jueves, 30 de abril de 2009

Valladolid


El viernes di un concierto que llevaba por título Recordando a Ramón Barce. Decía Gustav Mahler que he el mejor modo de honrar a un compositor es interpretar su música.
Al terminar, mi alumna Luisa Vinuesa subió al escenario con unas flores que me enviaba Elena Martín, la inseparable compañera de Ramón.
Me encantaría que el acto hubiera sido como lo vio Fernando Manero desde su generosidad y cariño:


Ayer oi por vez primera tocar el piano a Diego Fernández Magdaleno. Coincidencias, viajes, situaciones diversas me lo habian impedido hasta ahora. Decidí, al fin, acudir a un concierto del ilustre pianista, nacido en la Tierra de Campos vallisoletana. Me apetecía disfrutar de un momento de satisfacción musical en una tarde relajada, tras un día de intenso trabajo. Siempre he deseado tocar el piano, pero, como el personaje de la película The Visitor (2007), he llegado tarde y ya no hay posibilidad de recuperar el tiempo que pude utilizar en esa tarea tan placentera.
Leal con sus amigos, Diego dedicó el concierto a la figura de Ramón Barce, recientemente fallecido, y de quien tantas veces ha hablado en su Las palabras del agua. Allí me presenté, y ésta es la sensación que tuve:


Suena el piano. El aire se detiene.
El silencio se transforma de repente
en sonidos que todo lo enriquecen.
La sala cambia de color y de sentido,
las aristas del espacio cobran otra dimensión
Ha llegado el momento de escuchar.
El deleite nos espera y lo esperamos todos.
Y escuchamos, asombrados,
lo que el piano transmite,
y que sabiamente Diego sabe transmitir.
Incesante, rotundo, decidido,
coherente, tierno a la vez.
Todas las actitudes se concilian en un rostro ensimismado,
que acostumbra a cuidar el detalle, a sentir cada tecla,
a crear expectación ante la nota que emerge y estalla.
Sin desfallecer, inagotables las manos.
Nos descubre la tenacidad y el empeño
que el artista ha de poner en la interpretación de la obra.
Nada queda al albur, nada a la improvisación,
todo está calculado,
porque así es la música.
Libertad creativa, disciplina para hacerla llegar
a un público entregado, que espera lo mejor,
mientras lo mejor le es entregado al fin.

lunes, 27 de abril de 2009

Razón y desencanto

Mi querida Isabel Huete ha escrito en su blog sobre Razón y desencanto:

Hace algunos días acabé de leer este delicioso libro de Diego Fernández Magdaleno. El título me enamoró desde el primer momento, cuando lo anunció en su blog y tuve claro que no me lo podía perder, de igual manera que cuando anunció su ¿penúltimo? concierto en Madrid, del que ya hablé en esta bitácora, y pude disfrutar como una enana de su interpretación al piano, quizá el instrumento musical que más me gusta y hubiese querido saber tocar desde mi juventud, pero me tuve que conformar con una guitarra porque en casa no había dinero para más pero, claro, al no ser lo que yo quería, rasgueé alguna vez sus cuerdas y después me olvidé de ella. También me hubiese querido convertir en escritora pero cuando me di cuenta de que tampoco llegaría a nada con ello, me dediqué a consolarme leyendo cuanto libro cayó en mis manos, lo cual sigo haciendo ahora cuando el tiempo me lo permite. Y entre esos libros me alegro que se encuentre el de Diego. Es curioso que a medida que lo iba leyendo algo me iba rondando la cabeza, algo que no sabía definir con claridad, algo que de alguna manera me "hablaba" y no sólo surgía de las palabras escritas sino que iba más allá. Fue al terminarlo cuando se mostró ese algo de forma rotunda: el libro de Diego me recordaba a una composición sinfónica para piano, no a una en especial sino a una muy particular en la que cada nueva entrada de su diario -porque de un diario se trata- se transformaba en la nota que iba construyendo las distintas partes de la sinfonía. Y esas partes son los tres años (2005-2006) por los que recorre sus días, días en los que siempre ocurre algo que deja su reflejo en el sentimiento, tal rico en matices, tan racional-irracional a veces, tan alegre otras, tan demoledor incluso. Cada fecha, cada nota, es un breve reflejo de lo mejor del día, la sustancia en la que se condensa lo realmente importante, eso que ha merecido la pena ser vivido y recordado. Lo he dicho en otras ocasiones: me encanta escuchar música pero no entiendo nada de ella, ni de la clásica ni de la moderna ni de la contemporánea; tan sólo sé si algo me gusta, me es indiferente o me resulta horripilante. No me pasa igual con los libros porque después de haber leído durante tantos años algo he aprendido, aunque reconozco que no siempre me gustan más los mejor escritos ni menos los que su temática no resulta demasiado emocionante. No es el caso de Razón y desencanto porque no sólo está bien escrito sino que, además, sus palabras musicadas te secuestran el interés desde el primer momento, te enseñan lo que es la verdadera dignidad y eleva la sencillez a la categoría de autenticidad. Diego repasa los aconteceres con la naturalidad de quien sabe que cada instante es como una flor fresca a la que hay que permitir desarrollarse, respirar su aroma y dejar morir para que crezca otra en su lugar. Las vivencias se entrelazan de tal manera que nos lleva paso a paso a sumergirnos en la gran sinfonía de la vida. Hoy es una reflexión serena sobre un hecho, un sentimiento o una duda; mañana un encuentro inesperado con alguien a quien se admira, una comida con amigos,una actividad familiar o un concierto programado en cualquier ciudad de las muchas en las que ha tocado; pasado mañana el comentario sobre un libro, un autor, un músico, una película o un acontecimiento político; al siguiente día, y muchos otros, el recuerdo de su padre, muerto en fechas no muy lejanas pero vivo en el sentimiento, añorado e imposible de apartar con subterfugios inútiles (¡qué fácil me ha resultado ponerme en su lugar en esta cuestión tras la muerte de mi madre!). Y así se van desgranando las notas, no sé si de esta sinfonía o de este poema sinfónico que es el fluir de su existencia. Me gustaría que esta torpe reseña animara a otros/as a leerlo porque se trata de todos nosotros, de lo que nos pasa y de lo que trasciende, de la razón y del sentir, de la plenitud y del desencanto. Para mí, una gozada.

