lunes, 14 de mayo de 2012

Barcelona


El viernes di un concierto en Barcelona, dentro del 27º Ciclo de Música de los Siglos XX-XXI. 
Barcelona es, después de Valladolid, la ciudad en la que más veces he tocado. También, la ciudad en la que siempre veo -aunque esta vez no nos hicimos fotos...- a Cati y a María-José Santos, a Teresa Canals, a Laura Grèbol, a Francesc Mitjana, a Jordi Codina, a Miquel Taverna Homs, a Ignasi-Xavier Adiego... 
Gracias a todos -y a otros que no he mencionado, y a quienes he conocido personalmente este año- por vuestro afecto.  


Con Cecilia Colien Honegger


Con Merche Pallarés


Con Benet Casablancas, Albert Sardà y Armand Grèbol


Con Alejandro Civilotti, Josep Soler y Joan Cuscó


(Las fotografías son de mi hermano Álvaro, un experto en hacerlas por no querer salir en ellas...)

domingo, 6 de mayo de 2012

Una sorpresa

Esta tarde, en la Feria del Libro de Valladolid, una bonita anécdota: me habla una librera muy amable de un poemario y su autor, elogiando a ambos. Paso unas páginas y hay un poema dedicado a mí...

domingo, 15 de abril de 2012

Mi padre

En ocasiones es un objeto, una palabra o -tantas veces- una música la que actúa como un foco en la memoria: una luz que se abre paso en el silencio del olvido o en las tupidas redes que va tejiendo la tristeza. Y, de pronto, vuelve a nosotros algo que creíamos desaparecido para siempre. Y llega acompañado de una emoción nueva, de esa emoción que aporta cuanto hemos vivido desde entonces. Esa experiencia que se acumula en la memoria y, alternativamente, la alumbra o la cubre de polvo. 
El 14 de abril era el cumpleaños de mi padre. Ese día escuchábamos los discos que le habíamos regalado. "No ha salido ninguno flamenco", le decía a mi madre cuando le pedíamos que apagase o, por lo menos, bajara el volumen de unas bulerías cantadas por Manolo Caracol, "Porrinas" o "El Agujetas". Cantaba muy bien. Cantaba constantemente. Mientras trabajaba (lo mismo colocando una fachada que montando un panteón...: era marmolista), mientras conducía... en cualquier momento. Cantaba. Le oíamos llegar a casa un poco antes de que abriese la puerta. Él no podría imaginar cuánto echo de menos escucharle. Precisamente yo, que le cambiaba en el coche una cinta de Camarón por otra de Ligeti y me pasaba el día estudiando partituras contemporáneas. ("¿No puedes tocar a Chopin o a Falla, hijo?"). 
Lo que más añoramos de la vida son los momentos cotidianos. Esos momentos que no percibíamos, que parecían triviales; que eran, como respirar, inconscientes e indispensables. Es en esa atmósfera donde se aprenden las lecciones más importantes de la vida. 
Siento una infinita impotencia por no poder contarle tantas cosas que han sucedido en los últimos siete años, por saber que nunca conocerá a esas personas para mí esenciales de las que no llegó a saber nada, ni siquiera a sus nietos, a él, que le apasionaban los niños y besaba y abrazaba a cualquiera de los que veía. 
A pesar de todo, me consuela la certeza de que fue un hombre feliz. Disfrutó de todo con un extraordinario amor por la vida. Albert Sardà, en la dedicatoria de la pieza que compuso en su memoria, decía que su carácter estimulaba las ganas de vivir. Román Alís, Josep Soler y Francisco García Álvarez le dedicaron también piezas bellísimas. 
En Tierras de penumbra se dice que "el dolor de ahora es parte de la felicidad de entonces". Lo recordé en su entierro y lo recuerdo siempre. Si somos imprescindibles es únicamente gracias al amor. Sólo el amor nos hace únicos. Porque podemos sustituir todo, excepto lo que amamos.

Un beso, papá.

sábado, 31 de marzo de 2012

Hamburgo



He estado en Hamburgo del 22 al 26 de este mes. He dado un recital en el Piano Fest 2012 el día 24 (programa homenaje a Jordi Savall) y, el resto, he sido miembro del jurado en el Concurso Internacional de Piano Alfred Schnittke, junto a Brenno Ambrosini, Irina Schnittke, Carole Carniel y Reinhard Zender.
Gracias a todos ellos por su afecto y amabilidad; también, gracias a Isabel Navarro (Instituto Cervantes de Hamburgo) y a Holger Lampson (Alfred Schnittke Akademie International)


Con Brenno Ambrosini


Con Carole Carniel


Con Carme Fernández-Vidal


Con Irina Schnittke

sábado, 10 de marzo de 2012

sábado, 25 de febrero de 2012

París


El pasado martes hice en París un concierto-homenaje a Jordi Savall, donde estrené trece obras escritas para la ocasión en el Auditorio del Instituto Cervantes (mil gracias a Raquel Caleya y a Enrique Camacho)
Fue para mí muy emocionante contar con la presencia de Jordi, con su generosidad y afecto. También con el cariño incondicional de los tres compositores que asistieron al recital: Carme Fernández Vidal, Armand Grèbol y Albert Sardà.
Y, no hace falta decirlo, recordamos (en estricta etimología) a Montserrat Figueras.





jueves, 12 de enero de 2012

Teresa Catalán: de la vida y otras músicas


La Revista Internacional de Estudios Vascos publica un magnífico texto autobiográfico de Teresa Catalán. En él ha incluido unas palabras sobre algunas de nuestras colaboraciones, llenas de cariño y generosidad, como todo en ella.

