miércoles, 13 de junio de 2007

Miguel Frechilla


Rítmica, dinámica, pedal, de Karl Leimer, fue el libro que Miguel Frechilla, al finalizar nuestra primera clase, sacó de las estanterías de su biblioteca para decirme que lo leyera. Así terminó cada una de sus inolvidables lecciones, semana tras semana, durante algo más de cuatro años. Hoy he pasado la tarde estudiando en su piano, junto a todos los discos y libros que rodean la estancia en la que Miguel me enseñó, con su característico apasionamiento, a amar la música sobre todas las cosas de este mundo. Muchos alumnos sienten verdadera aversión a las escalas, arpegios y cualquier otro tipo de ejercicio. A Miguel, por el contrario, le fascinaron desde su primer encuentro con el instrumento. Encontraba un placer sensual en el contacto con el teclado y estaba convencido de que la música estaba en la mayor o menor inteligencia del intérprete para extraer algo valioso de cualquier texto, por inexpresivo que pareciese. Creo que de ahí venía su enorme capacidad para disfrutar, no sólo con la música, sino en todos los aspectos de la vida. (Daniel Barenboim, en Una vida para la música, ha escrito que desde muy temprana edad, siguió el principio de “no tocar jamás, ni una nota, mecánicamente.”)
Ya muy enfermo, fui a visitar a Miguel al hospital y lo encontré como esperaba: leyendo la prensa (ABC y El Norte de Castilla) e interesándose por mi trabajo. Era un hombre incondicional, para lo bueno y para lo malo. Yo tuve suerte: siempre estuvo de mi parte.

6 comentarios:

jesús dijo...

Enhorabuena por no olvidar nunca a sus maestros.

Luis García Vegas dijo...

Miguel Frechilla es una de las personas que guardo en lo más rcóndito de mi corazón. Para conocer a Miguel había que estar cerca de él. Para disfrutar de Miguel habia que estar junto a él. Al leer estas palabras tengo sensaciones de haberle conocido y hablerle disfrutado aunque estoy seguro de que lo mejor de todo fué aquello que no tuve ocasión de conocer ni de disfrutar.

Nuria. dijo...

era todo un genio

Borja Santos Porras dijo...

Miguel Frechilla era un gran maestro. Salías siempre de clase disfrutando más de la música y con ganas de seguir tocando nada mas llegar a casa. Siempre que puedas sique contándonos anécdotas suyas. Son muy enriquecedoras.
Seguro que él estaba muy orgulloso de ti.

alberto dijo...

es una pena que ahora solamente se conozca a Frechilla y a Zuloaga por el concurso de piano.

m.g.m. dijo...

Sí que es una pena pero ¿qué os esperáis de un país cómo éste? ¿Habéis visto el nuevo Premio Príncipe de Asturias de las Artes?