domingo, 26 de abril de 2009

miércoles, 22 de abril de 2009

Jorge Wagensberg


Cualquier libro de Jorge Wagensberg es una fiesta para la inteligencia, una afirmación nueva del inagotable gozo de pensar. Desde hace años leo todo lo que Wagensberg publica: ideas a bordo de una escritura sintética e impecable. Dos de sus obras, Si la naturaleza es la respuesta ¿cuál era la pregunta? y A más como, menos por qué, me acompañan constantemente y tienen un lugar reservado en mi mesilla.
Javier Cuervo, parafraseándolo, resume: "A más Wagensberg, menos aburrimiento".

domingo, 19 de abril de 2009

Rita Levi-Montalcini


Publica El País una entrevista con Rita Levi-Montalcini, Premio Nobel de Medicina en 1986. El próximo miércoles cumplirá 100 años. Esplendorosos.

A la pregunta "¿cuánto desearía vivir?", Levi-Montalcini responde:

El tiempo que funcione el cerebro. Cuando por factores químicos pierda la capacidad de pensar, dejaré dicho en mi testamento biológico que quiero ser ayudada a dejar mi vida con dignidad. Puede pasar mañana o pasado mañana. Eso no es importante. Lo importante es vivir con serenidad, y pensar siempre con el hemisferio izquierdo, no con el derecho. Porque ése lleva a la Shoah, a la tragedia y a la miseria. Y puede suponer la extinción de la especie humana.

domingo, 12 de abril de 2009

Gran Torino


Tere y yo hemos ido al cine para ver Gran Torino, la nueva película de Clint Eastwood.
La crítica ha sido unánime en sus juicios positivos sobre ella. Esperábamos una película de calidad y no se han frustrado nuestras expectativas.

jueves, 9 de abril de 2009

Joaquim Garrigosa


Conocí a Joaquim Garrigosa en Tarrasa, cuando ambos formábamos parte del jurado en la IX edición del Concurso de Música de Cámara Montserrat Alavedra. Encontré en Quim un interlocutor inteligente y afectuoso, como pude comprobar de nuevo ayer, al recibirlo junto a su esposa en Medina de Rioseco. Una visita que me llena de alegría en estas horas ensombrecidas por una tristeza inesperada.

domingo, 5 de abril de 2009

Todas las mañanas del mundo son caminos sin retorno


He vuelto a ver Todas las mañanas del mundo, la película de Alain Corneau basada en la novela homónima de Pascal Quignard. Cuando se estrenó, la vi en el desaparecido Cine Groucho, de Valladolid. En esta ocasión, al terminar, he continuado con un extra que acompaña al DVD, dedicado a Jordi Savall, cuya decisiva función en la banda sonora de Todas las mañanas del mundo es de todos conocida. El documental dirigido por Didier Baussy-Oulianoff muestra las múltiples facetas de Savall, su labor investigadora e interpretativa de repertorios en muchos casos poco frecuentes, que ha divulgado con éxito por todo el mundo.