lunes, 28 de marzo de 2011

Aquel 28 de marzo

Aquel 28 de marzo es el título de la pieza que Francisco García Álvarez compuso en memoria de mi padre. Aquel 28 de marzo fue el de 2005.
Quien muere está ya fuera del tiempo. Mi padre murió hace seis años y quienes le quisimos y le querremos siempre, notamos su ausencia también fuera del tiempo. Sé lo que son seis años tomando como referencia cualquier suceso, cualquier persona. Pero no sé lo que son seis años al pensar en él. Tengo la impresión de que seis años pueden ser cincuenta, o uno; incluso cinco minutos; incluso nada. No sé cuántos son seis años sin verle, sin oírle cantar, sin conversar con él. Ese tiempo que vivió se resiste a ser un espacio cerrado, concreto. Ese hueco que se formó aquel 28 de marzo está conmigo cada momento. Ninguna felicidad es del todo completa, porque es la muerte un instante que jamás termina.

domingo, 27 de febrero de 2011

Mi madre

Aunque el cumpleaños de mi madre fue el día 21, lo hemos celebrado hoy. 
Felicidades, mamá.

sábado, 26 de febrero de 2011

domingo, 23 de enero de 2011

Lámparas


El viernes se presentó Lámparas, el nuevo poemario de Luis-Ángel Lobato, en Medina de Rioseco. (Las fotografías son de Fernando Fradejas)



Oscar Wilde señalaba con mucho acierto que “sólo podemos ser objetivos con lo que nos resulta indiferente”. Por eso, porque Luis-Ángel Lobato es un gran amigo desde hace tanto tiempo, me resulta difícil ese tono de objetividad que requiere la presentación de un texto, el enfoque exacto y riguroso para que, según la idea de Carlos Edmundo de Ory, no se me suba la sangre a la palabra. Aunque quizá de eso se trate, ya que la lectura de un libro como Lámparas es tan sobrecogedora e intensa que lo principal y urgente es dejar constancia de haber vivido una iluminación poética de altísimo nivel, de haber cerrado un libro que, como todos los suyos, volverá a abrirse a lo largo de los años.
"Deambulad entre la niebla y observad los mensajes de la escarcha, día tras día”. Como en este poema de Pabellones de invierno, así nosotros deambularemos por estas páginas y observaremos estos versos una y otra vez: todo aquello que se nos escapó en las anteriores lecturas, esa belleza que fue esquiva entonces y que tomará, poco a poco, la forma de nuestro deseo, de ese deseo que transforma cuanto toca y nos permite desvelar lo inadvertido en otro contexto, pero mostrado desde el primer instante por el poeta.
He paseado muchísimas veces con Luis-Ángel y siempre me deslumbró la infinita lucidez de su mirada. Nos deteníamos en medio del campo y decía: “Mira, Diego, un paisaje lunar”. Y, desde luego, lo era. O en un pequeño rincón de Rioseco: “Mira: Irlanda”. Ese poder evocador, esa capacidad para ver con nitidez lo que la costumbre oculta, es llevado al extremo en sus poemas, en una superposición y riqueza de imágenes extraordinaria e infrecuente, creadoras de un mundo poético singular, irrepetible.
En una entrevista con Miguel Casado, recopilada en su libro De los ojos ajenos, Luis-Ángel Lobato explica que “la ficción es lo supremo para quien escribe. La madurez de una escritura pasa por ir profundizando en esa ficción, que es distancia con el personaje del poema”. Señala que, antes de Galería de la fiebre, su lenguaje “tenía un barroquismo bastante influido por algunos surrealistas, como Aleixandre o Paul Eluard”. A partir de su primer libro publicado hay una búsqueda constante de un lenguaje más sintético que va evolucionando y desgranándose en las obras posteriores, hasta llegar a Lámparas, que se presenta en la hermosa edición de Tansonville, que el editor, también poeta y amigo Eduardo Fraile dirige con un cuidado y delicadeza que únicamente puede dar frutos bellísimos.
Luis-Ángel ha manifestado que Lámparas es la historia de amor de un hombre en un solo día, de ahí su división en “Mañana”, “Tarde” y “Noche”. Pero en un día caben todos los días y en un amor concreto, todo el amor del mundo. “Lámparas” es una palabra que aparece en cada uno de los libros de Luis-Ángel. En Galería de la fiebre, leemos: “Dentro de esta noche / el temblor de las lámparas, el invierno / encendido / al final de las horas, la locura / de mis ojos verdes, / de pronto”. En el primer poema de Pabellones de invierno: “Aquel invierno usurpado, el enfermizo panorama del / humo, algo / como la alergia de un arañazo en el yeso / o un mapa de humedad al sur de las grietas. Las lámparas”. Después: “Aparecía como un rasgo en la ventana, apenas un cambio / de color. Sin embargo, / iba desvaneciendo el significado de los objetos, el tono / espeso / y curvo de las lámparas, entonces ya, encendidas en la / tarde”. En Regreso al tiempo, vuelven a aparecer: “Una visión ondulada: el borde al despertar. Aquel tiempo decaía como un portal sin retorno: visillos de lámparas encolados por el crepúsculo”. También: “Desde las lámparas visibles, una berlina cruzando el aire, lentamente como la edad, como las amapolas negras”.
Ahora las lámparas iluminan el título de este último libro de Luis-Ángel Lobato, que se abre sin excusas, con la exposición directa del yo poético que va a acompañarnos en la obra: “Nada más. // Pero no sé por qué pronuncio / tu nombre. // Suturo sus grafías / en un papel cobalto / y las transformo / en sonidos / al llegar tóxica / la ensamblada luz / del amanecer. // La nieve es inconstante / pero resiste. // Los tejados ayer fueron / escarlatas. // Ahora fluyen luminosos. // Me siguen hablando de ti”.
La nieve, siempre. Esa nieve real y metafórica a partes iguales que cruza cada poema y ese color que Luis-Ángel nos describe: “Atardecía / entre las congeladas cúpulas / de cinco millones / de azules rascacielos”. “Recibo informaciones, / parpadeos / títulos tachados / con carmín sobre la nieve”.
Hay un momento decisivo, que ha ido aumentando en cada lectura del libro. No solamente por el valor que como tal poseen: también por su efecto de desembocadura de cuanto les precede. Los dos últimos versos de uno de los poemas de “Noche”: “Te llevaría a poblar / un nuevo mundo”. Creo que no hay síntesis más pura del amor, del deseo del enamorado, de ese tesoro inabarcable que lleva con él –en sí mismo, inundándolo por entero- y no sabe dónde colocar cuando se rechaza. “Te llevaría a poblar / un nuevo mundo”. Esa visión más allá del anhelo por compartir la vida en un espacio conocido y habitado, sino de inaugurarlo todo, de que ese amor desborde tiempo y geografía.
Sólo un poeta como Luis-Ángel Lobato puede llevarnos a esa desolación y a esa esperanza.

