de “asesores” que tienen como única sabiduría la de
estar cerca de una estructura de poder que les da todo tipo de cobertura. Esa
es una forma de corrupción gravísima y ampliamente asumida. Él insistía en la
imagen de personas bien preparadas, de formación rigurosa y horizonte
desolador, en contraste con la lectura frecuente de noticias que nos informan
de un nuevo caso de “experto ignorante”.
Un
oxímoron que, además de factores económicos negativos, produce una gigantesca
inflación de rabia y desaliento.
(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 12 de mayo de 2013)
(Artículo publicado en El Mundo, edición de Castilla y León, el 12 de mayo de 2013)
jueves, 9 de mayo de 2013
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