sábado, 6 de septiembre de 2008

Daniel Pennac

Leí hace años Como una novela, de Daniel Pennac, que incluye un magnífico decálogo de "los derechos imprescriptibles del lector". Hoy publica Babelia una entrevista a propósito de su nuevo libro, Mal de escuela. En un pasaje muy interesante se refiere a Alain Finkielkraut:

Estoy de acuerdo con casi todo lo que dice. Sus programas de radio son, muy a menudo, espléndidos, pero Finkielkraut tiene miedo, teme que la lengua francesa que él maneja con tanta precisión sea destruida por esos hijos de emigrantes que se expresan de manera aproximativa, en un argot lleno de interjecciones y guturalidades. Recuerdo a los pequeños calabreses con los que jugaba de niño. ¡Cuando era la hora de reclamar la merienda, de pronto, abandonaban su idiolecto! El argot de las barriadas es el lenguaje que hablan los pobres para hacerles creer a los ricos que les esconden algo. ¡Pero no tienen nada que esconder, como no sean pequeños negocios miserables y una enorme desesperación!

5 comentarios:

Fernando Manero dijo...

Confieso que no conocía nada de la obra de Pennac hasta que he leido el reportaje que le dedica Babelia el 6 de Septiembre. Me ha gustado lo que dice y ya he incluido su nuevo libro en mis lecturas previstas, a las que añadiré el que comentas. La selección que haces de la referencia a Finkielkraut me parece muy atinada. Elegantemente critica la actitud de ese sector de la intelectualidad francesa que en otro tiempo fue innovador y muy creativo y que hoy se refugia en sus propios miedos a todo lo que sea diferente, sin darse cuenta de que la diferencia es la razón de ser de nuestro mundo y sus desafíos. Un fuerte abrazo

Isabel dijo...

�Podr�a llamarse a esos miedos por lo "diferente",intolerancia, o no aceptaci�n a los cambios que son tan necesarios para convivir?.

emejota dijo...

Cuántas ganas le tengo a ese libro, Diego. A ver esta semana, entre compás y compás :)

Un abrazo

Isabel Huete dijo...

Las sociedades evolucionan, por unas causas o por otras, y sus lenguas también. Es inevitable que la inmigración la vaya transformando a medida que aumenta. Nunca pensamos (o ya hemos olvidado) lo que haríamos nosotros en su lugar. El miedo a la pérdida de la identidad, a ver tambalearse "lo nuestro" de toda la vida, conduce a la exclusión del otro, a marcar las diferencias y a la convivencia imposible. La lengua es una excusa, como tantas otras cosas, o una justificación.
Un tema muy interesante.
Un besote.

amador dijo...

Si ha existido un país donde la "intelectualidad" se había convertido en un bien del estado, conformando una élite, exigente y caprichosa en muchas ocasiones,pero con un incuestionable reconocimiento a su valía, ese a sido Francia. Esta élite comienza a verse amenazada por nuevas voces y nuevas letras. El conformismo, plegarse a los intereses políticos a uno y otro lado, la necesidad de mantener su status pese a la falta de propuestas de interés, conservar los privilegios palaciegos,... les aleja de una sociedad que se ha transformado profundamente en los últimos 40 años, que busca otros referentes, otros criterios y otros lenguajes.
Los cambios se producen siempre, saberse adaptar a ellos es labor de cada uno.