domingo, 2 de enero de 2011

Esa luz

Veo a muchas personas convencidas de ser la suma de lo que han conseguido. Parecen no darse cuenta de que también somos, y quizá en mayor medida, aquello que hemos perdido, todo eso que alguna vez fue nuestro y no lo es ya; aquello que estuvo rozándonos las manos y no logramos que permaneciera en ellas. Esos huecos nos definen, nos constituyen y, tantas veces, son la respuesta para esas reacciones inexplicables, para esos silencios que no sabemos rellenar con nada, para esa súbita inquietud que no somos capaces de justificar. De todo eso estamos hechos: de ese amor que la vida despierta a su capricho, de ese amor que vemos tan real y prodigioso, pero que es invisible a su destinatario; de esos adioses infinitos, de esa luz que el recuerdo enciende cada día.

viernes, 31 de diciembre de 2010

jueves, 30 de diciembre de 2010

Béjar

Fui ayer con Álvaro a Béjar para visitar la exposición de Luis-Felipe Comendador, cuyos fondos serán destinados a la ONG Sornabique Solidario. Disfruté mucho de las obras de mi amigo, de su compañía y de ese cariño que pone en todo lo que hace.

Con Álvaro, Luis-Felipe y su hija Ángeles

martes, 28 de diciembre de 2010

Cuando seas vieja

Leo la Poesía reunida, de W. B. Yeats, que ha publicado Pre-Textos con traducción de Antonio Rivero. Me detengo en "Cuando seas vieja", de La rosa:

Cuando ya seas vieja y canosa, y con sueño
des cabezadas junto al fuego, coge este libro
y léelo soñando con la mirada suave
que tuvieron tus ojos, y con sus hondas sombras;

y cuántos tus momentos de alegre gracia amaron,
y tu belleza, con falso o con sincero amor,
mas sólo uno amó en ti el alma peregrina,
y amó las aflicciones de tu cambiante rostro;

e inclinándote luego junto a encendidas barras,
susurra, algo apenada, cómo se fue el Amor
al paso por encima de las altas montañas
y su rostro ocultó entre un sinfín de estrellas.