viernes, 30 de diciembre de 2011

El fulgor de la ceniza

Ayer participé en la presentación de El fulgor de la ceniza, de Fernando Pizarro, que tuvo lugar en Medina de Rioseco:


Cada día de nuestra vida tiene una luz que viene del pasado. En ocasiones, como sucede con esas estrellas que han muerto pero aún nos iluminan, esa luz nos llega de personas y paisajes que ya no existen. La memoria es el camino que nos lleva hacia ellos. La memoria (igual que el amor, donde está el mundo entero, como en el poema de Heine) nos dice quiénes somos porque nos coloca en el lugar concreto desde el que miramos. Ese lugar, esa mirada, somos nosotros mismos.
Al abrir El fulgor de la ceniza podemos leer una frase de Novalis: “Toda ceniza es polen”. El pasado -esa ceniza- nos fecunda, como un polen esparcido por el deseo y la evocación constante, esa necesidad de sujetar el tiempo en las palabras, en esa idea de Virginia Woolf según la cual nada se produce, verdaderamente, hasta que no se escribe. Y es la escritura el modo de revivir ese latido, ese movimiento permanente que alienta el bullicio de la calle, o la impenetrable soledad del cementerio, descrito en esta obra y condensado por Joseph Roth al decir que “tenemos la patria donde están nuestros muertos”.
Fernando Pizarro ha escrito un libro sobre Medina de Rioseco. Pero, como él sabe mucho mejor que yo por su condición de magistrado, el testimonio es inseparable del testigo y, por ello, en cada página está su propia vida. Fernando nos muestra lo visto y lo sentido, apuntando siempre al fondo de lo humano: desde la emoción que habita en el silencio de la arquitectura, hasta el sufrimiento de los que aquí vivían durante la invasión francesa, poniendo ante nosotros, como escribió en un verso inolvidable, “esa parte del beso que no es el labio”.
No son únicamente piedras, bronces y maderas lo que ven sus ojos, sino el amor y el esfuerzo que los hizo posibles, el drama y la alegría que son ya sólo olvido. Por eso ha logrado un libro excepcional en el que no sólo está su vida y la de los personajes que menciona: también está la nuestra, agitándose entre las líneas, asintiendo ante la descripción del cine Omy o el Parque del Duque de Osuna; emocionándose ante el recuerdo del inolvidable Francisco Blanco, don Francisco, y el Colegio San Buenaventura; celebrando la prodigiosa belleza de la Capilla de los Benavente; disfrutando del paseo por la calle Mayor o el canal de Castilla. Y así nos damos cuenta, cada uno de los lectores, de tantas cosas compartidas sin saberlo, de todo eso que no tenemos que explicarnos, porque para nosotros todo, absolutamente todo en Medina de Rioseco, tiene un significado. Porque hemos visto las mismas procesiones, hemos sentido el mismo aroma mezclado de chopo y limonada en San Juan y hemos jugado juntos en las mismas calles; porque en el mismo altar se ha oficiado el entierro de muchas personas que amamos.
También por eso es tan emocionante para mí este libro: porque es necesaria una sensibilidad y un talento como los de Fernando Pizarro para hacernos partícipes a todos de lo que en principio es una experiencia singular: una prosa precisa, cincelada y, simultáneamente, poética y libre, siempre limpia y expresiva, ajena a los tópicos, conmovedora y rigurosa.
Fernando Pizarro retrata en su texto a un buen número de riosecanos, por diversas razones ilustres, como Ventura García Escobar, Benito Valencia Castañeda, Justo González Garrido o Galo Sánchez. Pero quiero terminar con los dos últimos nombres propios que figuran previos al epílogo de El fulgor de la ceniza. Los padres de Fernando Pizarro, Parmenia y Alberto. Ellos, y Alicia y Diego, mis padres, y los padres de cada uno de vosotros, son ese anclaje sin el cual la memoria es pura retórica. Ellos son los que hacen posible el regreso a otro tiempo, cuando la infancia era esa maravilla de la que aún no hemos sido capaces de recuperarnos, y dejábamos el aliento en los escaparates de Forito o El Capricho para ver los juguetes que ahora regalamos y así no perder del todo ese mundo que Fernando Pizarro ha retratado con tanta belleza en este libro.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

29 de octubre


Además de su ciclo en Barcelona, el compositor Albert Sardà (como siempre incansable y lleno de alegría) organiza conciertos en Tarragona, concretamente en la Iglesia de Ferrán, donde toqué el sábado.

Con Albert Sardà y Armand Grèbol

Con Laura Grèbol, Teresa Canals y Armand Grèbol

Un precioso Pleyel, propiedad de Albert

lunes, 31 de octubre de 2011

Lejos

Envejecer no es verte en el espejo / y hallarte las arrugas en el rostro: / hacerte viejo es ver los arañazos / que marcan a los seres que quisimos / y todo cuanto un día emocionaba / ahora ya del todo indiferente. / Las arrugas del alma son más hondas / que surcos en la piel. Mucho más blanca, / la nieve en la ilusión que en el cabello. / Aún la mano es fuerte, mas no encuentra / ya nada que los ojos ambicionen. // Envejecer es esto: / que muera el corazón sin que se pare.

lunes, 24 de octubre de 2011

Arte y crisis

El pasado jueves se inauguró, en la Casa de Cervantes, el nuevo curso de la Real Academia de Bellas Artes de Valladolid con una excelente y oportuna intervención de Javier Arribas: Arte y crisis.


Con Javier Arribas


Con Eloísa García de Wattenberg y Julia Ara Gil


Con Ángel Torío y su esposa