lunes, 29 de diciembre de 2008

Natividad de Santiago


Al abandonar una ciudad que amamos, comienza a producirse un hecho que se encuentra en los orígenes de lo poético: vemos el paisaje y, simultáneamente, se activa el mecanismo del recuerdo. Esa superposición se impone también al escribir sobre alguien que comparte nuestro presente, pero al que debemos buscar en el pasado, en ese territorio fronterizo de la memoria.
En los días más tristes y en los más felices, encuentro siempre a Natividad de Santiago: su preciosa sonrisa alumbrándolo todo, la certidumbre de la amistad que brota en sus palabras, esa pasión inabarcable para culminar tantos proyectos en Valladolid, que sería, sin ella, una ciudad distinta.
No es sólo su gran labor por la música lo que habita en la esencia del homenaje que se celebró hace justo una semana y en el que tuve el honor de participar con el estreno de Cuatro piezas amables, compuestas para la ocasión por Francisco García Álvarez: es su generosidad y su inmenso valor como persona. Según E. M. Cioran, lo más difícil del mundo “es ponerse el diapasón del ser y coger el tono”. De este modo sí podemos comprender que el amor y la entrega a los demás de Mari-Nati, recibió el eco de todos nosotros a través de la música y el cariño.

sábado, 27 de diciembre de 2008

Razón y desencanto



Diego Fernández Magdaleno, pianista, académico de la Real de Bellas Artes, profesor en el Conservatorio de Valladolid, entusiasta divulgador de la música contemporánea y poeta, es también autor de varios libros, la mayoría biografías, a los que ha añadido otros incluidos en ese género inclasificable que está entre el diario y la crónica. El último, titulado Razón y desencanto, pertenece a ese grupo. Comienza el 1 de enero del 2005 y es una continuación o ampliación de otro anterior, El tiempo incinerado. Aparentemente son reflexiones cotidianas sobre lo que ocurre en el mundo, el lejano y el cercano, especialmente las catástrofes con sus secuelas de maldad gratuita; las lecturas, las películas, las gentes que se conocen, las noticias de los periódicos, los amigos reencontrados, y todo ello con la enfermedad del padre como angustioso telón de fondo. Sin embargo, es mucho más que eso, porque lo que el autor hace es expresar sentimientos ante lo profundo y lo banal, con un indiscutible sentido crítico, una sutil ironía y un hondo lirismo que florece aquí y allá para atrapar al lector en el laberinto de los días. Jornadas cimentadas en todo aquello que forma parte de lo normal, esperado o seguro con lo que se construye el equilibrio vital que se rompe con las sacudidas de lo inesperado. Así, a través de esas reflexiones, el lector asiste a un tiempo reencontrado, conservado en la memoria del escritor pero, al tiempo, por lo menos en parte, en la de cuantos vieron transcurrir esos 12 meses. «No vuela nada sobre el papel. Adherida a la tinta queda ya, para siempre, la ilusión que una vez te empujaba: hoy las páginas pesan como si quisieran abrazarse». Así concluye Magdaleno el 2005 para enlazar en el 2006 con el Libro del miedo, un poemario publicado precisamente ese año. Y siguen los encuentros, los conciertos, la alegría del nacimiento del hijo, los proyectos, el inevitable vacío por los que se fueron y el ritual diario. «Sostener la pequeña ruta dibujada en mi cuarto es, quizá, la vida».

viernes, 19 de diciembre de 2008

Foros para la cultura

Conferencia en Tordehumos, dentro de su ciclo Foros para la cultura. He hablado sobre los numerosos cauces que pueden contribuir al desarrollo de Tierra de Campos, con una especial atención al cambio surgido de las nuevas tecnologías y el crecimiento de las infraestructuras.

sábado, 13 de diciembre de 2008

Una lectora nada común

Isabel II sufre una transformación absoluta gracias a su tardía pasión por la lectura, un hecho que alarma a su entorno del palacio, debido a las consecuencias que puede acarrear... Así, Alan Bennett logra una novela sobre el amor a los libros y los cambios que la literatura opera en los lectores insaciables...

martes, 9 de diciembre de 2008

Cerdeña

Vuelvo de una extraordinaria estancia en Cerdeña, hacia donde salí el viernes con un itinerario bastante complicado: vuelo entre Valladolid y Barcelona; tren a Gerona y, por último, avión hasta Alghero.
Lo primero y mejor de todo fueron mis compañeras de viaje, las compositoras Teresa Catalán y Carme Fernández-Vidal. Allí participamos en dos mesas redondas y yo hice un concierto de obras relacionadas con los actos en homenaje al Espíritu de Veruela, los cursos que acogió ese monasterio aragonés, dirigidos por Teresa Catalán y en los que participaron destacadas figuras internacionales de la composición.
Nos alojamos en un hotel que fue la residencia veraniega de los reyes de Italia. Un espacio magnífico al que me gustaría volver con Tere.
He conocido a gente singular, de una pasión desbordante. Por ejemplo, Diodato Arru, lleno de proyectos e imaginación. También, Igino Panzino, artista plástico muy conocido en Cerdeña, de hablar pausado y reflexivo.
Pero, insisto, el mejor regalo fue la compañía de Teresa y Carme, la conversación, la sonrisa, la complicidad que surge de inmediato cuando es auténtica.

Con Teresa Catalán

Con Teresa Catalán, Diodato Arru y Carme Fernández-Vidal

Con Carme Fernández-Vidal y Teresa Catalán