domingo, 17 de marzo de 2013

Tres años sin Delibes


Miguel Frechilla acostumbraba a colocar un adhesivo rojo a las publicaciones en las que aparecía. Era común, por razones obvias, verlos brillar en libros o revistas musicales, pero también los recuerdo en obras de Francisco Javier Martín Abril o Antonio Corral Castanedo, a quienes leía –igual que a tantos otros- por indicación de Miguel. Una tarde, al buscar nuevos textos para esa semana encontré Un año de mi vida, de Miguel Delibes, adornado por el inconfundible círculo. Frechilla me hablaba con admiración y afecto de un hombre considerado ya como uno de los grandes escritores contemporáneos, y me mostró el comentario en el que le citaba.
Años atrás, había publicado la revista del colegio San Buenaventura de Medina de Rioseco un comentario mío sobre Tres pájaros de cuenta. Esas impresiones infantiles me producían el cariño especial que se siente hacia lo nunca repetido. Por eso, cuando Frechilla me presentó a Delibes y le mencionó esa anécdota, sentí un efecto simultáneo de pudor y emoción. En aquel momento conocía un buen número de novelas suyas, pero no me atreví a decírselo. No dije nada, creo. Delibes hablaba con una riqueza y una precisión léxica deslumbrantes. Le escuchaba atónito y maravillado, intentando que mi memoria retuviera la experiencia de escuchar una voz que hasta entonces me había llegado sólo a través de la lectura.
En otros encuentros posteriores, acompañado por Frechilla o por Félix Antonio González, sí mencioné a los personajes de sus novelas que sentía más cerca de mí, de ese mundo durísimo en ocasiones, donde los seres humanos y su paisaje se esculpían mutuamente forjando una pasión rigurosa y profunda que muchos no podemos separar de sus palabras. 

(Artículo publicado el El Mundo, edición de Castilla y León, el 17 de marzo de 2013)