jueves, 23 de diciembre de 2010

La Coruña

Al concierto que di el domingo asistieron Teresa Catalán y Carme Fernández-Vidal, además de los compositores Rubén L. Someso, organizador del ciclo, y Juan Vara, entre otros amigos.

domingo, 19 de diciembre de 2010

lunes, 13 de diciembre de 2010

Mallorca

El sábado fui a Mallorca, donde di un concierto en memoria de Ramón Barce organizado por el Encuentro Internacional de Compositores que lleva a cabo la Fundación ACA. Disfruté mucho con la compañía de Antoni Caimari y un buen grupo de amigos que asistieron al homenaje.
Carme Fernández Vidal y Miquel-Ángel Rosselló fueron unos inmejorables anfitriones que me llenaron de cariño.
Un viaje maravilloso.

Con Carme y Antoni en la Fundación


Con Carme


En Valldemosa


Con Carme


En la tumba de Robert Graves

viernes, 3 de diciembre de 2010

Cádiz



El viernes pasado toqué en Cádiz, dentro del Festival de Música Española. Allí tuve la suerte de estar con Dolores Serrano, Mariajo Arenas y otros amigos.

Con Dolores Serrano

Exposición sobre Falla en el Museo de Cádiz

Tumba de Falla en la cripta de la Catedral

domingo, 28 de noviembre de 2010

Tarrasa

Hace una semana estaba en Tarrasa, como jurado del Concurso Montserrat Alavedra. El nivel fue muy alto, con grupos de gran interés y proyección.
Hubo una gran cordialidad con mis compañeros: Pep Borrás, Mireia Barrera, Víctor Estapé y Evelio Tieles. Volví a encontrarme con personas queridas de Tarrasa como el compositor Enric Ferrer y María Cardellach, directora de la Obra Social de Caixa Unnim, patrocinadora del concurso.
María está casada con Salvador Cardús, del que he leído varios libros sobre educación y con el que pude hablar a lo largo de estos días.

Con Salvador Cardús

Con Pep Borrás, Mireia Barrera, Evelio Tieles y Víctor Estapé

martes, 23 de noviembre de 2010

Hoy

Recuerdo a mi padre llevándome a mi primera clase de música. Yo era un niño, claro, pero tengo en la memoria algunas palabras, algunos nombres que él pronunció: "le encanta y además toda la familia de mi mujer está llena de músicos", algo así dijo con el timbre de su voz que ahora escucho exactísimo. Ese día comenzó todo. Y esa ilusión no ha hecho más que aumentar con el paso del tiempo, ese amor por la música adquiere una intensidad mayor a cada paso, en cada nuevo descubrimiento, en cada nueva partitura. Hoy me han concedido el Premio Nacional de Música, y creo que sólo puedo merecerlo por esa pasión irrefrenable. Hace poco le dije a Luis García Vegas que me parecía estar empezando a descubrir algunas cosas del piano. Algunos detalles, pequeños, nada más. Creo que me encuentro en el principio de un camino muy largo y maravilloso. Pero estoy sólo en el comienzo. Por eso este Premio me emociona y me abruma. Porque algunos podrán pensar que sé algo importante sobre música. Y cuando esta tarde me entrevistaban una y otra vez, no podía dejar de sentir una extrañeza próxima al desasosiego. Cómo explicarles, sin aparentar el horror de la falsa modestia, que no soy un "gran pianista", ni un "experto en música contemporánea", ni todas esas frases que decían sobre mí. Pero lo cierto es eso. Soy únicamente una persona enamorada de la música, de su auténtica vocación.
Hace casi un año, estrené 22 obras en el Auditorio Nacional de Madrid. Quise rememorar a Ramón Barce, dedicarle un concierto en el primer año de su muerte, ya que nada más podía hacer por mi inolvidable amigo, tan generoso y tan sabio. Todos los compositores participaron desinteresadamente, movidos por el afecto y la amistad. Hoy Ramón me devuelve el regalo, porque este Premio tiene mucho que ver con ese día.
Siempre he creído que nada hay más estimulante para un intérprete que estudiar las obras con sus creadores y difundirlas. Que esto merezca un premio, es un gozo inmenso. Y, sobre todo, ver cómo muchas personas se han alegrado por ello.
Muchísimas gracias.